La piel del oso
Multiplicada por siete, tanto como Cabildos Insulares, se ha coreado la polémica en torno a la distribución de los fondos (de devolución presumiblemente prometida) del impuesto general del tráfico de empresas. Un vez más, van cuántas, desde los cenáculos matritenses toman el pelo a quienes se responsabilizan de la gestión de estas ínsulas asirocadas, las abrasadas por los efectos del siroco. Y lo más grave, que caen en la treta sin ningún tipo de problema. Quizá tomen todo lo proveniente de allá, como si de una revelación divina se tratase. Nadie intenta comprobar la veracidad de la fuente, para lanzarse a la relectura del cuento apócrifo de la lechera.
Que en determinadas circunstancias se evidencie la manifiesta enemistad entre responsables políticos, no resulta sorprendente. Que esa situación se traslade del ámbito partidario al institucional, ya resulta un tanto preocupante. Así parece evolucionar la situación. Incluso, cuando se reúnen las distintas corporaciones insulares para desacreditar a una de ellas, producto de la escasa seriedad, signo de aquello que no debe suceder.
La sonada decisión, en cuanto al reparto de lo presuntamente prometido, dio como resultado la puesta en escena de la exclusión del Cabildo grancanario, su presidente, por no mantener una posición similar al resto. En principio, puede resultar normal pues es lógico que quienes estén de acuerdo lo evidencien. Lo que no resulta de recibo es el criterio buscado para realizar la distribución de unos fondos de notable volatilidad. No es otro, resulta conocido, que el utilizado para la distribución de los escaños en el Parlamento de Canarias. Esa que por mor de la triple paridad, tanta paridad me llega a resultar sospechosa, genera una representación política con escasa relación con la población de cada uno de los territorios, abandonando aquel viejo principio de: una persona un voto. Si la modificación de sistema electoral canario se hace necesaria, con este tipo de cuestiones se agudiza tal necesidad, mudando urgente.
Las reacciones, tanto a favor como en contra de la negativa, no se hicieron esperar. Entre otras, la del propio presidente Clavijo. Al referirse a su homólogo en el Cabildo Insular, se agarró al chiste fácil y lo comparó con el anterior presidente de dicha corporación insular. En resumidas cuentas, colocó a Antonio Morales en una posición harto difícil al sugerir tal comparación. Quizá, no pudo ser de otro modo, el presidente autonómico olvidó que las comparaciones son odiosas. Todo porque le resulta molesto la defensa de determinadas posiciones, cuando no procedan de donde siempre. Que no digo yo se haga mal, cada cual debe llevar el agua a su regato.
Lo singular del caso, conocida ya la escasa credibilidad de la fuente, es que continúan con la polémica. Porque, miren si es difícil su comprobación, finalmente se demostró la presencia de dicho dinero como ingreso del Estado, en la correspondiente partida de los Presupuestos Generales del Estado, contradiciendo todo lo anunciado. Como la esperanza es lo último que se pierde (pregunten a quienes viven en Madrid), mantienen la calculadora encendida, haciendo cálculos y prediciendo el porcentaje del total prometido y en qué plazos se recibirán. Una vez más, entre la lechera y la piel del oso, nos mantienen entretenidos. Qué buenas son nuestras autoridades, qué buenas son que nos entretienen con fruición. No pierdan oportunidad, ahora resulta que todo se hará depender de un ramito de violetas, no sabemos si con o sin tarjeta, dada la fecha prevista para desvelar el misterio.



























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