El 29N se vota la Transición que nunca hicimos
PP y Vox anuncian en Castilla y León una comisión de expertos para decidir qué películas pueden recibir subvenciones públicas. La bola negra sería una de las "prohibidas" si dependiera de ellos, como otras tantas. Dicen que lo hacen por "la libertad", ¿les suena verdad? En Argentina ya han acabado con las subvenciones públicas al cine, y aquí tenemos a Feijóo comiendo de la mano de Abascal, mientras este último anuncia que, cuando gobiernen, harán las cosas exactamente igual que Trump en Estados Unidos o Milei en Argentina. Y esto es solo la punta del iceberg de lo que vendrá. El monstruo asoma la patita.
Y el problema no está en que asome la patita, porque la patita la ha asomado muchas veces. El problema es que otras tantas veces la ha sacado a pasear y ha golpeado, haciendo muchísimo daño a muchísima gente, a lo largo de la historia reciente de este país, y a pesar de todo eso seguimos sin aprender. Seguimos sin darnos cuenta, como si nos fuera la marcha, lo de recibir palos y agacharnos ante los poderosos, convertidos en una especie de sumisos masoquistas perpetuos. Lo verán mejor, a poco que repasemos la historia de los últimos 100 años y observemos el patrón: que las derechas se oponen por norma a cualquier avance, por las buenas o por las malas.
El 13 de septiembre de 1923, por ejemplo. Ese día el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado contra el sistema parlamentario de la monarquía de Alfonso XIII. Las clases populares de la sociedad española andaban revueltas contra una monarquía caduca y empobrecedora que no solucionaba nada -¿encuentran los paralelismos con las convulsiones que se viven hoy en buena parte de Europa?-, y la ultraderecha reaccionó como sabe, con violencia y autoritarismo ante las movilizaciones obreras, los avances sociales que se reclamaban o la importancia creciente que adquirían los nacionalismos catalán y vasco.
Trece años después, en julio de 1936, más de lo mismo. A Franco y a sus colegas no les gustó la victoria electoral del Frente Popular de izquierdas en las elecciones de febrero de aquel año. No podían consentir las reformas sociales, culturales y económicas que traía la Segunda República, y mucho menos la pérdida de poder e influencia de la Iglesia y las élites de siempre que venían con ella. El resultado: 40 años de oscuridad que aún sufrimos hoy.
Y como no hay dos sin tres, el 23 de febrero de 1981 volvieron otra vez. Tejero asaltó el Congreso de los Diputados por orden de la cúpula militar española, cabreada con lo que traía la democratización, entre otras "barbaridades" su propia pérdida de influencia política, la legalización del Partido Comunista o el desarrollo de las Autonomías.
Entonces nos salvamos por los pelos de una nueva dictadura militar, cosa que en Chile o Argentina no pudieron. Pero la desaparición teórica del franquismo no significó la desaparición de sus ideas, sus intereses y sus resistencias a los avances sociales. Se reorganizaron, primero alrededor de Alianza Popular y después con su heredero, el Partido Popular. Desde entonces, no han hecho más que intentar mantener su idea sacrosanta, clasista y petrificada de España, oponiéndose a cualquier medida progresista o solidaria que hubiera.
Así las cosas, pocos meses después del golpe de Tejero, en junio de 1981, Alianza Popular votó en contra de la Ley del Divorcio. Años después, en 2005, el PP votaría también en contra de la reforma llamada "divorcio expréss" impulsada por Zapatero.
En 1985, Alianza Popular se opuso a la despenalización parcial del aborto y recurrió la ley ante el Tribunal Constitucional. Ese mismo año también se opusieron a la Ley Orgánica del Derecho a la Educación. La Ley trataba de avanzar en el derecho a la educación, la participación de la comunidad escolar y la regulación de los centros sostenidos con fondos públicos. La derecha no veía bien lo de limitar la influencia y el poder de la enseñanza privada concertada o la enseñanza en escuelas de la Iglesia.
En 1990 se opusieron a la famosa LOGSE, la reforma educativa que planteaba el PSOE extendiendo la escolarización obligatoria hasta los 16 años o reorganizando las etapas educativas. Tiempo después, en 2006, el PP volvió a oponerse a otra nueva reforma educativa, la LOE. Y esta batalla por la involución en el sistema educativo español casi acaba ganándola la derecha en la década pasada, con la también famosa Ley Wert que aprobó Rajoy en 2013. Con todo, no andan las derechas muy lejos de la victoria definitiva, pues hoy en España la educación es básicamente clasista, está partida, y cada vez es más difícil ofrecer una enseñanza de calidad a las clases medias y bajas de la población.
