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Hace unos días tuve la oportunidad de visionar el documental Astrid Lindgren, diarios de guerra. Quizás se estén preguntando quién es Astrid Lindgren ya que probablemente por su nombre no la reconozcan pero si les digo que fue la creadora del mítico personaje infantil Pippi Langstrump, o Pipi Calzaslargas como se la conoció en España, ya seguro sepan de quién estoy hablando.
Sucede que muchas veces el personaje se hace mucho más famoso que la persona que lo creó: pasó con Frankenstein y con su autora la británica Mary Shelley, o Sherlock Holmes y el también británico Sir Arthur Conan Doyle, entre otros tantos personajes míticos de la literatura universal.
Astrid Lindgren, quien nació en 1907 en Vimmerby, una pequeña ciudad ubicada a 290 kilómetros al sur de Estocolmo, rodeada de bosques y pequeños lagos, comenzó a escribir la historia de la niña que le haría mundialmente conocida como escritora para entretener a su hija Karin.
Les cuento. Como saben, Pippi, la niña de pecas y trenzas de pelo rojo casi horizontales, ejemplo de puro reflejo de su espíritu de contradicción, es un personaje literario de tan solo nueve años de edad que vivía en una casa acompañada únicamente por un caballo de lunares llamado Pequeño Tío y un mono llamado Señor Nilsson. Pippi vive sin la supervisión ni compañía de personas adultas ya que es huérfana de madre, y su padre, Efraim Långstrump, es un pirata, rey de los congoleses.
Pippilota, dotada de una enorme fortaleza física, se niega a aceptar las normas de la sociedad adulta. Ella vive feliz e independiente en su casa llamada Villa Villekulla, acompañada únicamente por sus mascotas, y compartiendo amistad con dos hermanos de su edad con quienes comparte la magia de la libertad y de las aventuras.
La historia de Pippi nació en el invierno de 1941, cuando Karin, la pequeña de los dos hijos de Lindgren, se encontraba con siete años metida en cama aquejada por una enfermedad de los pulmones y le pidió que le contara un cuento. La escritora sueca se inventó la historia de una niña fuerte y anárquica cuyas aventuras escucharía su hija y los amigos de esta. Dos años después, cuando la autora noruega se fracturó una pierna, decidió darle forma al cuento y ahí nació Pippi Langstrump, un cuento infantil cuyo manuscrito regaló a su hija en su décimo cumpleaños.
El documental Astrid Lindgren, diarios de guerra que pude ver hace una semanas vio la luz este año y en él se repasa la vida de la célebre escritora durante la Segunda Guerra Mundial, mostrando cómo plasmó sus reflexiones en sus diarios personales y cómo esos escritos íntimos y el poder de la escritura la acompañaron en estos diarios que recorren los años desde 1939 a 1945 y que permanecieron ocultos en una cesta de mimbre en un armario de su domicilio en Estocolmo hasta su fallecimiento en 2002.
El documento cinematográfico hace un recorrido por la vida de la autora noruega a través de la mirada de su hija, de su nieta y de su bisnieto, quienes hablan de la autora desde la intimidad de sus recuerdos y vivencias en común. Así descubrimos que Astrid dedicó a su hija la obra de Pippi y que fue esta quien le puso el nombre, así como que la obra fue rechazada por varias editoriales antes de ser publicada tras ganar un concurso literarioa, eso sí, tuvo que suavizar el carácter independiente e irreverente de la niña Pippi. A partir de entonces el libro alcanzó gran éxito, llegando a ser traducido a setenta idiomas. Sin embargo, el éxito mundial lo lograría realmente a finales de los sesenta del siglo pasado, cuando se rodó una serie de televisión.
Para entonces ya Lindgren era una autora de reconocida con una producción literaria importante en la que destacan obras como Los hermanos Corazón de León, Ronja, la hija del bandolero y Mio, mi pequeño Mio. Fue una autora reconocida en vida. De hecho, obtuvo diversos reconocimientos como el Premio Hans Christian Andersen en 1958, considerado el Nobel de la literatura infantil.
Por cierto, si les interesa, también se ha producido un biopic sobre la autora sueca, 'Conociendo a Astrid', en el que se hace un recorrido por su vida, desde sus orígenes en un pequeño pueblo rural en Vimmerby, donde comenzó a trabajar en un diario local. En este diario, inició una relación con el director y editor jefe, Reinhold Blomberg, del que quedó embarazada a los 18 años. En ese momento, Blomberg estaba inmerso en un proceso de divorcio de su anterior esposa. Para evitar el escándalo, Astrid se mudó sola a Estocolmo y luego a Copenhague para dar a luz en secreto a su hijo Lars. Años más tarde se sacaría con Sture Lindgren, de quien adoptó el apellido y con quien tuvo a su hija Karin.
