Se busca político ejemplar y honrado
Ese ejercicio de ejemplaridad del que los dirigentes políticos debieran de dar muestras ha pasado de ser el objetivo prioritario de los mismos a la hora de dar por sentada su honradez y legitimidad para representar a aquellos que les dieron su confianza en las urnas.
No conformes con ello, salen a relucir nuevas tramas de calado público como consecuencia de la plena libertad dada a los individuos que han demostrado no merecerla y hemos caído de nuevo en el grave error de legitimar a quien no lo merece. La osadía ha llegado a los agentes sociales, los valedores del mercado laboral y consecuentemente, los que pueden dar esos recursos económicos tan necesitados de la sociedad española para seguir adelante.
El ser humano demuestra de nuevo que no solo es capaz de tropezar dos veces en la misma piedra, sino que se está dando golpes contra el mismo obstáculo sin aprender nada para evitarlo. Estos sindicatos que han dejado vacías las arcas de los desempleados no merecen otra pena que la de sufrir las consecuencias más legalmente establecidas para las condenas que le sean procedentes. Unaa organización creada para servir a ultranza en la salvaguardia de los derechos de los trabajadores se permite arrasar con los recursos establecidos para surtir una serie de beneficios del colectivo sin empleo y adueñarse de los mismos en beneficio propio; si esto no es una falta de respeto, una ausencia de dignidad y un robo a mano suelta, que venga alguien a contradecirlo.
Esta sinrazón da alas a la Patronal para acometer todo lo que el Gobierno le ha concedido como consecuencia de la Reforma Laboral y campa a sus anchas en una creciente alusión de que los mercados españoles vuelven a resurgir de sus cloacas; claro que estas supuestas garantías de regeneración laboral viene de los discursos dados por mandatarios y directivos de empresas afines con el Gobierno, con el Ibex35, con grandes capitales en el extranjero y una mano de obra barata e indigna de la que se aprovechan en el colectivo de desempleados españoles para acarrearse más beneficio y productividad con el menor gasto posible.
La crisis no es historia, la crisis está en las calles de nuestros pueblos y ciudades, en los bares vacíos, en los carros de la compra con los alimentos básicos, en las casas gélidas por falta de recursos económicos para el pago de la calefacción, en las puertas de los colegios a los que acuden los padres y madres a recoger a sus hijos por no tener empleo, a las tertulias de la calle repleta de parados y jubilados preocupados porque su pensión no llega a cubrir las necesidades no solo de su hogar, sino del de sus progenitores en las listas del INEM.
Pero todo esto parece no saberlo el Sr. Rajoy inflamado de satisfacción por la falta de carisma de los partidos en liza que le hacen según sus datos, ganador de las próximas elecciones autonómicas y municipales; todo esto parece no saberlo el Sr. Rajoy que debe de tomar café en algún establecimiento repleto de personajes con solvencia económica suficiente y no en los bares de los barrios humildes de la geografía española que aún permanecen abiertos.
¿Dónde está el pasado de la crisis señor Presidente? No desde luego en el entorno donde usted vive, ni en los de sus familiares próximos que no son conscientes de la falta de alimentos en cientos de miles de hogares españoles y no saben de las necesidades de los progenitores para pagar los estudios de sus hijos sin otra ayuda, en multitud de ocasiones, que la de los abuelos. Esto no es el final de la crisis, esto es el continuo sinvivir de un pueblo sin derechos.
Ahora no valen medias tintas con la Justicia, es la hora que tenía que llegar tarde o temprano, para que los culpables de los robos al erario público sufran sus consecuencias. Quien la hace la paga y el que ha cometido un delito de malversación de caudales públicos o cualquier otro que se le asemeja pues, como dijo la Presidenta andaluza, "que lo crujan" bien pero antes, que estrujen al máximo lo que puedan para que devuelvan lo apropiado con sus desmanes.
Aquí no hay formaciones políticas que valgan, ni ideales progresistas, socialista o marxistas que lo oculten, aquí hay un pueblo que pide Justicia, con letras mayúsculas, que pide una devolución inmediata de los derechos perdidos que se ha demostrado podían haberse cubierto con los miles de millones defraudados por los corruptos. Aquí no hay paz suficiente hasta que los políticos se laven la cara y las manos ensuciadas por sus colegas con el ´único elemento capaz de hacerlo, la cárcel.
Solo entonces comenzaremos a creer en la posibilidad de salir airosos de una situación infame en la que nos hemos visto envueltos por falta de prevención sobre una calaña a la que no podemos caer en el error de generalizar. La política, destinada al servicio del ciudadano, es el recurso indispensable al que debemos asirnos a pesar de la experiencia tenida hasta ahora. Ese es el instrumento esencial para volver a ser una sociedad regenerada, con un porvenir acorde con nuestros valores y no recordados por el timo de unos magos metidos a políticos ilusionistas que hipnotizaron a la sociedad para conseguir sus objetivos.




























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