Los papeles perdidos de nuestra política
¿Hasta cuándo van a seguir dando muestras de una falta de ética ostensible nuestros máximos representantes políticos? Esa es la pregunta de millones de españoles tras los debates de las dos principales formaciones en el panorama actual. Y es que, si la que lidera el Gobierno se recula en su mayoría inhibiéndose con ínfulas de superioridad a los ataques de la oposición y contraatacando con casos de corrupción en el tejado ajeno, sin dejar de maltratar la dignidad ciudadana con continuadas alusiones al crecimiento económico, intentase liderar un proyecto de regeneración a la par que un programa creíble, todo sería diferente.
Está posición de crear en lugar de destruir con desmanes a la ligera e insultos de pandilleros, pasaría a ser un hecho anecdótico si tanto el partido que lidera como el que quiere las llaves del poder se pusieran a trabajar juntos en la construcción de una nueva Democracia, en el hecho presumible de actualizar una Constitución obsoleta a todas luces que frena el progreso de un país como el nuestro. Pero incapaces de llegar a acuerdos que liberen a los ciudadanos de las penurias en las que se encuentran inmersos, atienden con continuados discursos de altanería insufribles para la sociedad que espera de sus políticos algo más que una muestra de carisma incierto al servicio del descrédito al uso.
Es normal que entonces, aprovechando las diferencias de estos grupos que dejan al aire grietas susceptibles de ser aprovechadas por formaciones apenas llegadas al escenario político bajen posiciones estadísticas en la opción de voto ante unas elecciones en el umbral de salida; unos grupos recurrentes a la iniciativa popular que se valen de las suspicacias generadas con los continuos recortes y la falta de acuerdos de sus principales rivales. Tal vez sea la hora de cambiar la sintonía política de nuestro país, que sea la hora de regenerar el sistema de gobierno obsoleto con los años y traer un nuevo aire a la sociedad española con programas que generen empleo y por ende, que devuelvan a los españoles sus derechos sociales.
No es tiempo de mantener intactas las bases del poder político en nuestro país por la falta de proyección al futuro a corto plazo que nos indican los números de este Gobierno; pero tampoco es hora de que tomen la iniciativa formaciones apenas llegadas a nuestro sistema y que se están adueñando poco a poco de un espacio que sin duda, deja muchos puntos negros en sus acometidas.
El riesgo es evidente pero la certeza de que sin el liderazgo de unos políticos honestos, comprometidos con la ciudadanía y trabajando con el mismo objetivo hacía el progreso social de los españoles, el camino que nos queda por recorrer hasta respirar un poco de viento fresco se hará insoportable para muchos de los hogares sin otra cosa para llevarse a la boca que la amargura de sus integrantes. Incrédulos ante la desidia de un Gobierno sin tránsito y un Estado en depresión.































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