Primero Canarias: lo público para los discursos, lo privado para los contratos y Coalición Canaria para los sillones

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]Hay que reconocerle una virtud al candidato de Primero Canarias: tiene una capacidad extraordinaria para defender una cosa delante de un micrófono y practicar otra cuando se sienta en el despacho de la Alcaldía. Lo suyo empieza a parecerse a un espectáculo de ilusionismo político. Por un lado entra la defensa de los servicios públicos y, por el otro, salen convenios con universidades privadas, residencias gestionadas por empresas y servicios municipales camino de la externalización. ¡Abracadabra! Lo público desaparece de la gestión, pero permanece intacto en el discurso electoral.
 
En una reciente entrevista celebrada en una radio, el aspirante a representar a la provincia de Las Palmas en el Congreso se envolvía en la bandera de lo público con una pasión que casi emocionaba. Universidad pública, residencias públicas, servicios públicos... ¡Qué maravilla escucharlo! Cualquiera diría que estábamos ante el último defensor del Estado del bienestar, un revolucionario de las políticas sociales dispuesto a enfrentarse a los grandes intereses privados. Solo faltaba que levantara el puño y entonara alguna canción reivindicativa. Pero, claro, entonces recordamos que quien hablaba era el mismo señor que gobierna Gáldar. Y ahí se acaba la función y empieza la comedia.
 
Porque resulta que mientras reclama universidad pública, su Ayuntamiento ha firmado un convenio con la Universidad Fernando Pessoa-Canarias, una institución privada, para explorar su implantación en el municipio y la utilización de instalaciones municipales. ¡Qué curioso concepto de universidad pública! Se reclama una cosa para la galería y se hacen gestiones para otra desde el despacho. Parece que la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria no despierta el mismo entusiasmo institucional. ¿Será que lo público queda muy bonito en las entrevistas, pero lo privado resulta más atractivo cuando toca cortar cintas, posar para fotografías y anunciar grandes proyectos?
 
Pero el espectáculo continúa. Hablemos de nuestros mayores, esos que tanto aparecen en los discursos institucionales, especialmente cuando hay cámaras, homenajes, flores y fotografías. La residencia Genoveva Pérez sigue siendo de titularidad municipal, pero su gestión está en manos de una empresa privada. Y aquí llega otra genialidad de nuestro particular defensor de lo público: el edificio es del pueblo, pero la gestión se contrata fuera. ¡Fantástico! Debe de ser esa nueva modalidad de servicio público que consiste en conservar la fachada municipal mientras se entrega la gestión a una empresa.
 
Y después, cuando llega la entrevista, a defender las residencias públicas con solemnidad, sensibilidad social y expresión de profunda preocupación. ¡Qué capacidad interpretativa! Hay actores que necesitan años de formación para conseguir semejante transformación de personaje.
 
Pero no nos quedemos en la universidad y la residencia, porque el catálogo de contradicciones municipales merece una exposición permanente. El mantenimiento del alumbrado público se saca a licitación. La limpieza de calles, playas, parques y espacios municipales se encamina también hacia la prestación mediante una empresa externa. Y así, contrato tras contrato, se va dibujando un modelo en el que el Ayuntamiento conserva la responsabilidad del servicio, pero encarga su ejecución al sector privado.
 
Por supuesto, externalizar no significa automáticamente prestar un mal servicio, ni toda contratación privada es ilegítima. Lo verdaderamente sorprendente es escuchar tanta épica sobre lo público sin una explicación igualmente apasionada de por qué se elige este modelo de gestión en Gáldar. Porque defender los servicios públicos no consiste únicamente en garantizar que existan. También implica explicar quién los gestiona, cómo se controla su calidad, qué condiciones laborales se garantizan y qué alternativas públicas se han estudiado.
Pero pedir semejantes explicaciones debe de resultar demasiado prosaico para quienes prefieren las grandes declaraciones, los titulares luminosos y las fotografías con cara de estadista.
 
Y cuando parecía que el espectáculo no podía mejorar, aparece Coalición Canaria. ¡Señoras y señores, con todos ustedes, la gran renovación política de Canarias! Primero Canarias, que se presenta como una alternativa nacida para defender los intereses de Gran Canaria, termina estrechando la mano de una formación que durante décadas ha sido uno de los grandes protagonistas del poder autonómico.
 
