El homenaje musical y poético a Pino Ojeda reunió a destacadas voces femeninas y músicos locales en un espectáculo que fusionó tradición, innovación y compromiso con la igualdad de género.
El festival Los Isleños en Luisiana celebra cinco décadas de resistencia cultural, reuniendo a descendientes y grupos folklóricos de Canarias para preservar la memoria, la lengua y las tradiciones isleñas frente a los desafíos del tiempo y la migración.
La Agrupación Lírica Agáldar ha sido pilar fundamental en la consolidación del Carnaval como símbolo de identidad y resistencia cultural, manteniendo viva la tradición musical durante cuatro décadas.
La reaparición del carnaval callejero en Las Palmas de Gran Canaria marcó el inicio de una nueva etapa festiva tras la dictadura, impulsada por colectivos ciudadanos y con un fuerte respaldo turístico y social.
La batata, traída de América y adaptada en la península ibérica y Canarias, se integró en la repostería festiva desde el siglo XVI, dando origen a dulces típicos navideños como las truchas y los borrachuelos.
Las publicaciones y libros recientes profundizan en la historia, el valor cultural y los desafíos de seguridad de las obras hidráulicas en Gran Canaria, con especial atención a la Presa de Chira y su impacto en la gestión del agua.
La historia y el valor patrimonial del pozo más profundo de Agaete, marcado por la promesa de Bartolo Sosa Falcón y la escasa documentación oficial sobre su relevancia industrial e hidráulica.
La lucha vecinal y la intervención de figuras clave como Baldomero Argente marcaron el proceso que permitió al municipio recuperar la gestión y propiedad de la emblemática fuente, consolidando su valor patrimonial y económico para Teror.
El templo de Teror fue distinguido como Basílica Menor en 1916 tras un proceso impulsado por el obispo Marquina y respaldado por la devoción popular y el arte religioso.
Originaria de México y Guatemala, la flor de Pascua fue introducida en Canarias a finales del siglo XIX, tras un largo recorrido histórico y cultural que incluyó su uso medicinal y ornamental en América y Europa.
Durante siglos, los habitantes de Teror enterraron a sus difuntos en el interior y los atrios de las iglesias, una práctica común en toda España que respondía tanto a creencias religiosas como a la jerarquía social.
La visita de Manuel Fraga en 1964 impulsó el reconocimiento oficial de las fiestas del Pino, marcando un hito en la promoción turística y cultural de Teror y el archipiélago canario.
La reconstrucción y mejora de la ermita fue posible gracias al esfuerzo colectivo y las aportaciones económicas de los vecinos, quienes asumieron los principales gastos y participaron activamente en la edificación y embellecimiento del templo a lo largo del siglo XVIII.