La tiranía de las salvadoras
Esta semana me gustaría hablar de un tema que lleva varias semanas dando vueltas en mi cabeza y es el hecho de que, muchas veces, aquellos que dicen salvarnos de una sociedad enferma, dictatorial y patriarcal, se convierten en ocasión en tiranos.
Estamos en una época en la que prima la libertad, todos nos llenamos la boca proclamando que somos libres de hacer y deshacer a nuestro antojo, pero en realidad solo estamos cambiando de ataduras.
Me voy a centrar en nosotras, las mujeres que cada día luchamos por liberarnos del yugo del machismo y el patriarcado, de romper lo cánones de belleza impuestos durante décadas por la sociedad y de un montón de cosas más que nos venden las redes sociales día tras día, pero, ¿qué pasa cuando las abanderadas de estas nuevas formas de pensar se convierten en tiranas?
El primer ejemplo que se me ocurre es el movimiento body positive. Este término nació hace unos años como forma de reivindicar que todos los cuerpos son bonitos. No importan si pesas 50 kilos o 120 mientras estés sana y, sobre todo, te gustes a ti misma, la opinión de los demás, lógicamente no cuenta. Desde mi punto de vista nace con un propósito muy loable, la aceptación personal, pero ha ido degenerando en algo que, ya no entiendo.
De pronto ya no todos los cuerpos son válidos. Ahora si quieres remar a favor del movimiento body positive tienes que ser gorda y serlo siempre. ¡Pobre de ti que se te ocurra perder peso! He visto a chicas literalmente llamar a otra: “traidora” porque en algún momento, por algún tema relacionado con la salud, decidió perder peso. Con el dedo acusador y al grito de “es que te pinchas” (las famosas inyecciones para adelgazar) con el mismo tono que hace años gritaban y quemaban a mujeres en la hoguera por brujas. Lo primero que me viene a la cabeza cuando veo esos comentarios es: “¿Y a ti qué si Fulanita se pincha? No se las pagas tú” Pero se lo toman como una traición terrible, casi obligan a la gente a mantener los kilos de más eternamente o no puedes pertenecer a su tribu.
Luego están las de la secta de la teta. Ahora parece que todas las mamás están obligadas a dos cosas: amamantar a sus hijos hasta que se independicen con 30 y a hacerlo en público sin taparse. ¿Pero no y que teníamos que ser libres? Porqué es malo que yo, como madre, decida dar biberón, por las circunstancias que sean o porque me da la gana, y en caso de dar pecho, ¿qué tiene de malo que me tape si soy pudorosa? ¿Me hace eso menos mujer, menos madre, menos libre?
La libertad está en decidir cómo y qué quiero hacer, no en que un grupo de personas me digan qué es lo correcto para no ser una borrega de las masas.
El tema de la depilación, otra secta, pobre de ti que digas que te depilas entera, eso es patriarcado. Entonces, ¿obligarme a no hacerlo qué es?
En conclusión, no entiendo nada. No entiendo esta tiranía de o conmigo al 100% o contra mí y te dejas avasallar por las imposiciones sociales.
¡Seamos libres de verdad y que cada una haga lo que le salga del…moño!
Zeneida Miranda Suárez































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