Ciberacoso

Cuando la burla sale del aula y encuentra refugio en las redes sociales

Las cuentas 'curis' en redes sociales exponen a estudiantes y docentes a nuevas formas de acoso, desdibujando los límites entre el aula y el entorno digital.

Vidal Bolaños Betancort Miércoles, 28 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:

La expansión de las cuentas «curis» entre estudiantes vuelve a poner sobre la mesa los peligros del ciberacoso, la responsabilidad digital y la necesidad de educar en el respeto desde edades tempranas.

 

Hay noticias que deberían hacernos reflexionar como sociedad, especialmente cuando sus protagonistas son nuestros niños, niñas y adolescentes. Noticias que, más allá de las cifras, de los titulares llamativos o de las tendencias que nacen y desaparecen en las redes sociales, esconden realidades que pueden dejar profundas heridas emocionales.

 

La aparición de las llamadas cuentas «curis», perfiles creados principalmente en TikTok para compartir dibujos, memes y situaciones relacionadas con la vida cotidiana de los centros educativos, ha despertado la preocupación de familias, docentes y autoridades.

 

Lo que en principio podría entenderse como una forma de entretenimiento juvenil adquiere una dimensión completamente diferente cuando las publicaciones se convierten en instrumentos para ridiculizar, señalar o humillar a compañeros y profesores.

 

La Policía Nacional ha advertido de los riesgos de esta práctica y de sus posibles consecuencias legales. Y Canarias tampoco permanece ajena a esta realidad, pues ya se han identificado perfiles relacionados con centros educativos del Archipiélago.

 

Pero considero que sería un error quedarnos únicamente en la advertencia policial.

 

El problema es mucho más profundo.

 

Durante años hemos hablado del acoso escolar como una realidad que se desarrollaba principalmente entre las paredes de colegios e institutos. Sin embargo, las nuevas tecnologías han transformado sus escenarios. Ahora, una humillación puede comenzar durante el recreo y continuar durante toda la tarde en el teléfono móvil de quien la sufre.

 

Ya no existe necesariamente ese refugio que antes podía representar regresar a casa.

 

Las burlas pueden multiplicarse, compartirse y alcanzar a personas que ni siquiera conocen a quien aparece retratado. Y detrás de cada pantalla continúa existiendo alguien que siente, que tiene miedos, inseguridades y una historia personal que desconocemos.

 

Me preocupa especialmente que estemos normalizando determinadas formas de violencia bajo la excusa de que todo es una broma.

 

Porque una broma deja de serlo cuando alguien termina sufriendo.

 

No podemos exigir responsabilidad digital a nuestros jóvenes si los adultos tampoco damos ejemplo. Las familias necesitan acompañar, escuchar y comprender el universo tecnológico en el que crecen sus hijos. Los centros educativos necesitan herramientas para prevenir estas situaciones y actuar cuando aparecen. Y las instituciones deben apostar por una educación digital que vaya mucho más allá de enseñar a utilizar dispositivos.

 

No basta con saber manejar una aplicación. También debemos aprender a reconocer el daño que podemos provocar con ella.

 

Desde nuestros municipios, desde cada barrio y desde cada comunidad educativa de Canarias, tenemos la responsabilidad de construir espacios donde el respeto no dependa de la popularidad, del número de seguidores ni de los comentarios que recibimos.

 

Quizá haya llegado el momento de preguntarnos qué estamos enseñando cuando permitimos que la dignidad de una persona se convierta en entretenimiento.

 

Porque las pantallas se apagan, las publicaciones pueden desaparecer y las tendencias terminan pasando.

 

Pero hay palabras que permanecen mucho tiempo en la memoria de quienes tuvieron que soportarlas.

 

Vidal Bolaños Betancort

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