
Hoy, jueves 30 de julio, un caminante me lo dijo: “¡qué agradable el olor del césped recién cortado! ¡Con qué pocas cosas somos felices! ¡Ay qué ver!” Luego, tras desamarrar a su perro, y dejarlo trotar libremente por la Avenida de Visvique o La Charca, como dice Juan Sosa, reanudó su caminata.
En cambio, otras personas prefieren olores más agradables y domésticos, como las sábanas acabadas de colocar en la cama, donde resaltan su presencia y, acaso, su prestancia. En fin: para colores, gustos variados y sinceros, dicho con naturalidad. De lo que se deduce que todos tenemos ganas de hablar, de decir y, sobre todo, de sentirnos escuchados. Seguramente, una vez superado el corte inaugural, la idea tenga futuro en sucesivas y oportunas coincidencias en la marcha diaria: con el fresco, pues los días están demasiado calurosos en esta semana.
Y le diría al caminante con quien me cruzo, si se tercia, que particularmente a mí el corte del césped de los jardines y travesías comunales no me gusta nada; es más, me provocan debido a su intenso olor. Por eso lo de los colores. A cada uno lo suyo. Como siempre ha sido.
Juan FERRERA GIL
































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