Las cruces y su significación en Agaete [Gran Canaria] Toponimia, emplazamiento y tipología de las cruces

Las cruces han marcado la geografía, la memoria y las tradiciones de Agaete, siendo testigos de celebraciones religiosas y acontecimientos históricos a lo largo de los siglos.

Antonio J. Cruz y Saavedra Jueves, 30 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:

«En la cruz está la vida y el consuelo…»

Santa Teresa

 

En Agaete, como en todos los pueblos, se levantaron cruces «conmemorativas», de vía crucis, cruces que sirvieron de descansaderos a las comitivas fúnebres y las cruces de término. Tradicionalmente, las cruces se ubicaron también en los puntos más altos de las iglesias, en las ermitas, en los oratorios particulares, en el campo santo y en las casas de oración.

 

Desde hace siglos, en la toponimia local se citan los términos de la Cruz Chiquita; la calle de La Cruz [el Beneficiado José Luxán de Betancourt, poseía el 7 de abril de 1793 una casa en la calle La Cruz]; el promontorio de La Cruz, la ladera de La Cruz [el licenciado Juan Verde de Aguilar, vecino de Gáldar, el 5 de septiembre de 1719, era propietario de tierras labradías y montuosas en la ladera de La Cruz, con tres días de agua de los Sauces y Artaso]; el Lomo de La Cruz, la Cruz del Valle, la Cruz de la Imagen y el Bocado de la Cruz [en el camino Real desde el valle a Barranco Hondo de Gáldar y Artenara], la Cruz de Tea, la Cruz de la Cañadita, la Cruz del Tabaibal y la Cueva de la Cruz del Tabaibal [camino Real desde Agaete a San Nicolás de Tolentino, en El Risco], que dieron nombre a esos lugares, sirvieron de referencia en los protocolos notariales y se perpetuaron en el ideario y en la memoria colectiva de los vecinos de este municipio.

 

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Las Cruces Conmemorativas en Agaete son de gran tamaño, están confeccionadas todas en madera y su aspecto y acabado sobrio. La primera cruz conmemorativa de la que tenemos noticia se levantó en El Roque de Las Nieves, la llamada Santa «Cruz del Siglo», que fue erigida por el Ayuntamiento para conmemorar la entrada del siglo xx, siguiendo las recomendaciones del Papa León xiii en 1899, para que en los lugares más elevados de los pueblos se levantaran para rememorar la llegada de la nueva centuria. Por ello, la Corporación Municipal acordaba colocar en el basamento dos lápidas de mármol, una con los nombres del Papa León xiii, el obispo de la Diócesis José Cueto Díez de la Maza y el cura párroco Juan Valls y Roca; y en la otra lápida los del rey Alfonso xiii, el Alcalde Matías Ramos Ponce y el juez municipal Graciliano Ramos Medina. Festejándose el nuevo siglo con un repique de campanas a las doce de la noche, cañonazos y grandes hogueras en El Roque de Las Nieves y en Tamadaba. Oficiándose a continuación la solemne función, el sermón y la procesión claustral, cantándose las últimas estrofas del himno eucarístico acostumbrado durante la adoración del Santísimo Sacramento, acompañando en el armonio Sebastián Petit y Ramón [médico] y en la canturía José Sánchez y Sánchez [maestro nacional] y Santiago Armas Medina.

 

Sobre este asunto, el Alcalde Manuel Álamo Sosa, en respuesta al escrito del Gobernador Civil de 17 de marzo de 1944, solicitándole el censo de las «cruces de término» y de aquellas con una antigüedad demostrada, le remitía un oficio de 21 de marzo en el que le especificaba que de las dos cruces que existieron en este término municipal, una de ellas se conservaba en el Roque de Las Nieves, de la que solamente quedaba el madero central, casi derruido. Significando que dicha cruz había sido colocada por los vecinos en 1900, en conmemoración y despedida del pasado siglo [del siglo xix]1.

