
El agua me recibe fría, y por un instante me roba el aire. Es como un choque limpio en el pecho y en la cara. Todo el ruido exterior se apaga del golpe. Sólo quedo yo y el sonido sordo del agua en mis oídos. Me relajo… Floto sin esfuerzo a media altura. El mar me sostiene. Hay silencio, pero un silencio vivo producido por las burbujas que me hacen cosquillas. Por fin soy feliz.
En la orilla, una ropa revuelta y una nota escrita al juez en el bolsillo del pantalón, dice lo contrario.
Alberto García Miranda






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.219