Y seguimos con el niño Bravo ya que el todavía consejero insular de Deportes no tiene abuela, ya que se basta y se sobra para promocionarse él solito. Y es que el niño está convencido de que ha realizado un labro extraordinario en estos cuatro años, y por lo tanto, se merece ir en un lugar destacado de la lista popular. Como es él mismo el que se alaba y lo hace con total convencimiento, como no lo lleven en la susodicha lista, el disgusto será de aúpa, sobre todo, porque se quedará en la mar y sin remo.




























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