 

El Boletín Oficial del Estado [núm. 41, p. 1.193], publicaba la Orden de 5 de febrero de 1944 dando a conocer las normas para la reconstrucción de las «cruces de término», una vez valoradas por una Junta Nacional creada al efecto, adjuntando un registro de las cruces destruidas en la segunda república. En cumplimento con la citada Orden, el Ministerio de la Gobernación, a través de la Dirección General de la Administración Local, comunicaba a los Gobernadores Civiles el 7 de marzo de 1944 el requerimiento del censo solicitado por el Ministerio de Justicia de la que era ministro Eduardo Aunós Pérez.

 

De las placas conmemorativas no hay constancia, no sabemos si se colocaron o pasaron a formar parte del patrimonio ajeno. En cuanto al Dr. Sebastián Petit y Ramón, fue el primer médico titular de Atención Pública Domiciliaria de Agaete, ocupando en repetidas ocasiones la vocalía de bibliotecario y la vicepresidencia de la Sociedad La Luz. El Dr. Petit y Ramón fue uno de esos médicos de pueblo que tanto bien hizo por sus vecinos, integrándose plenamente en el Agaete de principios del siglo pasado. Había nacido en 1851 en Vilagrasa [Lérida], siendo hijo de Sebastián Petit y Margarita Ramón, naturales de Montroig [Tarragona]. Casando en primeras nupcias con Rosario Vallbona, natural de Barcelona, matrimonio del que nació su hijo Sebastián Petit Vallbona; y en segundas con Francisca Merino, natural de Logroño y vecina de Barcelona, del que no tuvieron descendencia. En este pueblo el matrimonio y su hijo residieron en la calle Concepción, donde falleció a las diez de la mañana del 10 de marzo de 1911 a los 60 años de edad. Siendo enterrado en el cementerio de Agaete, en el único mausoleo que se conserva en el campo santo. Fue un médico que permaneció en la historia y en el recuerdo de los agaetenses de la centuria pasada [ver el trabajo: «La Atención Primaria Domiciliaria en Agaete, 1886-1960: Médicos, Practicantes y matronas», en Infonortedigital.com. (Gáldar 2025)].

 

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Otra de las cruces conmemorativas se levantó en el promontorio de Las Peñas o en el llamado Gurugú, en las inmediaciones del legendario camino de San Francisco, que tanto transitaron los religiosos del convento de San Antonio de Padua de Gáldar para oficiar en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción. Esta cruz, la de Las Peñas, fue considerada por el Cronista Oficial Sebastián Sosa como la Cruz del Siglo. Si se quiere, más confusión si cabe cuando el Alcalde Manuel Álamo Sosa, el 21 de marzo de 1944, le especificaba al Gobernador Civil de la provincia que no existían cruces de término propiamente dichas, pero que existía una cruz en Cueva Blanca, sobre Las Peñas, que fue puesta al término de unas misiones que tuvieron lugar en la parroquia hacía más de treinta años.

 

Lo cierto es que el término de Las Peñas se generalizó a todo lo que es el camino/calle de San Francisco, y en su origen el promontorio era blanquecino por la gran concentración de caliche [carbonato de calcio], pero el término de Cueva Blanca, donde se encuentra la cantera de cantos blancos, está muy distante de este punto de referencia. No existe documentación al respecto y desconocemos la misión que visitó este municipio en la primera década del siglo pasado. También puede ser que el Alcalde Manuel Álamo Sosa se refiera a la Santa Misión de 23 de mayo de 1926, errando en el cálculo de los años transcurridos. De ser así, justificaría que esta cruz se erigió poco después de la consagración del municipio al Sagrado Corazón de Jesús. Consagración que tuvo lugar en el mes de mayo de 1926, como hemos referido, y que el importe de los gastos ocasionados con motivo de la coronación de este ayuntamiento al Sagrado Corazón de Jesús se verificó con cargo al capítulo de imprevistos por no haber consignación. Dando origen posteriormente a la celebración en el mes de junio los festejos en torno a este hecho, contribuyendo siempre la municipalidad con el importe de los gastos de la celebración de la festividad del Sagrado Corazón de Jesús para contribuir con los actos programados. Siendo presidenta del «apostolado de la oración» de esta villa desde 1954 a 1961 doña Rosario Álamo Quintana; y de secretaria en 1963 doña Ciprina Rodríguez Martín.

