La catástrofe del vuelo 9525. De la fase de ´luna de miel´ a la desilusión

José Juan Sosa Rodríguez Jueves, 16 de Abril de 2015 Tiempo de lectura:

Para su mejor estudio y abordaje, los profesionales de las emergencias suelen dividirlas en fases. Así, diferencian las fases de alerta, impacto, ´luna de miel´ y desilusión.

Referente la catástrofe producida en el vuelo 9525, de Germanwings ocurrida el pasado 24 de marzo en los Alpes, como todas las catástrofes, también pasó por una fase de alerta, en la que se perdió el contacto con la aeronave, a la que le siguió otra de impacto y, posteriormente, la irónicamente denominada como ´luna de miel´.

Pues bien, centrándonos ahora en la fase de ´luna de miel´, ésta se caracteriza porque las víctimas o los familiares –muchos todavía chocados emocionalmente por el suceso- son objeto de la atención y ayuda del resto de la comunidad e intervinientes, los medios están constantemente haciéndose eco de la noticia, los políticos prometen ayudas a los afectados... Es decir las personas afectadas por la tragedia se sienten arropadas y consoladas socialmente y protegidas institucionalmente.

También es en esta fase donde el trabajo de los intervinientes cobra su mayor importancia.

Así, en la fase de ´luna de miel´, los familiares de las víctimas del vuelo 9525 recibieron el apoyo de los vecinos de un pueblecito de los Alpes franceses, Seyne-les-Alpes, que saltaron a los medios por su generosidad con los afectados. Los políticos ofrecieron toda clase de ayudas, los directivos de Germanwings –filial de Lufthansa- pusieron todos los recursos de la compañía a disposición de los familiares, incluso adelantándoles algunas cantidades de dinero, se realizaron rituales, se elevó un monolito en recuerdo de las víctimas, etc.

Pero, con respecto a la resolución de la tragedia, ¿qué les puede deparar el futuro a los familiares de las víctimas del vuelo 9525?

A la fase de ´luna de miel´ casi siempre le sucede otra, la de ´desilusión´, en la que familiares y víctimas comienzan a vivir la dura realidad de la tragedia. En esta fase, ha desaparecido casi todo el apoyo social, los responsables del accidente intentan difuminar su responsabilidad en el mismo y las promesas de los políticos se convierten en papel mojado, aumentando más si cabe la frustración de los damnificados. De todo esto saben mucho las víctimas y familiares del accidente de vuelo 5022 de Spanair, del 20 de agosto de 2008, o los afectados por la tragedia del incendio forestal que hace unos años asoló las cumbres de Gran Canaria.

Volviendo a la catástrofe aérea que estamos tratando, las familias de las víctimas ya han regresado a sus domicilios, los intervinientes han dado por finalizado su trabajo, las manifestaciones masivas de duelo han acabado, y la noticia casi ha desaparecido de los medios de comunicación; para el resto del mundo todo ha vuelto a la ´normalidad´.

Realmente ahora es cuando empieza la última y la que se me antoja la fase más dura y dolorosa de esta tragedia, la fase de desilusión. Los afectados han comenzado a elaborar sus propios duelos, interferidos por sus disputas legales con Lufthansa o con las compañías aseguradoras –no en vano ya se ha formado una plataforma de afectados-. Ahora es cuando comenzaran a aparecer los primeros casos de estrés postraumático, no sólo entre los familiares, también entre los interviniente –Las víctimas ocultas en la clasificación de víctimas Taylor y Frazer-. Ahora es cuando muchos familiares constataran la falsedad de algunas –o de todas- las promesas que, en la etapa anterior le hicieron los políticos. Ahora, precisamente ahora, es cuando la mayoría de los afectados estarán sufriendo la etapa más largas y amarga de la tragedia, donde predominan la desilusión y la frustración, agravadas por el hecho de ser una tragedia producida por el hombre.

José Juan Sosa Rodríguez es Psicólogo especialista en psicología de emergencia.


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