
Estimados lectores: hoy el no tener tema del que hablar se ha convertido en el verdadero asunto que destripa las cosas.
Después de comprar en el supermercado de los nietos de Minguita, así lo llama mi señora, me he sentado delante del ordenador. Una vez colocada la compra y en espera del café de media mañana, aguado, eso sí, he intentado poner orden en los asuntos cotidianos. Pero no hay modo ni manera. Conclusión prematura: el tema de esta semana es el no-tema. Salvando las distancias, por supuesto, emulo a García Márquez en sus Textos costeños, que, una vez recuperados del olvido, he descubierto que algunos tenían anotaciones en el sentido de que ya los había utilizado en FP o en 1º de BUP. ¡Qué cosas! Eran los primeros tiempos dedicados a la enseñanza de la Lengua y la Literatura. Por si están interesados, dejemos su reseña: Gabriel García Márquez, Obra periodística Vol. 1, Textos costeños, Editorial Bruguera, Barcelona, 1981.
Bueno, hasta aquí todo normal: no tengo tema. Sí, en cambio, podría hablarles de muchas cosas que despertaran su interés. Pero son tantos los asuntos que se agolpan en este día gris que no sabría por dónde empezar. Porque el tema de Ceuta está muy trillado y no haría más que marear la perdiz una y mil veces. Hablarles del Gobierno me parece un asunto peliagudo porque a estas alturas de la película sus voces y sus maneras de ser sobresaldrían por encima de las que plantea este modesto escribidor. Así que no hay tema. Si lo desean, inteligentes lectores, podrían abandonar ya la sección. Y no pasaría absolutamente nada. Pero me temo que la curiosidad que ustedes llevan encima no los abandonará nunca a medio camino. Es una posibilidad. Si viviéramos otros momentos, les pediría que encendieran un cigarro. Aunque los tiempos que corren son tan distintos que ahora parecería una bobada, por calificarlo de manera suave. En cualquier caso, lo seguro es que no hay tema.
Por último, lo he intentado con los periódicos de fin de semana. Pero no hay nada que hacer. Copiar a estas alturas me parece indigno y una manera de actuar un tanto complicada. Así que decido tirar la toalla. Y abandonar definitivamente toda pretensión imaginativa que no llega a suceder. Otra vez será.
Ya les dije, inteligentes lectores, que abandonaran toda pretensión en su momento. Pero la curiosidad excesiva mató al gato. Pues eso.
Juan FERRERA GIL






























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