 

[Img #39129]

En la imagen, festejos del Sagrado Corazón de Jesús en el pórtico de la parroquia

de Nuestra Señora de la Concepción de Agaete. Foto archivo familia de Armas

Fotógrafo y fecha desconocidos, pero antes de 1951

 

Recordar que en lo alto de esta «fortaleza natural», la municipalidad habilitó en su momento la obra adecuada de albañilería para emplazar dos cañones; cañones que contribuyeron con la tradición, el simbolismo, la belleza y la plasticidad de las fiestas de la Virgen de Las Nieves. Los cañones –para la gente del pueblo– eran dos «culebrinas» de 1,50 metros aproximadamente, con boca de carga estrecha y ranura para la mecha, que los artilleros o señores de Las Peñas llenaban desde las 12 del mediodía del 25 de julio hasta que la Virgen de Las Nieves emprendía el camino de retorno hacia su santuario el día 17 de agosto como era costumbre.

 

De 21 de julio de 1866 son los dos cañones y las dos cureñas de hierro que adquirió Antonio de Armas Jiménez en Londres [Gran Bretaña], con el pretexto de institucionalizar las salvas, habida cuenta del esplendor que las fiestas habían adquirido desde que el patronazgo de dicha institución, desde el primer tercio del siglo xix, estaba a cargo de la familia de Armas. Con todo, aquellos cañoncillos fueron reemplazados, dando cuenta el pleno celebrado el 27 de junio de 1957, de la compra de dos culebrinas por un valor de 4.000 pesetas [ver el trabajo: «Cañones y culebrinas: el Gurugú y Las Peñas. Tradición, simbolismo, belleza y plasticidad de las fiestas de la Virgen de Las Nieves». En Infonortedigital.com (Gáldar, 2013 y 2025)].

 

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También, en el Roque de la Escalera [valle de Agaete], se erigió otra de las cruces conmemorativas, que según opinión –crucesgc.blogspot.com– fue poco después de la consagración del municipio al Sagrado Corazón de Jesús el 23 de mayo de 1926, en tiempos del Alcalde Matías García Martín; librándose el 30 de noviembre de 1926, al Cabo de la Guardia Municipal Pedro Jiménez Díaz, 95,50 pesetas por los gastos ocasionados con cargo al capítulo de imprevistos por no haber consignación. Y, aunque en El Valle no procesionó la imagen del Corazón de Jesús, uno de los Reverendos Padres de la Compañía de Jesús a cargo de la llamada Santa Misión, el Padre Manuel María Menchaca, se trasladó a San Pedro, llevando a cabo durante su estancia lo que por entonces se entendía por enseñanza moral y religiosa a los niños y niñas.

 

De 27 de junio de 1954 es el acuerdo adoptado en el pleno municipal, de entregar un donativo de 200 pesetas al cura ecónomo de la parroquia de San Pedro Blas Sosa García, para atender los gastos de la Santa Misión en el valle, importe que se le hacía efectivo el 30 de septiembre.

 

Para una referencia sobre el asunto, el 25 de mayo de 1899, el Papa León xiii promulgaba la Encíclica Annum Sacrum, en la que anunciaba la consagración de todo el género humano al «Sagrado Corazón de Jesús». Mientras que la adquisición y la bendición de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, la documentación refiere que cuando llegó al puerto de Las Nieves fue trasladada a la ermita, donde se celebró la tarde del sábado día, 17 de octubre de 1914, una misa a cargo del arcipreste y párroco de Gáldar Domingo Hernández Romero, saliendo en procesión hacia el templo parroquial donde fue recibida con fuegos artificiales, bengalas y voladores, procediéndose luego al rezo del santo rosario y al sermón. Elogiando todos los asistentes al párroco Virgilio Quesada Saavedra por el esplendor y la organización de los actos.

