Teniendo en cuenta que los peperos tienen mucho arte en eso de dar la vuelta a la tortilla para que terminen siendo otros los responsables de sus desaguisados, no sería de extrañar que sean los nuevos mandamases capitalinos, los culpables del derribo del edifcio de la Biblioteca del Estado. Capaces son los peperos de sacudirse la responsabilidad y quedar como ángelitos, y como son capaces, tiempo al tiempo, que ya los veremos acusando con el dedo sin asumir su culpa, que tenerla, la tienen.






























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