Rosa salió disparada este viernes de su trabajo en la capital grancanaria, y como cientos de vecinos de La Aldea, cogió la carretera norteña para con el corazón palpitante, llegar a su pueblo.
Parece que la estaban esperando, porque fue dejar el coche allí en la playa, y sobre la marcha, la Banda de Agaete hizo sonar la melodía de Rama.
Y es que a las doce en punto del mediodía de este viernes, 11 de septiembre, la música sonó un año más en el cruce de la playa, y las cestas, guitarras y brazos, se alzaron al cielo, en ese ritual de baile que llega hasta el muelle, y que sirve para calmar la espera aldeana.
Y se bailó con el cuerpo cansado de tanto ajetreo festivo, con las fuerzas que solo da el día de Charco.
Brilló el sol, calentando el ambiente festivo, y como siempre, hubo reencuentro con amigos que sólo se ven una vez al año, en ese día tan señalado.
Mientras la juventud bailaba en el muelle, en el parque Rubén Díaz, los mayores preparaban la comida. Croquetas, tortillas y judias a la vinagreta fue el menú que preparó Caridad, con Juana su comadre y Mary, su vecina.
Caridad es aldeana pero lleva casi toda la vida viviendo en Las Palmas. Precisamente, este once de septiembre cumplió 64 años, feliz de poder estar en La Aldea en el día del Charco, cumpliendo con la promesa que le hizo a su madre de no faltar nunca a esta cita festiva.
Teodora se operó la rodilla hace siete meses, y los dolores desaparecieron por arte de magia, porque bailó ese inicio del gran día. Junto a ella, Pilar, la amiga tinerfeña, que repitió por segundo año, y que sin acabar la jornada, ya estaba preparando el Charco 2016. Y es que esta fiesta, llena de amistad, compañerismo y cariño, es lo que tiene, quien la conoce repite toda la vida.
De Maspalomas, Las Palmas, La Aldea y hasta Italia, formaban el grupo de amigos de José, que se conocían de antes pero que esta vez, compartían almuerzo por primera vez.
De Chamán llegó un equipo de 20 hombres solitos, bien aprovisionados con plancha y todo para pasar el día.
Desde Arinaga llegó Juan Santana, acompañado por una tropa de más de 50 adultos y jóvenes. Prepararon sardinas asadas, pata, chistorras y más delicias gastronómicas, y hasta contrataron un músico para animara las horas de espera.
La familia de Paqui y Gladys fue toda hospitalidad, compartiendo las exquisitas caballas asadas y sabrosos bocadillos de calamares con los que se olvidaron de traer almuerzo.
Los Suarez Moreno no se quedaron atrás compartiendo una deliciosa paella, y la familia de Matías, un año más, ofreció el licor de papas junto con el café.
Mamina disfrutó de lo lindo junto a Antoñito que llegó de Agaete, y desde la villa marinera también llegaron Merci, Paqui, Anate y María, timple en mano para parrandiar de lo lindo.
Como la buena compañía y la mejor gastronomía consiguen que el tiempo pase rápido, el reloj se aceleró y llegó la tarde más deseada.
Y a las cinco en punto, sonó el volador, y entonces La Aldea soltó su alegría a raudales para bañarse en las frescas aguas de El Charco.
Eulogia y Lili esperaban junto a la pesa a los improvisados pescadores para el concurso de la lisa. Pesca, lo que se dice pesca, este año hubo más bien poca. Fue tan escasa que la pequeña Carla sin esperarlo, se vio sentada sobre la balanza, y contagiada por la alegría festiva, ni tan siquiera protestó.
Al final, con muchos esfuerzos, el concurso se pudo celebrar, y Nando Navarro se llevó el primer premio con una pieza que pesó 500 gramos y también se llevó el premio de mayor número de piezas capturadas, tres para ser más exáctos. La liza más larga, con 53 centímetros ya que alguna apareció, fue la pescada por los ñiños Himar y Ancor Ramírez, y por lo tanto, premio también para ellos.
Entre risas, baños en la marea y algún helado para refrescarse, llegó el momento de la despedida. El pequeño Antonio Davíd, con tres meses de edad, en brazos de su padre, miraba y sonreía, quizás pensando que el año pasa con prontitud y que el próximo once de septiembre, por primera vez, él se tirará al Charco, para renovar la promesa festiva del pueblo aldeano.
Albergue y Aula de la Naturaleza La Hoyilla, Aldea Bus, Asadero de Pollos La Granja, Autoescuela Miguel Ángel, Bar Restaurante Lauremar, Restaurante Luis, Restaurante Severo, Motorauto León S.L , Bar Restaurante Esther, PanAldea, Bar Restaurante Aguas Marinas, Hotel La Aldea Suites, Bar restaurante El Chozo, Bar Avenida y Bar Restaurante Paco.





























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