 

La imagen del Corazón de Jesús ocupó un nicho de la nave del evangelio, hasta que fue trasladada a la hornacina central del retablo adquirido por Juan Valls y Roca en 1901, desplazando a la imagen titular la Virgen del Rosario. La imagen fue inventariada el 18 de noviembre de 1918 por el cura ecónomo, anotando que era una talla de 161 cms en su altar, con dos jarrones dorados de plata Meneses regalados por Leonor Ramos Armas, esposa de Tomás Morales Castellano, en 1915.

 

Como se dijo, la devoción al Corazón de Jesús en Agaete adquirió gran devoción y esplendor, colaborando el ayuntamiento con una subvención anual de 100 pesetas para contribuir con los gastos ocasionados con motivo de la celebración de su festividad; constituyéndose en torno al Santísimo Corazón de Jesús el «Apostolado de la Oración», de la que fue su presidenta en 1954 Rosario Álamo Quintana [propietaria], cargo que ostentó hasta bien entrado los años sesenta, ejerciendo en la secretaría del apostolado doña Cipriana Rodríguez Martín [maestra]. Siendo el importe del donativo en 1963 de 400 pesetas.

 

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El llamado «puente alto», obra de ingeniería de Juan de León y Castillo, de la segunda mitad del siglo xix. En realidad más que un puente es una tajea, diseñado para desaguar el cauce de un barranquillo. Fotografía de Antonio J. Cruz y Saavedra, 2020

 

En la fachada de la parroquia matriz de Nuestra Señora de la Concepción hay otra «Cruz grande conmemorativa», que se adosó a la pilastra de la nave de la epístola en recuerdo a la peregrinación de la Virgen de Fátima a este pueblo y su valle en diciembre de 1951, durante el ministerio del párroco Manuel Alonso Luján. Se trata de una cruz de madera sobria de medianas proporciones, con los tres clavos de la pasión de Jesucristo y cuatro ráfagas de rayos de luz en la intercepción de los brazos. Al pie de la cruz, una placa rectangular de mármol blanco maltratado por el paso del tiempo, rememora el acontecimiento, a la que se consideró también llamar Santa Misión, que tuvo lugar desde el 9 al 19 de diciembre de 1951. En la placa se lee:

 

«RECUERDO

DE LA SANTA MISION EN AGAETE

VBLE CURA PARROCO

D. MANUEL ALONSO LUJÁN

R.R.P.P. JOSÉ URANGA Y VICENTE OZAETA S.J.

9-16-XII-1951»

 

Los actos organizados en torno a la llamada Santa Misión, formaron parte de los eventos religiosos organizados en honor a la patrona de la villa Nuestra Señora la Inmaculada Concepción. Eventos que presidieron los Reverendos Padres Misioneros de la Compañía de Jesús José Uranga y Vicente Ozaeta, que fueron recibidos el domingo día 9 de diciembre a las 5,30 de la tarde en el llamado Puente Alto [a la entrada a la villa] por las autoridades en procesión con el Santo Cristo, para posteriormente trasladarse al santuario de Las Nieves, procesionando luego la Virgen de Las Nieves hasta la parroquia, a pesar de que no era su festividad. El domingo 16 de diciembre a las 5 de la tarde, en un escenario engalanado con banderas, arcos y follajes, la Virgen de Las Nieves, junto a las autoridades locales, los niños del grupo escolar, la banda de música y los vecinos daban la bienvenida en el Puente Alto a la Virgen de Fátima. Recorriendo la Virgen peregrina durante su estancia en la villa todas las calles y barrios de la localidad, marchando con destino a La Aldea el día 19, con parada breve en Guayedra y en El Risco [Agaete], caserío donde se trasladaron los niños de las escuelas en la camioneta de Cristóbal Rosario García para acompañar a la Virgen en su despedida. Con motivo de la Santa Misión de Nuestra Señora de Fátima a esta Villa, la corporación municipal destinó 1.698,6 pesetas, en concepto de traslado de las autoridades y a los escolares al valle y al Risco, y contribuir a subsanar el déficit de los gastos ocasionados a la parroquia durante la visita, haciendo efectivo el último de los pagos derivados el 16 de julio de 1952.