Pero volvamos al documental. Lo interesante del mismo es que nos adentra en una faceta muy diferente de la autora de cuentos infantiles Astrid Lindgren, ya que a través del documental -y de sus diarios- accedemos a las opiniones de la autora sobre política y a visión sobre las consecuencias desastrosas que provocó la Segunda Guerra Mundial; así como nos adentramos en sus miedos ante la posible invasión de Noruega por parte de las tropas nazis y el pavor que genera cualquier situación bélica.
En los diarios, podemos conocer a una mujer de firmes ideas políticas que defiende el sistema democrático de gobierno y teme por un mundo gobernado por el terror que genera el fascismo y la violencia de las armas. Además muestra su absoluto pesar y preocupación por la muerte y hambruna de pueblos como los judíos polacos y expone el proceso de la llegada de refugiados políticos que huyen de Polonia y Alemania hacia el norte de Europa. Familias enteras que huyen de la guerra y la muerte.
No dejo de pensar en lo terriblemente trágico y doloroso que sería vivir una situación así y en lo sumamente irresponsable que supone alentar este tipo de situaciones dirigiendo a las sociedades hacia el conflicto bélico así como no puedo evitar encontrar cierto paralelismo con la situación política actual en la que el miedo a vivir una tercera guerra mundial está latente en la opinión pública donde las posiciones polarizadas y beligerantes de los distintos partidos políticos y de la población marcan el día a día actual. Y no sólo en nuestro país sino en toda Europa.
Sin querer ser catastrofista, les comento que, al visionar el documental, fui totalmente consciente de que una sombra bélica ha venido adquiriendo forma con fuerza sobre la vieja democracia europea, hiriéndola de muerte poco a poco.
Días atrás un conocido me hablaba sobre la teoría de las 3 D que, según me explicaba, ha marcado el devenir de la conformación histórica de la civilización europea: Democracia, Demagogia y Dictadura. Desconozco a la persona autora de esta teoría pero resulta profundamente descorazonador comprobar que, como civilización, estamos ya pisando el mismo centro de la segunda D. Espero sinceramente que no lleguemos a la tercera. Por el bien de todas y todos y sobre todo, de nuestras nuestras hijas e hijos.
Me parece oportuno traer aquí la denuncia de la escritora y ensayista Laura Freixas como ejemplo de lo peligroso que resulta llevar la polarización y la cancelación del diálogo al debate polarizado de la confrontación política desechando un debate sosegado y el intercambio de pareceres dentro del respeto hacia el intercambio de ideas. Leí en estos días un artículo publicado en El País en el que Freixas exponía la situación de cancelación vivida en primera persona cuando una librería de Bilbao le canceló la presentación y firma de su última obra literaria, en el último momento y cuando ella ya se había trasladado hasta la ciudad. El argumento dado para la cancelación fue su posicionamiento frente a la ley trans. ¿Cómo, cancelan un acto de presentación y firma por una posición personal ante una determinada ley?
Humm, creo que hubiera sido mejor no cancelar, sino aprovechar el espacio para confrontar ideas y planteamientos. Es más, ni siquiera eso dado que la novela no iba de ni tenía nada que ver con esta temática. Para hablar y confrontar ideas y argumentos en pro y en contra de cualquier posicionamiento, lo ideal es contar con los escenarios específicos para ello. Eso nos permitiría enriquecernos todas y todos del debate.
Porque podemos contar con ideas contrarias sin que eso nos haga ser enemigos. Puedo defender unas ideas y tú otras, y aún así compartir mesa y café. Quizás escucharte me haga reconsiderar mi postura y cambiar mi criterio. Y no pasa nada. En eso consiste en juego de la democracia y del respeto a las ideas. O al menos, así debería de ser.
Eso sí, siempre a partir de razonamientos justificados. Nunca a través de la imposición ni de la violencia. Debatir desde la violencia nunca es debatir. Es imponer desde posicionamientos y desde el terror. Y eso, créanme, no ha aportado nada bueno nunca. Ni para las civilizaciones, ni para la humanidad ni para el mundo.
Hemos pasado y seguimos pasando por demasiadas miserias y terribles dramas humanos generados por los intereses de unos pocos que se lucran a base de enfrentar a hermanos y hermanas contra hermanos y hermanas. Por eso, debemos apostar por sistemas políticos de gobierno en los que primen el diálogo, la búsqueda del entendimiento, la convivencia en paz, el humanismo y el respeto a los derechos humanos.
Como humanidad, ya contamos con demasiadas muertes a nuestras espaldas. Queremos un mundo en paz, en el que todas y todos tengamos un techo, comida y un medio de ganarse la vida. Ni más ni menos.
Astrid Lindgren manifestaba en sus diarios sus miedos y temores ante el fascismo. Como lo han hecho y lo hacen tantas personas de bien.
Me parece que no es tan complicado de entender ni mucho menos de lograr. Eso sí, hace falta algo que muchos no están dispuestos a dar: voluntad política para el acercamiento y diálogo sosegado y desde el respeto.
Nos va mucho en ello. Quizás la vida misma.
Josefa Molina
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