Azul
En un tiempo desconocido, Arucas se vistió de azul en las negras noches.
El entorno de la iglesia quedó taladrado con las luces quietas de sus calles y con las dinámicas de los coches que rompían el silencio doblemente azul de la piedra. Apenas duró unos días y la magia inundó la noche. Los gatos del parque de san Juan se volvieron azules con ojos verdes, y los niños, que con sus bicicletas y patines construían un mundo nuevo, se adentraban en el ensueño jamás imaginado. Los gatos del parque de san Juan se volvieron azules con ojos verdes, y los niños, que con sus bicicletas y patines construían un mundo nuevo, se adentraban en el ensueño jamás imaginado. Todo se transformó con la complicidad clara de la luna llena: piedra azul, noche azul y, en el ambiente, como flotando, tu mirada me pareció perdida; tal vez buscando la magia que ya habíamos enterrado en el último rincón de nuestros corazones rotos.
En una mirada triste se convirtió aquella noche. Un golpe seco, como si fuera una piedra caída de la torre más alta, cayó sobre nosotros, interrumpiendo bruscamente la melodía azul que un día interpretamos.





























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