En campaña
Con la llegada del periodo de petición del voto, la quincena previa a depositarlo en la urna, la clase política recupera su condición humana. Entendida esta en sentido figurado claro. Se acerca a la calle y se incorpora a la ciudadanía; apropiándonos de las palabras de Rajoy: como la gente normal. Si se pudiese entender como tal tanta pirueta y acercarse hasta donde antes no se hizo. Esto es, en términos generales, lo observado durante tales fechas. En este sentido da igual la ascendencia ideológica, si bien he de reconocer la mayor osadía de algunas en comparación a otras.
Que intenten representar un papel distante al desempeñado en condiciones normales, entiéndase en fechas alejadas a la campaña, puede resultar un insulto a la inteligencia. Sobre todo, cuando se incorporan – con algunos condicionantes, es cierto – a la algarabía de la calle. Entiendo que quienes no obran en lo cotidiano de un modo, no tienen por qué modificarlo por mor de la campaña. Lo deseable, a mí me lo parece, sería mantener cierta normalidad durante todo el tiempo. No deben olvidarse de cuál es su papel en esta farsa. Dan una sensación, al menos a mí me lo parece, de hipocresía. También, de tomadura de pelo, parecen no tener respeto alguno al electorado. Obrando de modo figurado para intentar convencernos de aquello difícilmente creíble.
Otro aspecto se evidencia durante este tiempo de campaña, la diferencia entre las cantidades disponibles de unos y de otros grupos políticos. Los hay con escasos recursos, con una mínima presencia durante la quincena. En estos casos se les puede ver muy de tarde en tarde y, sus carteles electorales, suelen ser testimoniales o, cuando no, están ausentes. No sucede como con las organizaciones de siempre, que durante este periodo se vuelven inflacionarios. No solo ello, también de escasa imaginación en sonados casos. Incluso, en algunos casos, se puede comprobar cómo las resoluciones judiciales les reprochan un gasto mayor al autorizado y, peor aún, declarado.
Quienes disponen de mayor presupuesto, clara afrenta a la igualdad de oportunidades, suelen cansar con su presencia. Nos movamos donde nos movamos, ahí están, omnipresentes, incansables y agotadores. Como si estuviesen dispuestos, en este escaso medio mes, a recuperar lo desatendido en los cuarenta y siete y medio restantes. No puede ser otra cosa, pues no se entendería ese afán por mostrarse con tanta generosidad, poniendo brillo a sus actuaciones pasadas y futuras. Las presentes, ni les cuento pues, encandiladas por el brillo de las anteriores y posteriores, apenas se pueden entrever.
En esta ocasión, como algo fuera de común, aparece la modalidad de publicidad en los taxis; acaso por marcar de este modo también la diferencia pues, mientras unas fuerzas políticas se publicitan en medios de transporte público colectivo, otras mostrando su poderío, lo hacen en aquel medio. Mientras unos van en guagua, los otros lo hacen en taxi. Quizá sea el mensaje que nos quieren transmitir. Si no, no se entiende ese afán de amargarles la tarea a los profesionales del taxi, con presencias permanentes, con lo que ello supone.
Quizá nunca lo podamos ver; pero se echa en falta durante la quincena una campaña de propuestas. Eso sí, con compromiso de cumplirlas. No como hasta ahora, que alegan lo más variopinto para justificar el incumplimiento de sus programas. Lo triste de la situación es la reiteración que de ello hacen, sin que persona alguna sea capaz de enmendarles la plana. Sobre todo, porque muchas de sus promesas quedan perfectamente grabadas. Es decir, no es necesario un esfuerzo titánico de memoria para ponerles en evidencia que, lo ahora mostrado, ya fue promesa en procesos anteriores. Si ahora vuelven sobre ella, solo cabe una explicación: no lo han logrado o no han querido cumplir durante los cuatro años transcurridos. Pero ya se sabe, parece que todo vale, estamos en campaña.





























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