Ese señor

Opinion

leonilocartel2015De pequeños, cuando queríamos escondernos para no ser vistos, nos tapábamos los ojos. De ese modo, privándonos de la visión, entendíamos que tampoco nos verían. Sabían de nosotros en la medida que pudiésemos vislumbrar nuestro entorno. La opacidad de nuestra mirada nos otorgaba una suerte de invisibilidad. Así éramos de inocentes. Transcurrieron los años, y con ellos, la vida fue despejando inocencias. Mientras, se incrementaban las dificultades para ocultarnos. Surgieron muchos motivos, a lo largo de nuestras vidas, para procurar espacios de sombra donde no ser vistos. Eso sí, ya no nos bastaba con ocultar nuestros ojos con la palma de la mano. Algo más era preciso.

La experiencia nos fue aportando nuevas estrategias, de aparente eficacia, para huir de los riesgos. Nuevos modos de exorcizar nuestros demonios. Así, cuando buscábamos evitarlos, optábamos por no mencionar sus causas. Nos otorgaba seguridad no aludir al origen del mal. Ya se sabe, no se debe nombrar la soga en la casa del ahorcado. No se lograba avance alguno; sin embargo el sosiego animaba a continuar de esa guisa. Los años, eficaz medicina, pusieron en evidencia su ineficacia. Las situaciones se dan, aparte de que se haga mención a ellas o no. Acaso existan otros modos más poderosos de evitarlas, si bien en la práctica no se refleja su utilización.

Quienes hemos ido comprobando las escasas bondades de ambos métodos, por higiene hemos ido dejando su práctica a un lado. No en todos los casos se da el abandono de esas prácticas pueriles. Aún, en los días que corren, hay quienes las utilizan. Acaso más como mera cortina de humo o trampantojo, que como elemento para ahuyentar las consecuencias. Es el caso, no hemos de esforzarnos demasiado para comprobarlo, de la militancia del PP, sobre todo la más prominente. Me refiero a lo relativo al señor Bárcenas o, en palabras de esas personas: "ese señor".

Resulta, cosas de los procedimientos judiciales, que ese señor ha abandonado la reclusión a la que estaba sometido. El señor Bárcenas (escribo su nombre sin problema) inició una convención paralela a la de los populares. Mientras los del Partido Popular, (donde ese señor está en excedencia, según refiere) se reunían para contarnos su versión, el ex tesorero comenzó a dar la suya. Acaso con tiempo para meditar, diecinueve meses en prisión, la fluidez de su verbo ha ido desgranando respuestas. Seguramente no del agrado de su antiguo partido, de ese que dice estar en excedencia.

Bárcenas, gerente y tesorero del Partido Popular hasta su destitución en diferido a modo de simulación, ha pasado de ser "fuerte" y alguien a quien no se le podía demostrar actuación delictiva a ser una especie de innombrable. De sus actuaciones con la doble contabilidad, tal como expresan instructor, abogacía del Estado y fiscalía anticorrupción, parecen no querer saber nada. Las evitan como si de un mal se tratase, es ese vade retro satanás al que hacen mención en cuanto se les nombra. No se le agrió el carácter a ese señor en Soto del Real, y aún le ha dado tiempo para hacer chistes. Aprovechó la falta de piel, trocándola por falta de cerebro.

De todo lo acontecido y expresado por "ese señor" me quedo con algo. Sus declaraciones relativas al conocimiento de quienes dicen no saber. En concreto, la referida al Presidente del Gobierno y el momento en que recibió el primer sobre. Lo expresado por aquel, en un país serio, habría conducido a una de dos: el mencionado se habría querellado contra él, por estar atribuyéndole algo faso o, por el contrario, habría presentado su dimisión irrevocable. Ni lo uno ni lo otro ha sucedido, de momento y, ese señor, continúa haciendo declaraciones por doquier, sobre todo en cada una de las ocasiones en las que asiste a la Audiencia Nacional y, ojo, son tres a la semana.

¡Ay, ese señor!, que acabará poniéndoles de los nervios.


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