¿Cómo va a llover, con el tiempo que hace? ¡Está bonito el sajorín! Y llovió, con mucha fuerza, destrozando por completo el material para la confección de escobas.
Ni una palabra más brotó de los labios de María Concepción. Fueron sus ojos llenos de lágrimas, hablando de arrepentimiento y de dolor, los que respondieron.
Allí, tan cerca, pero tan lejos, la casa, el alpendre, los terrenos de ceniza volcánica cultivados, y el único habitante afanado en las labores agrícolas bajo un sol de justicia.
Sin esperar respuesta ni pedir permiso, lo hacen. Se lanzan por la escalera hacia mí los dos primos del setenta y siete. Compiten, como siempre, a ver quién gana, a ver quién llega antes.
Le da la vuelta, y es como un minitelevisor. En él, una imagen. Parece que soy yo, con la cara desencajada, el pelo enredado y cubierto de pinocha. Y sangre, mucha sangre en el cuello y la camisa. ¡No lo entiendo!
"...soñó que se subía a un promontorio hecho de cantos de picón y que, ya en lo alto, sintiéndose en el cielo, dibujaba, con sus manos, nubes que estaban cargadas de agua..."
Están a punto de dar las doce, cuando entra a la plaza, mira el reloj, y en ese momento, antes de dar la primera campanada, se para. ¡Se paró el reloj!