Tumba de Ángel Bécares MasEl capitan Ángel Bécares Mas
Ángel Bécares nació el 18 de enero de 1883. Ingresó en el servicio militar activo el 25 de marzo de 1897.
El 27 de enero de 1911 llegaba a la Villa como integrante de la comisión encargada de realizar el plano militar de la provincia de Canarias e integrada por alumnos en prácticas de la Escuela Superior de Guerra, capitanes de caballería y de la Academia de Infantería, a la que pertenecía Bécares.
Unos días más tarde, el capitán Bécares fallecía sin nadie esperarlo con 28 años de edad. Tal como reseñó la crónica la noticia difundida rápidamente por el pueblo fue una “desagradable sorpresa en este vecindario pues se ignoraba que estuviese enfermo, y porque si siempre la muerte deja un vacío en este caso, la pena era mayor por tratarse de una persona recién llegada a esta isla a la que le eran tan gratos los lugares que había recorrido de Gran Canaria, y que además era joven, simpático e inteligente de quien la patria mucho podía esperar”
El alcalde acudió rápidamente al hotel y dio su pésame personal y en nombre del pueblo a los dignos compañeros del finado, testimoniándoles la pena que había ocasionado la muerte del infortunado capitán en esta población.
Durante todo el día continuaron desfilando ante el cadáver, que se hallaba colocado en capilla ardiente muchas personas y por la noche continuaron acompañándole.
Pero cuando más evidente se hizo el duelo general fue al día siguiente durante las exequias en la iglesia del Pino que casi se llenó de fieles a pesar de su amplitud, y más tarde en la traslación del cadáver al cementerio, a cuyo acto concurrieron muchos militares y el pueblo de Teror en masa.
Los compañeros militares hicieron llegar al ayuntamiento una carta agradeciendo todo ello en los términos siguientes:
“Sr. Alcalde Constitucional de la Villa de Teror. Muy distinguido Sr. nuestro: el fallecimiento de nuestro Compañero el Capitán D. Ángel Bécares, ocurrido en esa hidalga Villa de manera rápida é inesperada, puso de manifiesto ante nosotros, los sentimientos de un pueblo que sabe amar á su Patria, en la persona de un Oficial del Ejército. Jamás olvidaremos Sr. Alcalde, que un amigo querido á quien su madre atribulada no volverá á ver jamás fué sorprendido por la muerte entre brazos amantísimos, que si no pudieron restituirlo á su hogar, supieron rendir con exceso el último tributo á su cadáver. Las delicadas atenciones que tuvieron para el finado, los servicios de Teror y su Ayuntamiento, los lazos poderosos que nos ligan con agradecimiento imperecedero, á todos los que habitan en ese término municipal, y si sensible fué la pérdida que experimentamos, podéis creer Sr. Alcalde que nos produjo emoción intensísima, el presenciar la parte que en nuestra pena, supieron tomar todas las ciases sociales de Teror. Regresaremos á nuestras casas con un compañero menos, pero allí donde esté uno siquiera de los que quedamos pueden contar sus consecuencias con nuestro fraternal cariño y leal aunque modesta cooperación. Reciba V.S. Este humilde testimonio de reconocimiento de los compañeros del finado”
Ángel Bécares y Mas está enterrado desde entonces en una fosa cubierta por una pieza de mármol realizada por el marmolista napolitano ubicado en la calle Triana Enrique Wiot Leanza, y que fue propiedad del teniente de Infantería Jacinto Roses y Gutiérrez del Castillo.
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Margarita Yánez Melián
Margarita de Jesús Yánez Melián nació en la calle de la Herrería el 10 de junio de 1853, hija de Carlos Yánez Melián y María del Rosario Santana. Casó con Manuel Acosta Sarmiento, que nació en el Rincón de Abajo (actual Barrio del Pino) el 23 de diciembre de 1853, hijo del labrador y concejal, Cipriano Acosta Suárez y de Francisca Sarmiento Navarro.
Manuel Acosta se dedicó al comercio y a la política; los afanes, junto a su familia, más importantes de su vida. Se adscribió al Partido Liberal de don Fernando León y Castillo y gobernó, con algún que otro contratiempo (como el del inicio del llamado pleito de la Fuente Agria) durante más de dos décadas, desde 1890 a 1912.
El 5 de diciembre de 1879 casó con Margarita Yánez Melián, tía de otra saga, los Yánez Matos, de gran relevancia en estos años; con quien tuvo a:
-José casado con Trinidad Navarro Cambreleng.
-Margarita casada con su primo Carlos Yánez Matos.
-Mª del Rosario que tomó los hábitos del Císter.
-Manuel casado con Isabel Alonso Jiménez.
-Francisco casado con Isabel Henríquez Molina.
-Mª de los Dolores que tomó los hábitos de la Orden de Esclavas Adoratrices del Santísimo Sacramento.
El alcalde que terminara el siglo XIX, viera los pleitos de la Fuente Agria, la Coronación Canónica de la Virgen del Pino, o acompañara en su visita la Villa a Miguel de Unamuno dejó de serlo entre graves acusaciones por parte del vecindario terorense y de las otras facciones políticas que en la España de la Restauración se disputaban el poder.
