Hay personas que dejan una huella imborrable en la historia de un pueblo. Hombres y mujeres que, con su trabajo, su sensibilidad y su compromiso, consiguen que las tradiciones no se pierdan en el olvido y que las nuevas generaciones puedan conocer y comprender la riqueza cultural heredada de sus mayores. En Canarias, una de esas figuras tiene nombre propio: Fernando Díaz Cutillas, conocido popularmente como Nanino, uno de los grandes divulgadores de nuestra cultura popular y una personalidad inseparable de la historia de la televisión en las islas.
Recordar a Nanino es recordar una manera de entender Canarias. Es volver a aquellos años en los que la música tradicional, las parrandas, los cantadores y las costumbres de nuestros pueblos encontraron una ventana abierta al mundo. Pero, sobre todo, es reconocer la labor de un hombre que supo comprender que la identidad de un territorio no se construye únicamente a través de sus grandes acontecimientos, sino también mediante las pequeñas historias, las canciones de siempre y la memoria de quienes han conservado nuestras tradiciones.
El nacimiento de un programa que hizo historia
La trayectoria de Nanino Díaz Cutillas quedó ligada para siempre a Tenderete, el histórico programa de Televisión Española en Canarias que comenzó sus emisiones en 1971. Desde sus primeros pasos, Nanino fue su director y presentador, convirtiéndose en el rostro más representativo de un espacio que terminaría ocupando un lugar privilegiado en la memoria sentimental de varias generaciones.
En una época en la que la televisión tenía una presencia muy diferente a la actual, Tenderete consiguió llevar la música popular canaria hasta los hogares de miles de familias. Las folías, las malagueñas, las isas, las seguidillas y otras manifestaciones de nuestro folclore encontraron en aquel programa un escenario donde podían mostrarse con naturalidad y orgullo.
Nanino no se limitaba a presentar a los participantes. Su manera de acercarse a los músicos y a las agrupaciones transmitía interés, respeto y una complicidad que contribuía a crear un ambiente familiar. Quienes se sentaban ante las cámaras no eran únicamente artistas invitados: eran también representantes de una tradición que había sobrevivido gracias al esfuerzo de muchas personas anónimas.
Aquella fue una de las grandes aportaciones de su trabajo. Conseguir que la cultura popular dejara de ser vista como una expresión limitada a determinados ambientes para convertirse en un patrimonio compartido por toda la sociedad canaria.
La historia de Tenderete también estuvo marcada por las dificultades propias de aquellos años. El programa atravesó una primera etapa de emisión, fue interrumpido y regresó posteriormente a la pantalla en 1983. Con su vuelta, Nanino continuó desempeñando una labor fundamental en la difusión del folclore y en el reconocimiento de quienes mantenían viva la música tradicional.
Mucho más que un presentador
Reducir la figura de Nanino a su faceta televisiva sería quedarse en una parte de su historia. Su inquietud por la cultura canaria se extendía a numerosos ámbitos, desde la música popular hasta las costumbres, los oficios tradicionales y el patrimonio etnográfico.
Su trabajo estuvo vinculado también a otros espacios televisivos, como El pueblo canta, Canarias viva y Perfiles isleños, con los que contribuyó a mostrar diferentes aspectos de la realidad cultural y social del archipiélago.
Nanino comprendía que Canarias era mucho más que sus paisajes y sus celebraciones más conocidas. Cada isla, cada municipio y cada barrio conservaban conocimientos, formas de vida y expresiones culturales que merecían ser recogidos y difundidos.
Por eso, su mirada se dirigía con frecuencia hacia las personas. Hacia los mayores que recordaban antiguas canciones, hacia los músicos que habían aprendido a tocar escuchando a sus padres y abuelos, y hacia los artesanos que seguían practicando oficios heredados de otras generaciones.
En esas personas encontraba una parte esencial de la historia de Canarias. Y, al darles protagonismo, contribuía a que sus conocimientos y experiencias no quedaran relegados al silencio.
Su labor nos recuerda que el patrimonio cultural no está formado únicamente por edificios históricos, documentos antiguos o piezas conservadas en los museos. También está en la memoria oral, en los instrumentos musicales, en las recetas tradicionales, en las fiestas populares y en todas aquellas expresiones que definen la personalidad de un pueblo.
Canarias se reconoció a sí misma
Uno de los aspectos más significativos del legado de Nanino fue su capacidad para despertar el interés por nuestras propias raíces.
A través de Tenderete, muchas personas descubrieron o volvieron a valorar canciones, instrumentos y estilos musicales que formaban parte de la tradición de sus familias. Las agrupaciones folclóricas encontraron un espacio de difusión, y numerosos intérpretes pudieron compartir su talento con un público mucho más amplio.
Aquella labor tuvo una dimensión que trascendía el entretenimiento. En torno a la música se reunían generaciones diferentes, se compartían recuerdos y se fortalecía el sentimiento de pertenencia a una tierra con una historia y unas tradiciones propias.
