El dolor de las víctimas no es un arma política: basta ya

Pedro Lorenzo Rodríguez Reyes.

[Img #38244]Las víctimas no son armas políticas: respeto, memoria y humanidad

 

Se acercan el Día de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos. Son días en los que volvemos la mirada al cielo, recordamos a quienes ya no están físicamente con nosotros y sentimos, quizá con más intensidad que nunca, el vacío que dejan las personas que amamos.

 

Son días de oración, de recuerdos, de lágrimas silenciosas y de abrazos que nos gustaría poder dar una vez más. Días en los que muchas familias se acercan a los cementerios, pronuncian nombres queridos y mantienen viva la memoria de quienes formaron parte de sus vidas.

 

Y precisamente ahora, cuando la muerte y el recuerdo nos invitan a reflexionar sobre lo verdaderamente importante, me duele profundamente contemplar cómo el sufrimiento de las víctimas de una tragedia ferroviaria y el de sus familiares puede convertirse en motivo de enfrentamiento político.

 

Como sacerdote, no puedo permanecer indiferente ante el dolor de estas familias. Están en mis oraciones. Rezo por quienes han perdido la vida, por quienes luchan por recuperarse y, de una manera muy especial, por sus familiares, que tendrán que aprender a vivir con una ausencia que ninguna palabra puede llenar.

 

Pienso en quienes todavía esperan respuestas, en quienes reviven una y otra vez los últimos momentos de sus seres queridos y en quienes se preguntan cómo seguir adelante cuando una parte de su mundo se ha derrumbado.

 

A todos ellos quiero hacerles llegar mi cercanía, mi oración y mi abrazo fraterno. Que encuentren consuelo en el amor de quienes los acompañan, fortaleza para afrontar cada nuevo día y esperanza cuando el dolor parezca demasiado grande.

 

Hay momentos en los que el silencio respetuoso vale mucho más que mil discursos. Y hay dolores ante los que la primera obligación moral es tener humanidad.

 

Por eso me indigna ver cómo determinadas tragedias se convierten en instrumentos de confrontación. Me preocupa especialmente la utilización política del dolor por parte de representantes políticos, cuando sus discursos parecen anteponer la batalla partidista a la sensibilidad que merecen las víctimas y sus familias.

 

Y hay líneas que nunca deberían cruzarse en política. Una de ellas es utilizar el sufrimiento de las víctimas y de sus familiares como arma arrojadiza para desgastar al adversario. Sin embargo, una vez más, asistimos a un espectáculo que indigna y avergüenza: el dolor humano convertido en munición política.

 

El accidente ferroviario nos recuerda, de la manera más cruel, que detrás de cada tragedia hay personas, familias destrozadas, proyectos de vida truncados y un sufrimiento que no desaparece cuando las cámaras se marchan. Hay padres, madres, hijos, hermanos y amigos que tendrán que aprender a vivir con una ausencia irreparable.

 

Y mientras esas familias intentan asimilar lo ocurrido, algunos parecen más preocupados por obtener rédito político que por acompañarlas en su dolor.

 

¿Dónde queda la humanidad? ¿Dónde está la empatía? ¿En qué momento hemos permitido que el sufrimiento de los demás se convierta en una oportunidad para hacer campaña?

 

Resulta especialmente indignante observar cómo determinados discursos políticos, utilizan las tragedias para alimentar la confrontación, señalar enemigos y sacar provecho del dolor ajeno. La crítica política es legítima y necesaria, pero hay una diferencia enorme entre exigir responsabilidades y aprovecharse de una desgracia.

 

No se trata de silenciar a nadie ni de impedir que se investigue lo ocurrido. Todo lo contrario: las víctimas merecen verdad, justicia, transparencia y respuestas. Si existen responsabilidades, deben esclarecerse y asumirse, sin privilegios ni encubrimientos. Pero una cosa es exigir justicia y otra muy distinta convertir el sufrimiento en un espectáculo de enfrentamiento partidista.

 

Y aquí conviene recordar algo que parece olvidarse demasiado pronto: la memoria de las víctimas no puede ser selectiva, ni la exigencia de responsabilidades puede cambiar según el color político de quien gobierne.

 

¿Acaso hemos olvidado el accidente ferroviario de Angrois, en Galicia? ¿Y la tragedia del Madrid Arena?... ¿Dónde estaban entonces muchos de quienes hoy se presentan como defensores de la verdad y de las víctimas? ¿Qué discursos escuchamos? ¿Qué responsabilidades se exigieron y cuáles se intentaron eludir?

 

Cada tragedia tiene sus propias circunstancias y merece una investigación rigurosa. No se trata de equiparar casos diferentes, sino de reclamar coherencia. Si exigimos explicaciones a un gobierno, debemos exigirlas también a otro. Si reclamamos justicia para unas víctimas, debemos defenderla para todas. No debería haber partidos que solo recuerden determinadas desgracias cuando pueden utilizarlas contra sus adversarios.

 

Lo que necesitamos no son políticos compitiendo por ver quién grita más, quién insulta mejor o quién consigue más titulares. Necesitamos representantes públicos capaces de mostrar respeto, escuchar a las familias, exigir investigaciones independientes y garantizar que se adopten medidas para evitar que tragedias similares vuelvan a ocurrir.

 

Porque gobernar y ejercer la oposición implica una responsabilidad moral. Las palabras tienen consecuencias, especialmente cuando se pronuncian en momentos de sufrimiento colectivo. La crítica debe existir, por supuesto, pero sin deshumanizar a nadie y sin convertir a las víctimas en instrumentos de propaganda.

 

Basta ya de utilizar a los muertos para ganar votos. Basta ya de convertir el duelo en una batalla partidista. Basta ya de una memoria que solo se activa cuando interesa políticamente.

 

A las víctimas y a sus familiares se les debe respeto. Se les debe verdad. Se les debe justicia. Y, sobre todo, se les debe la dignidad de no convertir su sufrimiento en un instrumento al servicio de ninguna formación política.

 

Que se investigue todo lo que haya que investigar. Que se depuren las responsabilidades que correspondan. Que se exijan explicaciones a quien tenga que darlas, gobierne quien gobierne.

 

Y que, por una vez, la humanidad esté por encima de la propaganda.

 

Porque hay dolores que no deberían utilizarse para ganar una batalla política. Hay ausencias que ninguna declaración puede reparar. Y hay una obligación que debería unirnos a todos, por encima de las siglas: respetar a las víctimas, acompañar a sus familias y trabajar para que ninguna otra familia tenga que sufrir una tragedia semejante.

 

A todas las víctimas y a sus familiares: mi cercanía, mi abrazo y mi oración.

 

Que el Señor les conceda consuelo, fortaleza y esperanza.

 

Por ellas. Por ellos. Por todas las víctimas. Por humanidad. Por justicia. Por favor, basta ya.

 

Pedro Lorenzo Rodríguez Reyes.

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.219

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.