El castañero gordo (Teror)Según muchos investigadores, el castañero, en esta su pronunciación derivada del portugués, acompaña a los canarios desde poco después de la conquista e, incluso, algunos afirman que antes; pero sería en el siglo XVIII cuando por sus múltiples utilidades, más se promocionó y protegió la extensión de su cultivo. Rubén Naranjo y Vicente Escobio, en su trabajo sobre este tema, nos aportan datos sobre una concesión de tierras en el Barranco de la Virgen hace más de dos siglos a Pedro Domínguez, al que se le pone como condición
«que en el presente invierno y en los subsesivos que susista este arrendamiento a de hacer dos semilleros vno con medio millar de Nueses y otro con medio almud de Castañas para que cuando estén en proporción se pongan en las laderas y partes que se señale por el que corra con el cuidado de toda aquella propiedad y si faltare a dicha condición y a cuidar de los Arboles ya plantados, desde ahora quede incurso en la pena de ocho reales de plata por cada semillero que no hubiese puesto y de dos reales si por su descuido se perdiese».
Interesante datación la de este documento, que pudiera ser el origen de muchos de los ejemplares de los que hoy disfrutamos desde Cueva Corcho, Valleseco, a los altos de Guía; desde las feraces tierras de la Vega de San Mateo a la umbría de los cortijos de Osorio y San Isidro en Teror. Viera y Clavijo dice que es «árbol que complaciéndose en el clima de nuestras principales islas, hermosea sus medianías y sus altos... se cultiva con toda prosperidad y utilidad en los altos de la Orotava y en los Realejos de Tenerife; en los de San Isidro de Teror en Canaria; en los de la isla de La Palma, Gomera, etc.».
Sería en esos lugares donde más medrarían los castañeros, por lo que las referencias documentales son más abundantes. En el Diario del Vizconde de Buen Paso aparece que el 27 de noviembre de 1802 le llegó recado de su hermana, diciéndole que el Marqués de Villanueva del Prado buscaba «algunos almendros, morales y castañeros, así como de media vara poco más o menos y que vengan con buena raíz; son para un inglés que va de gobernador a la Trinidad»; y al año siguiente plantaba él mismo 126 castañeros a la orilla del monte.
Hace más de un siglo, en los altos de Teror, alrededor del Cortijo y Ermita de San Isidro, aún por entonces pertenecientes a la familia Massieu, un anónimo cronista señalaba el lirismo de la fiesta del santo labrador entre el boscoso entorno, donde se veía las romerías discurrir por las veredas «entre montañas presentándonos a hermosas mujeres elegantemente ataviadas y descansando sobre sus cabalgaduras cubiertas con colchas multicolores tejidas en el país; y bajo aquél bosque de frondosos castañeros, las cajas de turrón, los tercios de vino, las cestas de fruta, los blancos ventorrillos, los bailes característicos del terruño y el chisporroteo de ardientes piropos».
Todo era esplendor y serenidad a la par, en medio de los castañeros terorenses, ya fuese en los de San Isidro como en los de las tierras de Osorio.
Bien lo observó Miguel de Unamuno cuando en junio de 1910 visitó nuestra isla y en Teror pudo verlos en el Cortijo propiedad de Adán del Castillo y Dolores Manrique, y así escribió cuando llegó al Hotel Royal de la terorense calle de La Herrería: «El frondosísimo castañar de Osorio me recordaba más de un rincón de mi nativa tierra vasca. Y allí, en aquel castañar de Osorio, me tendí a la caída de una tarde hasta ver acostarse las colinas en la serenidad del anochecer».
Las castañas tostadas al salir de misa de Pascua o la próxima celebración de los finados son la constatación de esta secular relación y aprovechamiento de los frutos de lustrosa apariencia. Domingo José Navarro, a fines del siglo XIX, escribía lo siguiente refiriéndose a los festejos que rodeaban en nuestra tierra los primeros días de noviembre.
«Se reunían las familias a jugar a la perinola, comiendo castañas y dulces, que saboreaban con buenas copas de vino rancio y con licores, en festiva francachela, cuentecillos chistosos y alegres bromas».
Los castañeros daban sus frutos precipitadamente en unos pocos días. Necesitan las lluvias para engordar y necesitan las lluvias para abrir los erizos y regar todo el suelo alrededor de sus troncos. Es semilla perecedera, no dura mucho, por lo que hay que proceder y apañarlas con presteza. A los mercadillos, a las casas llegaban por cestas para gentes y animales. Ya Viera y Clavijo decía que eran buen manjar parar engordar los cochinos.
![[Img #44730]](https://infonortedigital.com/upload/images/10_2026/429_casta2.jpeg)
CASTAÑEROS EN OSORIO
“El frondosísimo castañar de Osorio me recordaba más de un rincón de mi nativa tierra vasca. Y allí, en aquel castañar de Osorio, me tendí a la caída de una tarde hasta ver acostarse las colinas en la serenidad del anochecer. Era la noche de San Pedro, y al volver del castañar a la villa brillaban por dondequiera las hogueras en las sombras de las montañas y se oía el resonar de los caracoles marinos mezclados al de las ranas. Y entramos en aquel Teror de sosiego, donde tan bien se duerme”
Así lo vio Miguel de Unamuno cuando en junio de 1910 visitó nuestra isla y en la Villa Mariana pudo observar los castañeros del cortijo de Adán del Castillo y Dolores Manrique y así lo publicó en su libro “Por tierras de Portugal y de España”
EL CASTAÑERO GORDO
En una hondonada de los límites de las tierras del Cortijo cercana al camino que desde El Rincón bajaba hacia El Hoyo; una parte de ese castañar quedó justo al borde de la carretera de Arucas a Teror cuando ésta se concluyó hace ya casi un siglo.