Manuel Acosta falleció el 12 de abril de 1919, pero hasta del gobierno de Juan de Dios Ramos; ninguna persona le había podido arrebatar el récord de haber sido el alcalde que desde la época de la conquista con la presencia de los alcaldes reales, hasta la aparición de los ayuntamientos constitucionales a raíz de la Constitución de Cádiz y en todo el periodo transcurrido desde entonces; más tiempo ha gobernado el vecindario de la Villa Mariana de la Gran Canaria; desde 1890 a 1912 con un intervalo de un año en el que un representante de otra familia poderosa, Sebastián Henríquez, lo sustituyó.
Margarita Yánez falleció el 27 de marzo de 1929 y ocupa desde entonces en virtud del acuerdo firmado el 23 de agosto de 1923 una capilla presidida por una bellísima escultura de mármol
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Francisco González Díaz
En 1912, la carretera en construcción entre Arucas y Teror recibía en su salida de la Villa Mariana, el nombre de un intelectual grancanario que unos años antes comenzaba una larga y fructífera relación con los terorenses: Francisco González Díaz.
Cuando González Díaz vino a vivir en Teror: hacía tiempo que gobernaba los destinos de la misma un típico representante de la oligarquía rural característica de nuestras islas, Manuel Acosta Sarmiento.
Fue bien aceptado por toda esta clase alta terorense. A sus múltiples cualidades oratorias y literarias, unía también su entronque familiar. Su tío, Bruno González era con los Gourié, el ostentador del poder económico en Arucas; su prima Rosario González era la marquesa de Arucas; otro de sus primos, hijo de su tía Rafaela González y del guiense José Rivero, fue el poeta Domingo Rivero.
Podemos afirmar que lo que acercó en un primer momento a González Díaz hasta Teror, fue la difusión de su campaña por el arbolado de la isla en el que tenía marcado todo su empeño desde principios de siglo. Aquí encontró apoyo a su cruzada y, después de Las Palmas de Gran Canaria, fue en Teror el primer lugar donde se realizó el Día del Árbol en febrero de 1911.
El 6 de febrero de 1912, un grupo de vecinos, movidos por el deseo de agradecérselo, solicitaron a la corporación municipal de entonces se dignara en nominar el paseo abierto como inicio de la proyectada carretera que uniría Teror con la ciudad de Arucas. El Ayuntamiento acogió favorablemente la propuesta y desde entonces el comienzo de esta carretera hasta la finca de Osorio lleva su nombre. Asimismo, se advertía la alteración que trajo consigo el distanciamiento de los hermanos León y Castillo, así como el cambio que se experimentó en los últimos años de vida de Fernando León y Castillo.
No pudo González Díaz por tanto estar ajeno a los avatares que experimentó el pueblo durante esos años. Y el más representativo de todos ellos fue el consabido pleito de la Fuente Agria, que rompió incluso las alianzas familiares a que nos hemos referido. Si en febrero del 1912 se producía la solicitud de denominación de calle mencionada, tan sólo un mes antes en enero del mismo año, Jerónimo del Río, apoderado por unos vecinos del municipio ponía en cuestión la titularidad de la Fuente. González Díaz también tomó partido, teniendo arte y parte un tiempo más tarde en la famosa Manifestación de la Fuente Agria.
González Díaz, con el deseo de disfrutar de su peculiar clausura terorense, se acomodaba a las circunstancias cambiantes. Lo mismo escribía al pino del Barrio de su mismo nombre: “Monarca venerable, no abdiques tu corona; eres como un abuelo herido por los años que envejeció sufriendo penas y desengaños y a quien ni el tiempo abate ni la vejez destrona”, que alababa la iniciativa briosa del alcalde, Isaac Domínguez al dar cuenta de las obras llevadas a cabo en 1926 en la Alameda, y en las que que describía una verbena canaria donde “ni el menor detalle faltaba: refajos rojos, pañuelos multicolores, zapatos “resolaos”, sombreritos de tierra adentro, medias bastas de algodón, enormes pendientes, grandes cuchillos en la faja de los improvisados palurdos”; o enaltecía las excelencias de las obras que se hacían en el pueblo cuando en 1937 participaba en la inauguración de la calle Calvo Sotelo, en la actualidad calle Nueva.
En este sentido, y sin menosprecio alguno a todo lo que durante años escribió en prensa o lanzó al aire desde las tribunas sobre la Villa, en 1918 lanzó a la imprenta un libro con el que en humilde tributo de amor a sus gracias y bellezas habló del lugar y las gentes que años antes lo habían acogido. Con el sencillo título de Teror regaló a la bibliografía terorense uno de sus más preciados ejemplos. El ayuntamiento, en acertada iniciativa, lo reeditó en el 2006.
En los años veinte, una vez transcurrido el primer periodo de su estadía en el pueblo, se trasladó con el Hotel Royal desde su inicial ubicación hasta la construcción que en esta década adornara el comienzo del paseo que llevaba su nombre. Allí estuvo hasta su muerte. Éste fue su asilo y su refugio y desde el hotel participó en la vida pueblerina y sencilla pero cargada de acontecimientos de Teror, en los foros periodísticos más importantes, en los círculos más clasistas o en enriquecedores viajes.
Pero siempre regresaba a Teror.
Desde una ventana del hotel que lo tenía como una parte más de su familia, y fruto de la depresión en que transcurrieron sus últimos meses de vida, se lanzó sobre la calle de su mismo nombre el cinco de abril de 1945.
José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror






























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