 

[Img #39130]

Virgen de Fátima y los niños Lucía, Francisco y Jacinta. En la hornacina de la nave

del evangelio de la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción

Fotografía de Benjamín Armas Peña

 

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Las cruces pequeñas sirvieron de parada momentánea de los entierros de los caseríos más alejados hasta el lugar del descanso eterno, el cementerio católico de 1811, las llamadas «cruces de decesos». En el camino vecinal desde la Cruz Chiquita hasta San Pedro [hoy carretera], desde muy antiguo los vecinos levantaron cruces en los lugares conocidos por la Cruz Chiquita, Chapín y Las Suertes, que según se cuenta fueron arrancadas salvajemente la noche del 3 de febrero de 1915 por unos desaprensivos por motivos ideológicos. También, en Las Chisqueras y en La Palmita –en las inmediaciones del camino Real del Risco–, se levantaron pequeñas cruces para el descanso de los porteadores y del cortejo fúnebre. Al parecer, existió otra cruz pequeña entre Los Berrazales y el Lomo de San Pedro, desgraciadamente hoy desaparecida.

 

Como tal, eran cruces pequeñas, de madera y muy sencillas, con un basamento rústico de piedras medianas sueltas y sin argamasa.

 

Sobre estas cruces pequeñas afirmaba el Alcalde Manuel Álamo Sosa, en el escrito remitido al Gobernador Civil el 21 de marzo de 1944, que solamente existía dos cruces, la del Roque de Las Nieves como se dijo, y la ubicada en el lugar donde llamaban La Cruz Chiquita, a la salida del pueblo, con dirección a Los Berrazales, de la que se ignora las causas y motivos de su instalación, sabiéndose únicamente que desde antiguo descansaban los cadáveres de las personas que morían en los barrios, para enterrarlas o darles sepultura en el cementerio católico. Tal afirmación denota el desconocimiento del alcalde, de los agentes y de los distintos conductos de los que se valió para las averiguaciones practicadas. La referencia más antigua que poseemos refiere a Beatriz González, que poseía en 1694 una finca en el barranquillo que venía de la Cruz Chiquita. En este término municipal había más cruces, que no estuvieron inventariadas.

 

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En la «calle San Germán» y sobre una piedra grande –la piedra grande– hincada verticalmente, los vecinos horadaron la roca y colocaron también una pequeña Cruz de madera. Cruz de madera que nunca tuvo un fin de descansadero para las comitivas fúnebres por la proximidad de este caserío con la parroquia y porque la calle San Germán no era un lugar tradicional de entrada al casco urbano de los entierros por esta zona. Pensamos [como se ha dicho] que no se levantó por el «crimen» que tuvo lugar el 30 de mayo de 1904 en esta calle [ver trabajo: «La histórica calle San Germán y la cruz pequeña de la piedra grande, en Agaete». En Infonortedigital.com (Gáldar, 2026)]. Como tampoco, según algunos testimonios consultados, que apuntan a que fue colocada en recuerdo a uno de los desaparecidos el 4 de abril de 1937. De manera porque ninguno de los desaparecidos en el casco residía en esta calle, y porque resulta ciertamente extraño que con el nuevo orden político se permitiera la significación de un hecho que de por todas se intentó ocultar o al menos que no trascendiera con una visibilidad tan notoria, salvo que se enmascarara el objetivo de la misma. En su defecto, porque las familias de los combatientes fallecidos del bando nacional residente en esta calle, así lo quisieron. Asunto este que no lo hemos podido verificar a pesar de las indagaciones llevadas a cabo en el Archivo Municipal. Por ello, todo apunta a que los vecinos de la calle San Germán quisieron perpetuar en la memoria el temporal acaecido aquella trágica noche del 19 de enero de 1896, para dar las gracias por salvar sus vidas, sus viviendas y sus propiedades.

