"...disculpen la muletilla, que la calle no es la misma: no reconozco ni a las personas que por ella transitan ni su extraña forma de vestir. Son otros tiempos distintos a los míos."
Nunca pensé que me dedicaría a vigilar: es verdad que solo soy una imagen que viene del pasado, pero es mi pasado, donde todo se concebía más lento y de manera pausada y tranquila.
"...están valorados, sobremanera, los pimientos rojos en la tortilla de papas, las redes sociales, los móviles, las prisas y la inmediatez desmedida, las hipotecas..."
"...ventanas y balcones que pululan por la ciudad son, ciertamente, gratas y noveleras. Y no precisamente porque haya nadie mirando: ya nadie se asoma a los balcones ni a las ventanas...."
Perdonen que les dé la lata. Pero es lo único que me queda: hacerles caer en la cuenta, intentarlo al menos, de que hay otros caminos para expresar lo que mi ciudad significa.
De la misma manera que ya nadie pone los indicadores para avisar de distintas maniobras con el coche, la sociedad ha ido creciendo en “anormalidad suprema”.
Y valió mucho la pena y la generosidad clara que Enrique González Bethencourt, director y carnavalero andante de la “Fufa”, regalara el logo primero a “los Kika”.
Al recuperar las aceras y al sustanciarse la conversación real y directa, fuera de las pantallitas y de las redes sociales, se empezó a comprender que la existencia valía la pena.