La campaña

Opinion

leonilocartel2015Entretienen con sus gorjeos, en ocasiones indolentes, contemplando a quienes suponen fieles votantes. Suelen adecuar su discurso, con aparente probada eficacia, al oído melifluo de quienes les siguen enfervorizados. En ocasiones intentan recolectar adhesiones inquebrantables en nuevos caladeros, con desigual eficacia casi siempre. Escucharlos, con detenida atención, suele representar un riesgo. El riesgo de sentir cómo insultan tu inteligencia. No con intención malévola, ni mucho menos, sino por el simple hecho de considerar sublime la propia.

El discurso, de uno u otro modo, se suele volver genérico –más si cabe–, sin entrar en detalle o concreción alguna. Si así actuasen, estableciendo concreciones en contadas oportunidades, lo sería para destacar sus bondades entre las maldades de la parte contraria. Lo peor, en estos casos, es el conocimiento de las actuaciones precedentes. Suelen poner en evidencia la notoria distancia entre el dicho y el hecho, donde el largo trecho se incrementa de modo notable. Cuando no, si eres capaz de memorizar, puedes llegar a la conclusión de encontrarte, con otra formulación quizá, con la enésima ocasión en la que nos resuelven un entuerto, no resuelto en su momento claro.

Es cierto, la campaña es perecedera, su tiempo es limitado. No obstante, salvo por la petición explícita de voto, no suele existir solución de continuidad entre lo uno y lo otro. suele ocurrir, por fortuna, en épocas concretas, cuando las convocatorias mantienen cierta cercanía temporal –como se está produciendo en este año, que se le conocerá como el de las elecciones–. Tal conduce a una suerte de impulso, como una especie de fuerza de inercia, que los mantiene en campaña permanente. En tales circunstancias, basta con detenerse a escucharles, su discurso lleva implícito la petición del voto. Siempre en el límite, con riesgo claro de caer al precipicio.

Hablando de campaña, tal y como reconoce la número uno del PP por la provincia de Segovia, alguien puede lograr su escaño por un partido sin haber ejercido actividad electoral alguna. Se refería, cómo no, al número dos de su candidatura apartado de la campaña por ser comisionista. Eso sí, las actividades privadas tenían el beneplácito del Congreso de los Diputados y, como dijese otro reputado asesor oral y veterano diputado: no es ético pero es legal. Eso sí, ahora nos recuerda la señora Cifuentes, acaso para no perder los apoyos de gobierno del que preside, que la Ética y la legalidad en ocasiones se cruzan. Esta es, en palabras suyas, una de esas ocasiones. No hay como estar en campaña, les obliga a adoptar decisiones que, de no ser así, ni se hubiesen planteado. No en vano, cuando estalló el escándalo, intentaron hacer como quien nada sabe. Acto seguido, se percataron que estaban en lo más álgido de la campaña.

Ha transcurrido más de la mitad de la campaña, queda el segmento final, donde no se pueden hacer públicos los resultados de las encuestas, sin que ello suponga la ausencia de las mismas. Supongo, siempre tendrán las propias, continuarán realizándose para conocimiento de quienes están en campaña. Una manera de no conducirse a ciegas durante el resto del tiempo, hasta la jornada de reflexión. Después, durante las votaciones, se elaboran otro tipo, las conocidas como a pie de urna, esa que permite adelantar hipótesis mientras se lleva a cabo el escrutinio. De cualquier manera, a pesar de no hacerse públicas, la virulencia de quienes se baten por los escaños, irán dando muestra de cómo van percibiendo sus encuestas de trabajo. Así que, no desfallezcamos, esto se acaba y, de momento, salvo que Cataluña vuelva a repetirlas, vamos a tener un periodo de asueto, sin campañas.


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