 

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Las cruces pequeñas las encontramos también en las «casas de oración» y en el «campo santo». En cuanto al cementerio católico de Agaete, debemos precisar que desde 1811 se había elegido una parcela para ubicar el campo santo, dando fiel cumplimento a la Real Cédula de 3 de abril de 1787, que recogía la preocupación gubernamental por crear cementerios que sustituyeran los enterramientos practicados en iglesias y conventos; aunque éste no adquirió forma definitiva hasta 1819. Aún así, en 1863 su estado era de completo abandono, apenas sin resguardar y el debido decoro, teniendo previsto la corporación presidida por Antonio de Armas Jiménez levantar un cementerio en buenas condiciones. Que para dignificar el lugar, encargaba al maestro de obras Francisco de la Torre y Sarmiento [autor de los planos de la parroquia matriz de la Concepción y del depósito de avituallamiento en Las Nieves], el proyecto de reedificación del cementerio, con la observancia de que el edificio que se proyectaba realizar debía tener una fachada sencilla y elegante y la capilla al fondo del campo santo.

 

Con ello se daba respuesta a la postura «burguesa» ante la muerte, ubicando los cementerios en zonas aisladas y ventosas. El cementerio de Agaete siempre fue católico, salvo en la II República. Así, el 22 de agosto 1909, una comunicación de la Alcaldía de Agaete recogía el acuerdo adoptado por la corporación declarando que el cementerio de la villa era propiedad de la parroquia. Cementerio que se encontraba en estado ruinoso, que después de las obras realizadas en tiempos del párroco Virgilio Quesada Saavedra, fue bendecido el 7 de agosto de 1914, quedando la obra perimetrada, la fachada y las dependencias que conocemos en la actualidad, salvo el osario y el habitáculo donde se enterraba a los «no neonatos», que han sido reutilizadas. Contando en 1928 con una superficie de 1.888 m2, lindando por todos los lados con terrenos propios, estando valorado en 5.000 pesetas, por la que se tributaba 125 pesetas anuales. Emplazándose dos cruces, una en el frontón de la puerta principal y otra en el frontispicio de la antigua capilla del último adiós a los difuntos.

 

También, en la ermita de la Hacienda de Las Longueras, en la llamada «casa roja», hay otra cruz pequeña en el remate de la fachada. Ermita que, el 14 de septiembre de 1900, el párroco Juan Valls y Roca exhortaba a la secretaría del obispado, para que se le concediera la licencia o el indulto para el oratorio privado a favor de Sebastiana y de Luisa Manrique de Lara y Manrique de Lara en la finca de Las Longueras, debido a su avanzada edad y quebrantada salud de las dueñas. Comisionando el 18 de octubre el obispado al cura ecónomo para que visitara el local donde se quería instalar la capilla, con la observancia de que estuviera separada de los servicios domésticos, bien decorada y con los ornamentos religiosos necesarios. Al día siguiente el párroco Juan Valls y Roca daba el visto bueno al cumplir con los requisitos requeridos por el prelado. Ostentando en 1928 la propiedad de la hacienda Francisco Manrique de Lara y Massieu.

 

Hay cruces pequeñas en la ermita santuario de la Virgen de Las Nieves, localizadas en el frontón de la fachada y en el remate de las dos veletas emplazadas sobre las cupulillas rojas. La parroquia de San Pedro Apóstol y la ermita de Santa Teresita del Niño Jesús, en el caserío troglodita de El Hornillo, hay sendas cruces pequeñas. Caso extraño el de la ermita de San Sebastián, en lo alto de su pequeña espadaña no recordamos la presencia de ninguna cruz.

