Agua y energía: las dos cara de una misma soberanía
Gran Canaria es una isla que ha aprendido a vivir con poca agua. Durante siglos, la escasez moldeó nuestro paisaje y nuestra forma de organizarnos: pozos, galerías, acequias, estanques, heredades y comunidades de regantes. Es uno de los territorios con mayor densidad de presas del planeta, y esa red, levantada a base de esfuerzo colectivo, es la prueba de que el agua aquí nunca fue un recurso dado, sino una conquista.
Hoy esa conquista se libra en otro terreno. El agua que bebemos, la que riega nuestros cultivos y la que sostiene la actividad turística depende, en gran medida, de la desalación. También de la depuración. Y las dos dependen de la energía. Agua y energía son, en una isla como la nuestra, dos caras de una misma moneda. No podemos hablar de seguridad hídrica sin hablar de soberanía energética, ni podemos aspirar a una transición energética justa si olvidamos el ciclo del agua.
Por eso la celebración de una nueva edición de la Feria Canagua y Energía no es un acontecimiento más en el calendario. Es una cita que pone a Gran Canaria en el lugar que le corresponde: el de un territorio que ha convertido su fragilidad en conocimiento, y su conocimiento en una oportunidad para Canarias, para Europa y para los países vecinos que comparten con nosotros los mismos desafíos.
El cambio climático ya no es una amenaza lejana. Lo vemos en lluvias cada vez más irregulares, en episodios de calor más intensos, en el avance de la desertización, en el aumento del nivel del mar, en fenómenos tropicales adversos o en la presión creciente sobre unos acuíferos que durante décadas fueron sobreexplotados. En este escenario, la seguridad hídrica se convierte en una cuestión de supervivencia y de dignidad: garantizar que nadie se quede sin agua, que la agricultura tenga futuro y que la naturaleza no pague el precio de nuestro modelo de consumo.
La respuesta no puede limitarse a producir más agua. Tenemos que gestionarla mejor. Eso significa reducir las pérdidas en las redes, que en algunos lugares siguen siendo inaceptables. Significa depurar todas las aguas residuales y reutilizarlas, porque cada litro depurado que vuelve al campo es un litro que no hay que desalar. Significa recuperar nuestras presas y balsas, recargar los acuíferos y proteger los barrancos como lo que son: las arterias del ciclo hídrico de la isla.
El agua es un bien común, no una mercancía. Esa convicción debe guiar la planificación hidrológica y la inversión pública. La gestión del agua no puede quedar al albur del mercado ni de intereses particulares, porque de ella dependen la salud de las personas, la viabilidad del sector primario y la cohesión del territorio. Las administraciones tenemos la obligación de asegurar que el acceso al agua sea universal, asequible y sostenible, también para las generaciones que vendrán.
Y hay algo más: el agua también es soberanía alimentaria. Sin agua de calidad y a precio razonable no hay agricultura local, y sin agricultura local somos más dependientes del exterior, más vulnerables ante cualquier crisis de suministro. La pandemia y las tensiones internacionales de los últimos años nos lo recordaron con crudeza.
Gran Canaria sigue produciendo la mayor parte de su electricidad quemando petróleo importado. Es una anomalía económica, ambiental y política. Económica, porque cada subida del precio del crudo se traslada a nuestras facturas y al coste de producir agua. Ambiental, porque nos aleja de los compromisos climáticos que hemos asumido. Y política, porque una isla que depende de barcos cargados de combustible para encender la luz y desalar el agua no es una isla plenamente libre.
La soberanía energética consiste precisamente en eso: en producir aquí, con nuestro sol, nuestro viento y nuestro mar, la energía que necesitamos. Tenemos recursos renovables extraordinarios, muy superiores a los de la mayoría de territorios europeos, pero lo que nos ha faltado durante demasiado tiempo es voluntad política, planificación y un marco regulatorio que tenga en cuenta nuestra condición insular.
En una red eléctrica aislada, el gran reto no es solo generar energía limpia, sino almacenarla. Por eso la central hidroeléctrica de bombeo Chira-Soria es una infraestructura estratégica para el futuro de la isla. Aprovecha dos de nuestras grandes presas para guardar la energía renovable sobrante y devolverla a la red cuando se necesita, e incorpora su propia desaladora. Es la mejor síntesis posible del vínculo entre agua y energía: el agua convertida en batería, la energía renovable al servicio del agua.
