La inmigración se ha convertido en blanco de numerosos prejuicios, también en el ámbito sanitario. Se dice que las personas migrantes llegan enfermas, que suponen un riesgo para la salud pública o saturan los centros de salud. Sin embargo, la evidencia científica apunta lo contrario: los migrantes presentan, en general, mejor salud que la población de los países de acogida y utilizan menos los servicios sanitarios que la población local. Los bulos se desmontan con datos reales, y una vez más, los datos matan el relato.































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