 

Asimismo, en la casa de oración del antiguo Hotel La Salud, en Los Berrazales, se colocó una Cruz en la parte superior del tejado a dos aguas. Lo cierto fue que la fábrica parroquial poseía una finca en el llamado Lomito del Horno de Cal y en el Lomo de las Trigueras, con una extensión de 115 metros de largo por 20 de ancho –2.300 m2–, que fue donado a la parroquia por Alonso de Medina el 30 de marzo de 1767. Allí se levantó en 1922, a escasa distancia del manantial del agua agria, el primer establecimiento hotelero: el Hotel La Salud. Terrenos que en 1928 estaban inscritos a nombre de Miguel Quesada Saavedra [propietario de Tipografías el Norte], el párroco Juan Hernández Quintana y el empresario Francisco Ramos Medina, con una superficie de 1.053 m2, valorado en 50.000 pesetas y por el que tributaban los propietarios 1.000 pesetas anualmente. Dentro de la diversidad de espacios que disponía el establecimiento, se levantó una capilla. Capilla que en tiempos de la II República y atendiendo a la variopinta identidad de los veraneantes y enfermos, así como a la libertad de culto que recogía la constitución republicana, el oratorio estaba disponible a todas las «confesiones religiosas».

 

Sin embargo, la cruz más antigua documentada, la llamada la Cruz Nueva, fue la que mandó erigir en la plaza de La Constitución el cura Miguel Fernández Bello. Lo sabemos por el testamento de Juana de Medina, viuda de Bartolomé Matías, que otorgó ante el escribano público Juan Ruiz de Miranda el 15 de octubre de 1760, en la que dejó por escrito que se le dijera una misa rezada por su alma a San Juan Bautista, dotándola con 3 reales que impuso sobre una casa que poseía en la plaza en el lado que hacía frontera a la Cruz Nueva que hizo levantar el Reverendo Beneficiado Miguel Fernández Bello, y que debían pagar sus hijos Valentín y Salvador Matías.

 

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Cruces de descansadero. Hay otras cruces de dudosa filiación, bien porque están al borde de la carretera, en escarpes y precipicios, al margen de los caminos históricos, o bien porque están muy próximas al núcleo urbano o al campo santo, por lo que no se deberían considerar a éstas como cruces que sirvieron de descansadero a los cortejos fúnebres; siendo mejor como algunos apuntan, llamarlas cruces de decesos. Lamentablemente, desde el Lomo del Manco hasta El Risco hay episodios luctuosos de desriscados y accidentes mortales, como el que ocurrió el 27 de julio de 1937 en Guayedra o años después en el Barranco de Segura, 1949 y 1952 [después de la desgracia se coloca una cruz o una lápida, costumbre que continua en el tiempo]. Cruces por otra parte que han sido estudiadas y señalizadas en una ilustración por el Cronista Oficial de La Aldea [Gran Canaria].

 

También hay cruces llamadas de «particulares», que se colocaron como promesa o para recordar a alguien; es el caso de la llamada «Cruz de Santiaguito», en las inmediaciones de la «Piedra Grande», en el camino que conduce a la cantera de «Cueva Blanca».

 

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Otras cruces: de vía crucis y Cruces de Término. Las cruces de vía crucis no están documentadas como en otros cascos históricos, y las llamadas Cruces de Término se desconocen en este municipio, ya que el deslinde entre los municipios colindantes [Gáldar y Artenara] refieren a cauces de barrancos, vertientes y divisorias de lomos como límites. De cualquier manera, todas estas cruces bien merecen un mantenimiento anual, además de reponer aquellas que ya no existen, porque forman parte de nuestro patrimonio inmaterial y de la memoria colectiva de este pueblo.

 

En definitiva, cruces, sobre todo las localizadas a pie de carreteras y caminos, que deben protegerse de posibles intervenciones, declarándolas como bien cultural a proteger en el ámbito local. De la misma manera, se deben restaurar y en algunas reponer aquellas cruces de descansadero que han desaparecido [en el camino real de Agaete al Risco]; así como un mantenimiento anual obligatorio de todo este patrimonio por parte de las instituciones municipales.

 

 

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ANEXO FOTOGÁFICO PINCHANDO SOBRE LA SIGUIENTE IMAGEN

 

 

Antonio J. Cruz y Saavedra

Licenciado en Historia del Arte

Profesor Catedrático de Enseñanza Secundaria [Jubilado]

Universidad de La Laguna [Tenerife]

 

1 Ver crucesgc.blogspot.com, de Manuel J. Sancho Soriano.

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