Y con el tiempo, aquella promesa que una vez se hizo a sí misma, se hizo realidad, convirtiéndose en la profesora de infantil de la escuela más bonita del mundo: la suya.
Ahora el chapoteo me invita a parar, a recordar mi infancia, a recorrer cada uno de los rincones de mi mente en busca de su calidez, a acordarme de ella.
Situada en el corazón de la Toscana, sus calles empedradas serpentean entre murallas y casas de piedra que se asoman desde las colinas doradas bajo los rayos del sol.
"JG en la universidad seguía siendo un fijo de las lagunas mentales y del bocadillo de chorizo de Teror, allí conoció a MP, se enamoraron un catorce de febrero..."
Las palabras de su madre estimularon la imaginación del niño y poco después se vio a lomos de Bumba, en medio de la manada, todos dentro de la laguna, bebiendo, jugando con el agua.
Me observa con ternura y, sin decir una palabra, saca algo de su bolso: un trozo de carbón negro, sencillo, como los que a veces encontramos en la ceniza.
No utiliza anzuelos sino un ramillete de alambres de cobre en los que clava pequeños trozos de fruta: melocotón, manzana, mango y melón, con los que alimenta a sus adorados peces.
Ya acomodada en la mesita y con unas vistas inmejorables del paseo, se dispuso a disfrutar de su gin tonic mientras observaba el deambular de las transeúntes.
La casera dio gritos de ayuda. Los inquilinos de las otras habitaciones hicieron todo el esfuerzo por revivirlo, pero fracasaron en todos los intentos.
La boda se concertó para cuando ambos acabasen sus estudios universitarios, así que el encuentro en el que por fin se conocerían llegó nada más obtener la titulación.
Y es que, no hay sentimiento tan feo y corrosivo como la envidia. Es como una sombra que se alimenta de los logros ajenos vistos desde tu propia escasez.