La casera dio gritos de ayuda. Los inquilinos de las otras habitaciones hicieron todo el esfuerzo por revivirlo, pero fracasaron en todos los intentos.
La boda se concertó para cuando ambos acabasen sus estudios universitarios, así que el encuentro en el que por fin se conocerían llegó nada más obtener la titulación.
Y es que, no hay sentimiento tan feo y corrosivo como la envidia. Es como una sombra que se alimenta de los logros ajenos vistos desde tu propia escasez.
“Que nuestras raíces sean fuertes, porque las ramas siempre buscarán la luz, sin importar cuantas veces caigan las hojas”, pronunció por última vez bajo el Drago.
"“Paren de una vez”, gritó Axel con voz temblorosa. Tenía un nudo en el estómago y sentía miedo a las represalias, pero se sintió bien por defender a su compañera."
Y mientras él estuviera allí, los pasillos del hospital tendrían menos frío, menos miedo y más amor. No curaba cuerpos, pero sanaba almas y eso era todo un milagro.
Sólo una persona en todo el pueblo la había visto, la abuela del alcalde, la mujer más longeva de todas. Decía que se trataba de una mujer de rostro pálido, con un vestido largo, negro y sencillo.
Situada en el corazón de la Toscana, sus calles empedradas serpentean entre murallas y casas de piedra que se asoman desde las colinas doradas bajo los rayos del sol.
"JG en la universidad seguía siendo un fijo de las lagunas mentales y del bocadillo de chorizo de Teror, allí conoció a MP, se enamoraron un catorce de febrero..."
Las palabras de su madre estimularon la imaginación del niño y poco después se vio a lomos de Bumba, en medio de la manada, todos dentro de la laguna, bebiendo, jugando con el agua.
Me observa con ternura y, sin decir una palabra, saca algo de su bolso: un trozo de carbón negro, sencillo, como los que a veces encontramos en la ceniza.
Habían tenido esa especie de discusión como un millón de veces, y el resultado era siempre el mismo. Cada cual adoptaba su posición y no la abandonaba aunque el mismísimo mundo se viniese abajo.