Pero seguimos, seguimos con el repaso, porque en 2002 el PP se opuso a una iniciativa socialista de protección integral contra la violencia de género, que hubo de esperar a 2004 para ser aprobada, ya con Zapatero. En 2005, el PP votó contra el matrimonio entre personas del mismo sexo y recurrió la ley ante el Tribunal Constitucional, que terminó avalándola en 2012. En 2010 hizo lo mismo con la nueva ley del aborto, que introducía el sistema de plazos. Y en 2007 no apoyó la Ley de Igualdad y cuestionó medidas como la composición equilibrada de las candidaturas electorales. Y ojo que no eran simples discusiones técnicas: se debatía quién podía decidir sobre su propio cuerpo, quién tenía derecho a formar una familia y qué medidas debía adoptar el Estado para combatir la discriminación.
La misma confrontación apareció con la Reforma Laboral de 2021, con la Ley de Eutanasia de ese mismo año, con la Ley de Memoria Democrática de 2022, con la legislación sobre derechos trans y LGTBI de 2023 y con la Ley de Vivienda de ese mismo año. Para estas últimas oposiciones el PP contaba ya con su primogénito hijo y heredero legítimo, Vox, y juntos se opusieron a todo lo que pudiera sonar a progreso o solidaridad. Mención especial a la oposición que PP primero, y luego con Vox, presentaron a la ley que en 2021 restablecía la revalorización de las pensiones conforme al IPC. Algo que veníamos arrastrando desde 2013, cuando el PP de Rajoy, Rato y compañía limitaron la subida a un miserable 0,25 % anual. Por suerte su oposición no prosperó. Pero cuidado, porque PP y Vox ya hablan hoy abiertamente de que el sistema de pensiones está quebrado y hay que avanzar hacia su privatización.
No menos escandalosa fue la oposición de PP y Vox a la subida del Salario Mínimo. Se iba a hundir la economía entera, decían. Con la misma lógica esclavista se opusieron también a la Ley del Ingreso Mínimo Vital, porque para ellos, el que es pobre lo es porque quiere. Es la aporofobia amigos, uno de sus más repugnantes dogmas.
Pero no se confundan, la derecha democrática de las últimas décadas no ha sido sólo oposición a leyes progresistas, también se ha preocupado de asegurar con garantías lo de repartir palos y cortar libertades. Así, el Gobierno de Mariano Rajoy aprobó en 2005 la llamada Ley Mordaza, resultando tan cómoda al poder que hasta el PSOE la mantiene.
Por último y no menos importante, la amplia oposición de PP y Vox a todo lo que suene a solidaridad o defensa de los derechos humanos de las personas migrantes, por mínimo que sea, hasta los extremos hiperviolentos y deshumanizados que estamos viviendo hoy, cuando llaman a cazar migrantes, se le tacha de invasores o se plantea poner a la Armada para bombardear pateras. Y en lo que nos toca a Canarias, solidaridad cero con el reparto de migrantes o menores: nos los tragamos todos en esta cárcel-frontera que quieren hacer las derechas con Canarias.
Y esto es lo que nos jugamos el 29N. Se vota por completar la transición a la democracia que no se hizo en 1978. Y no es que lo diga yo, lo de transición fallida es un hecho aceptado por muchos. Entonces se pactó mirar hacia otro lado y dejar demasiadas cuentas pendientes -quizá porque no se podía otra cosa-, permitiendo que buena parte de los poderes económicos, judiciales, religiosos y mediáticos del franquismo conservaran su influencia. Y bueno, ya lo estamos viendo en estas últimas semanas: los que nunca aceptaron los cambios o la pérdida de sus privilegios y sus herederos, han aprendido a jugar tan bien dentro de las instituciones, que hoy están muy cerca de consumar su tan ansiada vuelta a aquellas décadas oscuras de mediados del siglo pasado, de la mano de Vox, que es el que verdaderamente manda en la entente ultraderechista que conforma con el PP.
Aunque en esta ocasión hay una diferencia fundamental: no van a necesitar sacar los tanques a la calle ni pegar un solo tiro -no todavía-. Si llegan al poder el 29N, será porque los españoles les habremos puesto ahí con nuestros votos. Ya no habrá golpe de Estado al que culpar, ni militares a los que señalar, ni una democracia arrebatada por la fuerza. Habremos sido nosotros mismos los que nos habremos agachado, para facilitar al poderoso que nos golpee y nos encadene sin problema. Entonces, ya solo nos quedará decir una cosa: los españoles somos así, no tenemos remedio.
Eloy Cuadra, escritor y activista social.






























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