Fue la de este domingo, 28 de junio, una jornada calurosa la que se vivió en el Valle de Agaete. Hubo calor por las altas temperaturas que se registraron, pero sobre todo hubo calor humano, ese calor que eriza la piel y que sólo da el reencuentro con las tradiciones del pueblo que se mantienen intactas a pesar del paso del tiempo.
Manteniendo esa tradición festiva del Valle , niños, jóvenes, adultos y mayores, subieron a Tamadaba en la noche del sábado, con el corazón palpitante ansiando el amanecer de Rama.
Y amaneció en el Pinar y con las primeras luces del alba, comenzó la amada tarea de confeccionar los frondosos ramos con los que ofrendar al Patrón San Pedro. Se buscó la mimosa, el eucalipto, la retama y el poleo, y hasta piñas se recogieron para decorar los ramos de ofrenda.
Después se hizo el camino de regreso, con el deseo de llegar pronto a la Era del Molino. Allí, un año más, Suso y Alejandro tenían el delicioso caldo preparado, y como es habitual, sin soltar prenda sobre quien había sido el vecino damnificado con el tradicional robo de la gallina.
Margarita se acostó a las dos de la madrugada y se levantó a las cinco de la mañana para ayudar a preparar los bocadillos con los que alimentar a los romeros, y sin pensar en el dolor de rodillas, junto a su hija, esperaba por ese momento en el que alzar los brazos al cielo y liberar al cuerpo del año de espera.
Y el cuerpo se liberó en cuanto la banda Las Nieves ejecutó la melodía de Rama, una música celestial que conmueve el alma y llena los ojos de lágrimas en ese primer instante de danza. Atrás quedó el cansancio de la vigilia sin sueño en el pinar. Atrás quedó el cansancio del camino, y la alegría de todo un pueblo tomó la mañana de junio, para bailar sin cesar, para pagar con danza enramada la promesa al Apostol San Pedro.
Emocionado al encuentro de la Rama iba Alejandro, con sus cuatro años de edad, portando el papagüevo que le regalaron por su cumpleaños y con ganas de coger el tambor para acompañar, cuando tocara, a su admirada banda de Agaete.
Los dos niños de Emilín, tiraban de él y de su madre keta, con ganas de iniciar el baile, y Jorge y Toñi, cumplieron con depositar sus ramos a los pies de San Pedro, y bailar después con tranquilidad, la danza de la enramada.
A Pablo casi que le costaba mantener los ojo abiertos, pero ni así, quiso irse a descansar con tal de no perderse la mañana de fiesta.
Juan Manuel, después de la larga noche en el pinar, tenía fuerzas para despedirse de la mujer y seguir bailando, por lo que su madre Paca se preguntaba qué es lo que les da San Pedro para tener tanto aguante.
Y es que resulta difícil de comprender cómo se puede hacer frente al cansado cansancio, y seguir durante horas y horas, bailando y bailando, con la emoción desbordada, rogando para que el tiempo se detenga y el presente de la enramada se eternice en el Valle.
La banda Guayedra relevó a la Banda Las Nieves, y el bosque humano que bajó desde Tamadaba seguía danzando en las calles del Valle. Siomara lo hacía portando el papagüevo de Pity, con dolor en el alma en recuerdo de los ausentes.
Bene esperaba tranquila para ver al pequeño Jose, que un año más subió al Pinar con su padre Ramón, cumpliendo con la tradición. Desde los siete años hace el camino, disfruta de la fiesta y no hay quien lo acueste, por lo que queda claro que la sangre vallense prende cada 28 de junio, se sea grande o pequeño.
Rubén no se cansaba de tocar la caracola, una costumbre de rama que tiene desde que casi no despegaba dos palmas del suelo, enseñada por su padre, y que ahora quiere transmitir a su pequeño hermano Erik.
Con mucha lentitud, la danza de la enramada llegó hasta el patrón San Pedro, que fue cubierto por los hermosos y verdes ramos con los que vallenses pagan sus promesas al Patrón.
Y en el Valle de Agaete se siguió bailando, disfrutando cada segundo, alargando el instante, con el corazón contradecido por la alegría del día de Rama y la tristeza del tiempo de espera que ya comienza, para que vuelva otra soleada mañana de 28 de junio, en la que un pueblo junto,unido, se hace sentimiento.
Galería con más de cuatrocientas fotografías de la Rama en honor a San Pedro en este enlace.
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