La misma Coalición Canaria cuyo centro de gravedad político ha estado históricamente en Tenerife. La misma formación identificada por sus críticos con los sectores más conservadores y acomodados del nacionalismo canario. Esa derecha burguesa de despachos, equilibrios de poder y pactos de conveniencia que ahora parece haber descubierto, por arte de magia, una maravillosa afinidad con los nuevos salvadores de Gran Canaria.
 
¡Qué enternecedor reencuentro! Los que venían a cambiar las reglas del juego terminan sentándose a jugar con quienes llevan décadas repartiendo las cartas. Y todavía pretenden vendernos la partida como una revolución.
Porque esa es otra de las grandes habilidades de nuestra política insular: convertir cualquier pacto en un acontecimiento histórico, cualquier acuerdo electoral en un acto de responsabilidad y cualquier contradicción en una demostración de madurez. Ayer se hablaba de defender a Gran Canaria frente a determinados centros de poder; hoy se comparte proyecto electoral con ellos. Lo que antes parecía un problema ahora se presenta como la solución. Y quien se atreva a señalar la incoherencia será, seguramente, alguien que no ha comprendido la extraordinaria complejidad de la nueva política canaria.
 
Lo que sí comprendemos perfectamente es que los sillones tienen una capacidad de reconciliación que ya quisieran para sí los mejores mediadores internacionales.
 
Y mientras tanto, Gáldar continúa sirviendo de escaparate político. Una ciudad donde parece que cada anuncio necesita su fotografía, cada proyecto su ceremonia y cada promesa su correspondiente baño de propaganda. Ahora también nos toca contemplar cómo se pretende vender un modelo de defensa de lo público que, cuando se examina desde la experiencia municipal, deja bastantes más preguntas que respuestas.
 
Porque aquí está la verdadera cuestión: ¿qué modelo de gestión defiende realmente Primero Canarias? ¿El de las grandes declaraciones sobre lo público o el de las externalizaciones que impulsa el Ayuntamiento gobernado por su candidato? ¿El de una universidad pública para el norte o el de facilitar la llegada de una institución privada? ¿El de una administración que gestione directamente sus servicios o el de una administración convertida progresivamente en supervisora de contratos?
 
Y en el terreno político, ¿qué renovación representa caminar de la mano de Coalición Canaria? ¿Qué tiene de novedoso presentar como futuro lo que se parece tanto a las viejas alianzas de siempre?
 
A lo mejor el problema es nuestro, que seguimos empeñados en exigir coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Quizá todavía no hemos entendido que en esta nueva etapa de la política canaria las ideologías son flexibles, los principios negociables y las contradicciones simples detalles sin importancia que se solucionan con una buena rueda de prensa.
 
Aquí se puede defender lo público mientras se contrata lo privado, reivindicar una nueva forma de hacer política mientras se pacta con los de siempre y presentarse como la gran esperanza de Gran Canaria mientras se abraza a quienes durante años se ha señalado como parte del problema.
 
Y todo ello sin despeinarse, con sonrisa institucional, bandera canaria de fondo y el correspondiente discurso sobre el futuro de nuestra tierra.
 
Lo verdaderamente preocupante no es que existan contratos con empresas privadas o pactos entre organizaciones políticas. Lo preocupante es pretender que la ciudadanía no advierta las contradicciones, que acepte los discursos sin contrastarlos con las decisiones y que confunda una entrevista bien preparada con un proyecto político coherente.
 
Porque el problema de algunos mesías de la política no es que prometan milagros. Es que esperan que los demás tengamos fe suficiente para no comprobarlos.
 
Así que, cuando vuelvan a hablarnos de universidad pública, residencias públicas y defensa de los servicios públicos, quizá convendría hacerles una pregunta mucho más sencilla: ¿por qué no empiezan demostrando en Gáldar ese modelo que ahora prometen para toda Canarias?
 
Y cuando vuelvan a hablarnos de renovación, habrá que recordarles que cambiarle el envoltorio a la vieja política no convierte su contenido en algo nuevo.
 
Al final, Primero Canarias parece haber encontrado la fórmula perfecta: lo público para emocionar al electorado, lo privado para gestionar los servicios y Coalición Canaria para acompañar el viaje hacia Madrid.
 
¡Viva la coherencia! ¡Viva la renovación! Y, sobre todo, ¡viva esa extraordinaria capacidad para defender una cosa y hacer otra!
 
Porque en esta tierra ya conocemos demasiado bien a quienes prometen cambiarlo todo para terminar procurando que nada cambie demasiado.
 
Y si este es el modelo que nos ofrecen, que al menos tengan la delicadeza de no venderlo como una revolución.
 
Guayarmina Guanarteme
 
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