
Mi estimado amigo Suso Quesada, director de InfonorteDigital.com y compañero de docencia muchos años en el Instituto de La Aldea y copartícipe de tantos proyectos educativos de innovación pedagógica, viene desde hace tiempo insistiéndome en que “haga algo” relativo a aquel extraordinario contexto histórico que se vivió en Canarias en los años del gran cambio social que nos trajo la Transición Política española; un movimiento con mayúscula de cambio social, que propició, con otros tantos, la llegada y posterior consolidación de la Democracia española, en la segunda mitad de la década de los años setenta.
Recordamos con precisión cómo fue evolucionando aquel cambio social sobre todo en el meridiano de la década que coincidió con la muerte de Franco y el desmantelamiento progresivo de aquellas estructurales sociopolíticas y culturales. Mi papel entonces se enmarcaba como un docente más en variados niveles educativos: maestro de primaría y de educación de adultos, profesor de dibujo técnico en el cambio del célebre Colegio Libre Adoptado San Nicolás de Tolentino en transición hacia el Instituto de Secundaria; y, por otro lado, como corresponsal y colaborador de La Provincia y Diario de Las Palmas. Ello me situaba en una buena atalaya de observación del cambio social, sobre todo hacia la vertiente de la reivindicación, del estudio y difusión del Patrimonio Cultural, concepto que entonces se denominaba como Patrimonio Histórico, donde contenidos y praxis pedagógica de Arqueología descubridora de lo que ya entonces se titulaba como mundo aborigen, comenzaba a tener un fuerte impulso sobre todo entre escolares, estudiantes y juventud tan inquieta de entonces.
No fue fácil convencer a los poderes establecidos para que el cambio social avanzara, quizás por que quienes lo intentábamos no teníamos ni buen verbo ni fuerza de convencimiento para ello. No fue fácil... Y de ello suelo poner un ejemplo de propia experiencia cuando, en aquellos años del inicio de los años setenta, cumplíamos el servicio militar obligatorio, en el Arsenal de Las Palmas, en el cuerpo de Infantería de Marina, donde nos encontramos cuando regresamos de Cartagena, en abril de 1972, un proyecto casi en marcha, Primera Ola, una revista socio militar divulgativa, única en el Estado español, bajo la dirección del comandante Jackie Fernández Taibeh (†) y en la jefatura de redacción el periodista aruquense Pepe Henríquez Núñez-Ojeda, además de Alonso Urquía Jordán (†) como diseñador gráfico y Paco Barrera que entraba conmigo como dibujante. Allí se hablaba mucho de política, de lo que yo no entendía nada: Paco de sus correrías delante de los “Grises” (la policía nacional) y Alonso integrante de la entonces ilegal Comisiones Obreras que mil cuentos nos hacía de su experiencia en vivo de los “tiros” en los Sucesos de Sardina del Norte (Gáldar) ocurridos el 15 de septiembre de 1968, uno de los primeros hitos de la lucha obrera y antifranquista en Canarias, que dos o tres años después Alonso nos narraba con risas y fiestas pero que mucho miedo decía que pasó. Al comandante Jackie se la tenían guardada, tanto, que lo privaron de una oficina del Arsenal que hacía de redacción de Primera Ola y el mismo nos trasladó a su despacho, sala principal de oficiales; por donde solían pasar y hablar los oficiales con más sentido común. Y hablaban de política también porque el cambio estaba cerca. A uno de ellos, creo recordar que era el capitán Ortiz, se le ocurrió preparar un artículo de opinión de muy suave crítica a las vetustas Ordenanzas de Carlos III, un anacronismo social que no encajaba en aquel estado del cambio social (aún mantenía el uso obligatorio de las pelucas, por citar un ejemplo). Al capitán redactor le costó un duro arresto directo, in situ en Madrid y firme ante el general jefe de Infantería Marina. A Primera Ola, su cierre y a nosotros… vigilancia para caernos, al menor fallo, un castigo como a mí me sucedió, que por solicitar un pase per nocta me vino un arresto de 12 días por “hacer peticiones viciosas…”. Las Reales Ordenanzas de Carlos III fueron derogadas formalmente el 28 de diciembre de 1978.
Ya licenciado, después de un tranquilo servicio militar dedicado a la docencia con total apoyo de Baeza Morales (que terminamos sentados juntos en el almuerzo de despedida de 20 de junio de 1973) volvía a La Aldea, en un momento en que el cambio social también llegaba en aquella “década prodigiosa” musical y sociopolítica.
