La sociedad y la miopía política
El tiempo pasa y con él va madurando con cierta lentitud un repunte en el mercado laboral que ya no podía llegar más bajo ante la alarma generada por el índice del desempleo. No obstante, no podemos confíar demasiado nuestro porvenir a medio plazo dados los inconvenientes de una Reforma Laboral que sirvió como freno al crecimiento del trabajo y arrastro a numerosas pequeñas empresas al cierre; esas Pymes que tanto han valido para sostener la economía con unas plantillas que significaban una importante cuota a tener en cuenta en el censo de cotizantes a la Seguridad Social en nuestro país. De repente, el fracaso de la banca valió para endurecer los requisitos de los pequeños empresarios y llevarlos a la quiebra, la reducción de plantillas, el despido de trabajadores con largo recorrido en las mismas y el cierre ddefinitivo de miles de empresas.
Los polígonos se ven en el horizonte como ciudades fantasmas, con naves desposeídas del significado para el que fueron construidas y las ventanas rotas por el largo deterioro del edificio en cuestión. Si nos damos una vuelta por miles de polígonos del territorio nacional veremos sin buscar demasiado que las industrias aún necesitarán un largo proceso para volver a ser operativas pero, por otra parte, el Gobierno sigue dando muestras de efusividad en sus creencias para generar empleo antes de las elecciones. Sin duda alguna, una muestra más de que con las elecciones todo parece solucionarse y hasta la llegada de estas, todo es proclive de ser guardado bajo la chistera de una falta de honestidad deplorable.
Parece ser que el sino de la política en España se ve postergado al tiempo que las formaciones crean conveniente y eso demuestra la falta de solidez de nuestras instituciones y el alto grado de disconformidad del ciudadano a sabiendas de los tratos tácitos que estás llevan a cabo emblemáticamente. Pero ahora, a la primera de cambio, surgen nuevos partidos con la idea concebida de ser los verdaderos instigadores del repunte laboral, económico y por supuesto el único y capaz de devolvernos los derechos perdidos y recomponer el Estado de Bienestar en pocas fechas si son elegidos. Ridiculo a todas luces, por decirlo de un modo poco ofensivo a quien se de por aludido que tengamos que descifrar quien tiene la varita mágica y no ser el repunte y regeneración tanto política como democrática cuestión de todas las formaciones representativas de los ciudadanos.
Sí, el paro ha disminuido en autonomías con un alto grado de desempleo pero, la cuestión es bien sencilla, sigue habiendo más de dos millones de niños en riesgo de pobreza, siguen existiendo tragedias familiares producto de loos desahucios por falta de ingresos con los que afrntar la deuda y siguen muriendo en el gran colectivo de dependientes miembros sin recibir la ayuda minima requerida para poder al menos, sobrevivir dignamente.
Todo llegará con el tiempo no parece ser suficiente esfuerzo por parte del Gobierno, ni que durante el ejercicio anterior se hayan dado evidentes muestras de recuperación macroeconómica que muchos no saben ni para que valen sino llegan al bolsillo del ciudadano. No se puede esperar demasiado o estçe gran desfase de clases sociales será cada vez más grande; una brecha con graves conxsecuencias sociales y un peligro de caer en la miseria absoluta de miles de españoles sin recursos.Desde luego, el euro no se puede pintar de un día para otro, ni es esa la cuestión que precisa la economía, los impuestos son el alimento básico y esencial de la Administración Central (Gobierno), Autonomicas (CCAA) y Ayuntamientos, de eso no hay duda, el problema comienza cuando estos impuestos son mal llevados a la práctica, cuando se han generado tantos expedientes de imputación por robo desalmado a las arcas públicas y cuando de repente, todo se paraliza por falta de dinero en las cuentas y se niega lo esencial al ciudadano, el trabajo, el hogar, el alimento y la enseñanza a los menores.