Pero la transición no puede ser solo cosa de grandes infraestructuras. Debe ser también democrática y distribuida. El autoconsumo en viviendas, empresas y explotaciones agrícolas, las comunidades energéticas en barrios y municipios, la eficiencia en los edificios públicos y la electrificación de la movilidad son piezas del mismo puzle. La energía más limpia y más barata es la que no se consume, y la más justa es la que se produce cerca de quien la usa. A ello hay que sumar el enorme potencial de la eólica marina en nuestras aguas, que debe desarrollarse con criterios ambientales rigurosos y con retorno para la población canaria.
Canagua y Energía es el lugar donde todas estas ideas se encuentran y se ponen a prueba. Durante unos días, Gran Canaria reunió a administraciones, empresas, centros de investigación, universidades, personal técnico y profesionales del agua y de la energía. Es un escaparate de soluciones, pero sobre todo es un espacio de diálogo, de intercambio de experiencias y de construcción de alianzas.
Canarias acumula décadas de experiencia en desalación, depuración y reutilización. Somos pioneros en gestionar el agua en condiciones extremas, y ese conocimiento tiene un enorme valor para África occidental, para la Macaronesia y para tantos territorios del mundo que se enfrentan a la sequía y a la crisis climática. La feria nos permite compartirlo, exportarlo y convertirlo en empleo cualificado, innovación y cooperación. Es también una forma de ejercer la vocación atlántica de Canarias desde la colaboración y no desde la frontera.
Al mismo tiempo, Canagua es una oportunidad para tejer complicidades con el tejido empresarial local. La transición ecosocial no la harán las instituciones solas: necesita empresas comprometidas, profesionales formados y una ciudadanía informada y exigente. Por eso es importante que la feria abra sus puertas también a la sociedad, al estudiantado y a quienes quieran entender cómo se construye el futuro de la isla.
Nada de esto será posible sin un compromiso firme de todas las administraciones. Necesitamos que el Estado y la Unión Europea reconozcan de forma efectiva la singularidad de los sistemas insulares, con financiación suficiente para la desalación con renovables, la depuración y la reutilización. Necesitamos una regulación eléctrica que facilite el almacenamiento, el autoconsumo y las comunidades energéticas, y que agilice la tramitación de los proyectos renovables. Y necesitamos que la planificación del agua y de la energía se haga de manera conjunta, porque en una isla no pueden separarse.
Gran Canaria ha demostrado a lo largo de su historia que sabe transformar la escasez en ingenio. Hoy tenemos la oportunidad de dar un paso más: ser una isla que garantiza el agua a su gente con energía propia, limpia y justa. Se han dado pasos muy importantes en ese sentido. Lideramos el desarrollo de este binomio en Canarias, pero quedan muchas cosas por hacer. Esa es la apuesta que se impulsa desde el Consejo Insular de Aguas y el Consejo Insular de la Energía. Canagua y Energía es, sin duda, también uno de los lugares donde se está escribiendo de manera conjunta, entre la ciencia, la iniciativa empresarial y la administración pública, la soberanía energética y la seguridad hídrica de Gran Canaria.
El desarrollo de Gran Canaria se construye gracias al compromiso, el conocimiento y la vocación de quienes trabajan cada día para gestionar mejor nuestros recursos naturales. Los galardones de Canagua y Energía entregados durante la feria reconocen el esfuerzo de profesionales, centros educativos e investigadores que, desde ámbitos diferentes, comparten una misma convicción: que el progreso de nuestra isla depende de nuestra capacidad para innovar, formar, investigar y gestionar responsablemente sus recursos.
Detrás de cada trayectoria reconocida hay experiencia, talento, dedicación y una apuesta por el interés colectivo. Detrás de cada investigación, una oportunidad para avanzar hacia soluciones más eficientes, sostenibles y adaptadas a nuestra realidad insular.
Honrar a Baltasar Peñate, CIFP Felo Monzón, Transvirgin, S.L., Salto a la Transición Ecológica, FSM Energías, Rafael Martell, Amanda Hernández, Gara del Señor Carreño, Iraya Duque, Javier Alfredo Esteban, Ainara Irigoyen y José Rafael Sánchez, supone reconocer que Gran Canaria crece cuando convierte el conocimiento en compromiso, el trabajo en progreso y la sostenibilidad en una responsabilidad compartida.
Antonio Morales Méndez
Presidente del Cabildo de Gran Canaria































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.2