“Alexa, busca: ropas de fiestas típicas de Gáldar, Gran Canaria”. Al instante, la pantalla se llenó de fotos de personas vestidas con ropas de lo más variadas.
Estaba, de repente, sentado en clase junto a un joven idéntico a él. Era tal el parecido, que el profesor, acabada su presentación, les preguntó si eran hermanos. Ambos lo negaron.
Nadie pensó en saltarse el viaje, hacía mucho tiempo que habían comprado los billetes, y querían que el pequeño de la casa visitase el Loro Parque, y lo más económico era ir en barco desde Agaete.
Él sabía que su esposa y su madre no tenían una buena relación, se trataban lo justo, por eso, agradecía que se fuera cuando ésta venía. Desde que chocaron, su madre se apartó, nunca intentó ser un obstáculo en el matrimonio, no quería molestar.
Hoy, en su vejez, tenía una posición acomodada que en verano le permitía venirse a la verde Moya a disfrutar de parajes más frescos que el caluroso Madrid.
Buena parte de las vacaciones navideñas las gastaba Maruca en el otero, desde donde más claramente se veían los meandros del río salpicados de lavanderas y alimonarse en lontananza los melancólicos pinos del llano.
"...Mis intenciones son buenas. Yo soy viudo desde hace unos años. Tengo mis tierritas, unas cincuenta fanegadas, una gran casa en Guayadeque y otra en la playa del Burrero, y todo se lo ofrezco si usted quisiera compartir la vida conmigo..."
Se preguntó si con ella, hija del amor entre una madre israelita y un padre palestino asesinado por las balas de los soldados, la paz llegaría por fin a su pueblo.