En una sociedad que experimentaba importantes transformaciones, dar presencia a la cultura popular significaba también defender el derecho de los canarios a conocer, valorar y transmitir su propia identidad.
Nanino contribuyó a que las canciones de nuestros pueblos encontraran un lugar destacado en la televisión y a que el folclore pudiera llegar a quienes vivían lejos de sus lugares de origen. Para muchos canarios emigrados, escuchar aquellas melodías suponía mantener vivo el vínculo emocional con su tierra.
Su trabajo demostró que una tradición no tiene por qué quedarse encerrada en el pasado. Puede seguir viva, emocionar a nuevas generaciones y encontrar su lugar en una sociedad moderna, siempre que exista voluntad de conocerla y transmitirla.
Una huella que alcanza a todos los pueblos
La importancia de Nanino Díaz Cutillas también debe entenderse desde la perspectiva de los municipios y de sus gentes.
Canarias conserva una enorme diversidad cultural. Cada localidad tiene sus fiestas, sus agrupaciones, sus historias y sus personajes, y en muchas ocasiones son los propios vecinos quienes mantienen viva esa herencia sin esperar reconocimiento alguno.
El trabajo de divulgación de Nanino ayudó a que esa riqueza tuviera visibilidad. Su manera de acercarse a la cultura popular reconocía el valor de las personas que, desde sus barrios y pueblos, dedicaban tiempo y esfuerzo a conservar las tradiciones.
En el norte de Gran Canaria, como en tantos otros lugares del archipiélago, las fiestas populares, las agrupaciones folclóricas, los artesanos, los músicos y los mayores forman parte de una memoria colectiva que merece ser protegida.
Recordar a Nanino es también recordar a todos aquellos hombres y mujeres que han contribuido a mantener vivas nuestras señas de identidad. Personas que quizá nunca ocuparon grandes titulares, pero cuyo trabajo ha sido imprescindible para que muchas costumbres hayan llegado hasta nuestros días.
Porque la cultura no pertenece exclusivamente a los escenarios profesionales ni a las instituciones. También nace en las plazas, en las asociaciones vecinales, en las reuniones familiares y en las parrandas improvisadas donde una canción es capaz de unir a varias generaciones.
Nanino supo reconocer ese valor y llevarlo hasta los hogares canarios.
Un legado que sigue vivo
Fernando Díaz Cutillas falleció en 1988, a los 52 años. Su desaparición supuso una pérdida importante para la comunicación y la cultura popular de Canarias, pero no significó el final de su influencia.
Su memoria ha continuado presente a través de homenajes, programas especiales y encuentros folclóricos que llevan su nombre. Asimismo, la Fundación Canaria Nanino Díaz Cutillas trabaja en la conservación y difusión del fondo cultural y etnográfico que reunió a lo largo de su vida.
Este legado, integrado por miles de objetos de distinta naturaleza, constituye un testimonio de su interés por las tradiciones y las formas de vida de las islas. Su conservación permite que las generaciones actuales y futuras puedan acercarse a una parte importante de la memoria cultural canaria.
También constituye una invitación a continuar la tarea que él defendió: investigar, documentar, divulgar y proteger aquello que nos identifica como pueblo.
Su reconocimiento institucional, con la concesión de la Medalla de Oro de Canarias y el título de Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria, refleja la importancia que alcanzó su figura y la huella que dejó en la sociedad isleña.
Pero, más allá de los homenajes y las distinciones, su mayor reconocimiento permanece en el cariño de quienes todavía asocian su nombre a aquellas tardes y noches de música, conversación y tradición frente al televisor.
Una lección para las nuevas generaciones
En la actualidad, cuando la comunicación se mueve a una velocidad extraordinaria y las nuevas tecnologías modifican constantemente nuestra forma de relacionarnos, el ejemplo de Nanino adquiere un significado especial.
Nos recuerda que conservar nuestras raíces no significa renunciar al progreso. Al contrario, conocer nuestra historia y nuestras tradiciones nos permite avanzar con una identidad más sólida y comprender mejor la sociedad de la que formamos parte.
Las nuevas generaciones necesitan conocer a quienes dedicaron su vida a preservar la cultura canaria. Necesitan descubrir que detrás de cada canción existe una historia, que cada instrumento guarda una tradición y que muchas de las costumbres que hoy disfrutamos han llegado hasta nosotros gracias al esfuerzo de personas que supieron darles valor.
Por eso, mantener vivo el legado de Nanino no consiste únicamente en recordar su nombre o recuperar las imágenes de sus programas. Significa continuar prestando atención a nuestros músicos, a nuestros artesanos, a nuestros mayores y a todas aquellas personas que mantienen viva la cultura popular.
Significa, también, seguir abriendo espacios para que nuestras tradiciones puedan compartirse, transmitirse y evolucionar sin perder su esencia.
Nanino, siempre presente en la memoria de Canarias
Hay nombres que terminan convirtiéndose en parte de la historia sentimental de un pueblo. Nanino Díaz Cutillas es uno de ellos.
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