Recuerdo como en la Enseñanza de Adultos y luego en la EGB, tímidamente, se iban consolidando contenidos relativos al medio natural e histórico, una novedad, tenían una enorme receptividad en el alumnado. La “excursiones” tenían un objetivo claro: el estudio del medio natural y el histórico y en este, descubrir los restos de la sociedad aborigen. El Colegio Libre Adoptado (centro de segunda enseñanza fundado en 1954) se transforma hacia 1975 en Instituto de Bachillerato donde participamos, a tiempo parcial, en la docencia de dibujo técnico y artístico con nuestra ocurrencia, bendita que fue, de enseñar perspectivas y proyecciones, al aire libre. Y cómo aprendieron a aprender de forma tan sencilla y práctica.
En el orden social fue tiempo de las Semanas Culturales, que a la par se celebraban por todos los pueblos de la comarca, organizadas en este municipio en el Cine Nuevo hoy Centro Municipal de Cultura y en La Sociedad, donde el plato fuerte siempre era la historia de Canarias. Para ello solían venir los arqueólogos como Celso Martín de Guzmán de Gáldar o Mari Cruz Jiménez de Tenerife. También tuvo amplio margen expositivo la novedosa "Literatura canaria" donde teníamos un puntal como Eugenio Padorno director del Instituto que luego fue Gerardo Obrero otro profesor comprometido con el Cambio social en marcha acelerada.
Ese novedoso movimiento cultural permitió tanto que personas de la cultura entendieran y pusieran en valor con excavaciones varios yacimientos arqueológicos, que no eran desconocidos porque desde el siglo XIX y principios del XX ya habían sido estudiados, caso de Víctor Grau Bassas, en 1884 y Sebastián Sánchez Jiménez, en 1943-1946. Y que ahora en la mediana de los años setenta con la eclosión de la ciencia arqueológica tomaba otra dimensión sobre todo, cómo llegaba a una receptiva juventud por encontrar sus orígenes históricos.
A tal efecto, hacia 1975, llevamos a Mari Cruz Jiménez a "Los Caserones" y se entusiasmó con su equipo de Mari Carmen del Arco, para ejecutar varios planes de excavaciones con variadas publicaciones, que dieron el correspondiente valor a estos bienes, con la circunstancia de que permitieron que se llevara alumnado de los centros educativos a visitar e incluso a excavar, haciéndoles participes del saber, protección y puesta en valor del patrimonio cultural propio.
Pero la ubicación de varios de aquellos bienes patrimoniales históricos en territorio costero susceptible de la incipiente idea entonces, ya consolidado el cambio político, de urbanizaciones turísticas generó, a partir de 1980, intensos debates, que solo con la fuerza de la razón se fue logrando declaraciones protectoras como bienes de interés cultural. Sobre todo según se implanta el régimen político autonómico canario y el gran cambio de la Ley Orgánica del Sistema Educativo de 1990.
Hoy están declarados oficialmente dos Bienes de Interés Cultural: el de Los Caserones como zona arqueológica y el de El Charco donde se complementan elementos de sitio etnográfico histórico intangible como lo es la Fiesta del Charco y los valores del humedal del Charco, sobre los cuales hay buenas referencias bibliográficas, pero aún faltan actuaciones de protección, estudio, conservación y exposición. Además se dispone del Centro de Interpretación de Los Caserones aún en una fase inicial expositiva y muy necesitada de atención con nuevos contenidos. Pero para completar la mejora de este espacio, y convertirlo en una zona de referencia cultural indígena de primer orden en Canaria, es necesario adquirir el terreno anexo, al precio justo, tanto el cercano al Parque y El Charco como los de la parte de arriba de Los Caserones.
Y así con tantos otros lugares de valor patrimonial histórico necesitados de protección, porque el de paisajístico es otra, debe mantenerse el ideal protector que tantos han sostenido a lo largo del tiempo y que en peligro están aún. Y comprender aquel cambio social iniciado en los años setenta, medio siglo atrás, para ayudarnos a analizar bien la dinámica del progreso social y económico como binomio inseparable donde siempre brillen sobre los demás, los valores humanos, no se pierda la Memoria del Lugar y se deje un buen legado cultural y paisajístico.
Francisco Suárez Moreno
Cronista Oficial de La Aldea de San Nicolás































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