Y en esa curva que formó el trazado de la nueva carretera cortando el camino y frente al tramo de la misma que desde el 6 de febrero de 1912 y a propuesta de un grupo de vecinos había sido nombrado por el pleno municipal como “Paseo de Francisco González Díaz”, el “Apóstol del Árbol” ya por entonces afincado en Teror, crecía un vigoroso ejemplar de castañero que por su corpulencia y ramaje era conocido como “El Castañero Gordo”
Precisamente sería su magnífico porte, su ubicación en el lugar donde la carretera de Arucas inicia su último recorrido para llegar a la Villa, su relación con caminatas veraniegas y sobre todo el hecho de haber sido elegido desde 1952 como punto de reunión para el inicio de la Romería del Pino lo que terminó por convertirlo en punto de referencia de la misma.
Las carretas, los camellos, las ofrendas, romeras y romeros se colocaban desde más allá, al lado de las tapias del Convento de las Dominicas, pero desde siempre en programas de actos y citas para quedar a comenzar el recorrido sería el castañero el lugar más nombrado y más conocido.
Así, desde el término de la carretera allí se hacían las veraniegas caminatas, los trasiegos desde El Hoyo hacia las altas tierras cercanas a Osorio o los campamentos de la Falange en la década de los cuarenta.
Poco a poco, y sobre todo después de 1952, el enorme árbol se fue consolidando como un verdadero emblema forestal y cultural de la Villa de Teror.
![[Img #44728]](https://infonortedigital.com/upload/images/10_2026/8717_casta1.jpeg)
Juan Carlo escribió en 1948
“Teror, la villa santa, de recuerdos inolvidables, ha recuperado su fisonomía habitual. Terminaron las fiestas. Ya regresaron los romeros a sus hogares llenando de bulliciosa alegría los habitualmente solitarios caminos de la montaña. Desaparecieron de las calles los improvisados tenderetes y ya no se oye el razguear de las guitarras. La Señora, allá desde lo alto, se muestra satisfecha de los rendidos homenajes, promesas y oraciones. El privilegiado pueblo vuelve a la ruda labor del campo. Dominante, sobre la colina, el Convento de las Dominicas, alza majestuoso las elegantes líneas de su sobria arquitectura. Croan las ranas, en las cañadas y las campanas de la basílica llaman a los fieles al Rosario. San Matías, el Castañero Gordo, el Sifón y la Fuente Agria, paseos deliciosos en la noche espléndida, Paz. Quietud en el alma. Teror, mi Teror, la Villa Santa”
En la década de los setenta también allí inició su andadura la otra romería, aquella que después del Pino convierte los caminos de la isla de Gran Canaria en los caminos del Rocío.
En el pregón de 1982, Domingo García Rodríguez evocaba el paraje con las siguientes palabras de rememoranza.
“Yo tengo a Teror como parado en el recuerdo de mis años de infancia y juventud. Mi barrio, el Castañero Gordo, que era mi familia, padres, hermanos, tíos, primos, célula formada alrededor de lo que fue casa de los abuelos; la diaria ida y venida a la escuela; y lo que me rodeaba, imágenes de laboriosos campesinos, ya regando, plantando, o cogiendo el producto de la tierra, o acarreando la comida de los animales, y el trajín de lecheras y el ir y venir de vacas y novillas a la feria de ganados, y el reloj de la iglesia que era el capataz que ordenaba el inicio de la actividad... y el descanso. Y el Ángelus...Y el toque de la oración que indicaba la hora de recogerse... Y llegaba el domingo con las misas: la de alba para los madrugadores...voluntarios o por necesidad... Y la rezada... y la mayor”
Un lugar importante y valioso para la historia reciente de Teror; aún más valioso teniendo en cuenta que lo que lo ha hecho notable fue siempre la humilde presencia de un árbol, señor de la naturaleza circundante.
En consideración a ello, se han realizado desde años obras para la conservación del castañero y su entorno. Como las realizadas en 2011 por su consideración de lugar emblemático para la Villa.
Pero en septiembre de 2021 le llegó la hora final al venerable castañero. Su vejez y el progresivo deterioro de su tronco lo hacían peligroso y por ello se decidió arrancarlo, no sin dejar bien claro que sería sustituido por otro que como mínimo durara lo mismo que el anterior.
En marzo de 2023, el ayuntamiento creó el Parque del Castañero Gordo en su recuerdo; comenzando la concejalía de Parques y Jardines una reordenación de la zona, iniciada con la ejecución de la primera fase del proyecto y conformada por la plantación de un nuevo ejemplar de castañero más alejado del borde de la carretera.
La Romería del Pino cumplirá 75 años en su próxima edición ha significado el verdadero punto de inicio sentimental de este proceso y el lugar será por siempre conocido con el mismo nombre, aunque el castañero que coja el relevo tarde muchísimo en ser tan gordo como el anterior.
Pero cuando su fruto será el rey de mesas y cultura será en las próximas celebraciones de los finaos. Cuando en aquellas frías noches de noviembre, niños y mayores compartíamos tradiciones, recuerdos y bromas.
¿Quieres castañas? nos decían y cuando respondíamos que sí, ellos contestaban “Cómetelas, que el burro las caga y tú las apañas”
José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.81