Sirios, subsahariano, ñus y cebras

José Juan Sosa Rodríguez. Martes, 22 de Septiembre de 2015 Tiempo de lectura:

Científicos como el biólogo inglés Huxley, con su concepto de clina o cline, dentro del campo de la genética de las poblaciones, Marvin Harris, antropólogo estadounidense y padre de la corriente teórica conocida como Materialismo Cultural, el también estadounidense, el psicólogo humanista Abraham Maslow, con su ´Teoría de la Motivación´, o el filósofo mexicano Vasconcelos Calderón, con su ensayo La Raza Cósmica, entre otros muchos, me han ayudado a encontrar una explicación convincente -al menos para mí-, y con ello comprender y aceptar como positivos los reciente fenómenos migratorios que ´amenazan con invadir a la vieja Europa´

Pero, para no hacer interminable y farragoso este artículo, exponiendo los trabajos de cada uno de los autores mencionados para argumentar mi opinión sobre los flujos migratorios, me voy a apoyar tan sólo en la Teoría de la Motivación de Abraham Maslow para intentar explica algunos de los mecanismos que mueven a estos flujos de personas.

Maslow utiliza una pirámide -Pirámide de Maslow- para explicar de forma jerarquizada las necesidades humanas, defendiendo que conforme se satisfacen las necesidades de los niveles inferiores -las más básicas- de dicha pirámide, los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados. Así, en la base de la Pirámide de Maslow se encuentran las necesidades para la supervivencia del hombre, que no son otras que las fisiológicas y de seguridad. Pero según se van satisfaciendo estas necesidades de supervivencia, van apareciendo otras, llamadas de crecimiento, como las necesidades sociales, de estima y, encabezando la cúspide de la Pirámide, las de Autorrealización.

Son esas necesidades de supervivencia -fisiológicas o de seguridad- las que, en mi opinión, ´motivan´, o mueven, los flujos migratorios en la especie humana. Necesidades de supervivencia que también superan a lo humano, para estar presente en todas las poblaciones animales. Un ejemplo de ello son las migraciones estacionales de los ñus y las cebras, en la Reserva de Masai Mara, al sur de Kenya, en busca de nuevos pastos que aseguren la supervivencia del grupo en épocas de sequías. Es tan fuerte ese instinto de supervivencia de la especie que, incluso, supera al de supervivencia individual, pues, como todos hemos visto en documentales, esa conducta gregaria, que asegura la pervivencia del grupo, exige como precio la vida de algunos individuos -casi siempre los más débiles o enfermos- que son víctimas de los depredadores, o mueren exhaustos o ahogados en los ríos durante la travesía.

Igual que los ñus y las cebras, los sirios y subsaharianos, motivados por las necesidades fisiológicas -alimentos sobre todo- y de seguridad -evitar morir en los conflictos bélicos de sus zonas- realizan flujos migratorios, para intentar satisfacer esas necesidades básicas.

También, igual que sucede en las migraciones de los ñus y las cebras, sirios y subsaharianos están pagando el precio de la vida de muchos de ellos. Unos han hecho del Mare Nostrum- que ironía, Mar Nuestro- su tumba, otros han sido víctimas de las mafias depredadoras que trafican con personas.

Pero, si es cierto que existen muchas coincidencias entre las migraciones animales y humanas, también hay elementos diferenciadores. Los ñus y las cebras, en sus movimientos migratorios, no se encuentran con fronteras, ni con alambradas, ni con el sentido de la propiedad de la tierra por parte del resto de los animales, ni con patrones culturales diferentes, y a veces opuestos, a los suyos, ni con empresarios especuladores que sueñan con un aumento circunstancial de mano de obra para especular con los salarios, ni con la intolerancia irracional de algunos -o muchos- europeos que tiemblan de miedo al ver como sus poblaciones, ya debilitada y con baja aptitud reproductiva, están dejando paso a otras más vigorosas, que amenazan con desplazar la nada adaptativa cultura europea.

Acaso lo más difícil de asimilar de todo esto es que las migraciones son procesos naturales que, como antes comenté, se han dado en todas las etapas de la evolución del hombre. Y si precisamente han pervivido en el tiempo es porque son necesarias para la evolución de la especie humana.

Estoy seguro de que cuando pasen varias generaciones los europeos de entonces serán diferentes a los actuales, tanto en sus características morfológicas como en su forma de pensar; pero también estoy seguro de que esos ´nuevos europeos´, con la fortaleza que da ´la mezcla de sangre´ aseguraran la perpetuación por muchos siglos de especie humana en Europa.


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