No es necesario ser experto en economía para saber cuántas monedas entran en casa y cuantas se necesitan para sobrevivir dignamente pues, la operación es bien sencilla, si nada entra, nada se podrá gastar y si además, nada ofrece el Estado para respetar los derechos legítimos, pues a freír gárgaras los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Indignación puede ser una de las palabras más sugeridas en las conversaciones de calles y plazas de nuestra geografía, una indignación que se muestra desesperación en algunos casos y acaba por destruir la dignidad humana; palabras demasiado duras y fuertes pero no por ello inciertas que han llevado a ciudadanos equilibrados a volverse dementes por indefensión de sus derechos e incluso a acabar con su vida cuando lo daban todo por perdido. De esos barros vendrán los lodos deberían de haberse dado cuenta quienes mandaban en nuestro país desde hace una década, sin exculpar a los que estaban alineados al lado de los gobiernos que no fueron capaces de proteger los derechos ciudadanos viendo pasar de largo la prevaricación, el robo y la falsedad de compañeros de partido involucrados en causas ilegales.
Así es como se ha podido saber todo este desbarajuste político hasta ahora presumible, a costa de sufrir el vendaval de la crisis en nuestros cuerpos hemos sido conscientes de que, sabiendo que en todos los sitios cuecen habas, estas eran demasiado gordas para hervirlas en un solo recipiente y trataron de sacarlas de la olla para alimentarse a hurtadillas en otros lares. No podremos olvidar está crisis por mucho que lo intentemos, es demasiado sobria y dañina para hacerlo; la vida política se verá vigilada con pinzas hasta que el tiempo diga lo contrario y la economía que resulte de esté final de etapa deberá ser protegida con todas las fuerzas políticas empeñadas en ello, sin manifestaciones ideológicas que pongan en peligro el crecimiento y sin elecciones a la ligera por desafección pasajera. Quien la hace la paga pero no por ello, todos deben pagar sus consecuencias y ser obviados por la ciudadanía, el generalizar es un buen recurso para algunos miembros de la clase política sin saber que a ellos mismos les salpica toda la suciedad sacada a flote.
Pongamos también nuestro empeño en considerar a cada cual por sus merecimientos y eso nos hará mejores observadores de lo que nos conviene, forzar la salida de personal válido, sobre todo en las entidades locales, significa perder posibilidades a futuro; otra cosa es asistir a la continua exasperación que el Gobierno del PP induce a los ciudadanos cuando oyen misivas irracionales de sus integrantes como la desatención a los enfermos de hepatitis, la poco creíble lucha que mantienen con los laboratorios para suavizar el pago de los medicamentos, la prima de riesgo ostensiblemente confiable a nivel internacional, la Bolsa en niveles máximos con ganancias de las grandes empresas, la jactancia del Gobierno referenciando el crecimiento laboral por medio de unas exportaciones significativas y singulares, etc. En definitiva, una serie de predicamentos enmarañados en un discurso que dura demasiado y del que nada sacan de provecho la gran mayoría de españoles.
Todo esto es papel mojado para el ciudadano de a pie que solo conoce el problema evidente de carecer de trabajo para sustentar el hogar y sus familias. Si todo es tan boyante como pronostica el ministro de Economía y el miedo no debe existir, el susto prolongado que sus declaraciones durante la legislatura ha conferido es extremo y de ello bien sabe su colega de Hacienda con la usura como idioma o el líder cuando aparece con un discurso lamentable en ocasiones que solo se cree él y quien se lo hace.
No despeguemos el ojo del horizonte y mantengámonos alerta porque el caramelo viene por un lado y la acidez por cualquiera; miedo también da esa bajada prolongada del combustible que lejos de traer consecuencias beneficiosas puede afectar a los hogares sin darnos cuenta. La historia nos ha dado muestras de que, el recorte de los precios del crudo pueden ser tan alarmantes como lo ocurrido a mitad de los 70 cuando su aumento trajó consecuencias graves a las economías mundiales mientras los países generadores del mismo se convertían en potencias capaces de crear guerras o mantener la paz a su antojo.
La voluntad por testigo nos hará capaces de salir a flote de está grave situación que daña nuestros derechos y afecta nuestro vivir diario aunque sin embargo, seguiremos necesitando de los políticos comprometidos que lideren, protejan y lleven a cabo programas tan créibles, honestos y eficaces como su propia estima requieren y la sociedad espera.



























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