Ventana folclórica, hoy con la Agrupación Los Sanroqueños

La agrupación Los Sanroqueños transformó la vida del barrio de San Roque, en Las Palmas de Gran Canaria, convirtiendo el folclore en un espacio de aprendizaje, convivencia e identidad colectiva.

Moisés Rodríguez Gutiérrez Martes, 20 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:
Los SanroqueñosLos Sanroqueños

Hay agrupaciones que forman parte de la historia del folclore por sus actuaciones, por sus grabaciones o por los escenarios que pisaron. Otras dejan una huella diferente, mucho más profunda, porque su historia no se queda en la música, sino que termina formando parte de la vida de un barrio. Ese es el caso de Los Sanroqueños, una agrupación vinculada al Risco de San Roque que convirtió el folclore en una forma de encuentro, de aprendizaje y de identidad.

 

Para entender lo que fueron Los Sanroqueños hay que situarse en el San Roque de los años setenta y ochenta, un barrio popular de Las Palmas de Gran Canaria donde la vida no siempre resultaba fácil. En aquellas calles comenzaron a sonar timples, guitarras, chácaras y voces que llevaron la música tradicional hasta muchos niños y jóvenes. La recuperación de esta historia por la periodista Nayra Bajo de Vera pone precisamente el acento en esa dimensión social de la rondalla y en la figura de Eustaquio Villalba, señalado como fundador de Los Sanroqueños.

 

Villalba no fue simplemente alguien que dirigió un grupo folclórico. Su nombre quedó ligado a una manera de enseñar y de entender la tradición desde el propio barrio. Años después, en 2006, fue reconocido como director de la Agrupación Folclórica Los Sanroqueños durante un homenaje a distintos folcloristas de Gran Canaria. Junto a él aparecen en aquella relación otros nombres vinculados a la historia de la agrupación.

 

La dimensión que llegó a alcanzar aquella labor queda reflejada en una noticia publicada en Diario de Las Palmas en julio de 1992. El periódico definía entonces a Los Sanroqueños como una de las agrupaciones folclóricas más antiguas de Gran Canaria y señalaba que su asociación y grupo de baile habían retomado los ensayos. Pero lo verdaderamente significativo aparece en el dato siguiente: impartían clases de timple, laúd y bandurria a unos 140 jóvenes del barrio.

 

Ciento cuarenta jóvenes no son solamente una cifra. Detrás de cada uno había una casa, una familia, una calle y unas ganas de aprender. Había niños que comenzaban a descubrir que aquel instrumento que sonaba en las fiestas también podía estar entre sus manos. Había padres que encontraban en la música una actividad para sus hijos y, sobre todo, había un espacio donde el barrio podía reunirse alrededor de algo que le pertenecía.

 

Los Sanroqueños fueron construyendo así una escuela mucho antes de que habláramos tanto de la necesidad de crear escuelas de folclore. Enseñar timple, laúd o bandurria significaba transmitir música, pero también una parte de la cultura de Canarias. El aprendizaje no terminaba en el instrumento. Continuaba en las canciones, en los ensayos, en los encuentros y en la convivencia entre distintas generaciones.

 

La prensa de la época también permite conocer qué cantaban. En mayo de 1979, El Eco de Canarias recogía una actuación de Los Sanroqueños en la Casa de Colón y señalaba que su repertorio rondaba las veinticinco canciones. En aquella actuación aparecían Islas Canarias, la Saranda conejera, Villaverde, San Juanito, Mi Canaria Adiós y Barrio de Vegueta, junto a un sorondongo, una polca majorera y un tanganillo.

 

Aquel repertorio también nos permite acercarnos a la forma de entender el folclore de aquella generación. Junto a piezas tradicionales convivían canciones que ya formaban parte de la memoria musical de las islas. Era un repertorio vivo, hecho para cantar y compartir, pero también para llevar al escenario una imagen de Canarias que entonces se estaba construyendo desde muchas agrupaciones.

 

Entre quienes pasaron por Los Sanroqueños estuvo también Jesús Santana Marrero, Suso Santana. Nacido en San Roque en 1968, comenzó desde muy pequeño en aquella rondalla y posteriormente desarrollaría una larga trayectoria vinculada al folclore, primero con diferentes agrupaciones y más tarde como integrante de Los Gofiones y al frente de proyectos como Entre Amigos. En 2026 recordaba aquellos comienzos y explicaba que llegó a Los Sanroqueños siendo todavía muy joven, participando posteriormente en tareas de coordinación y dirección.

 

La historia de Suso es también una muestra de lo que puede generar una agrupación cuando trabaja con las nuevas generaciones. Un niño entra para aprender a tocar o cantar y, con los años, puede terminar convirtiéndose en músico, director, maestro o transmisor de aquello que un día recibió. El folclore funciona entonces como una cadena en la que cada generación recibe una parte de la memoria y tiene la responsabilidad de entregarla a la siguiente.

 

Quizá una de las imágenes más bonitas de toda esta historia esté precisamente fuera de los escenarios. En el callejero de San Roque permanecen nombres como Folías, Arrorró, Isas o Bandurria, denominaciones relacionadas con la música tradicional y con la huella que aquella actividad folclórica dejó en el barrio. La investigación periodística de Nayra Bajo de Vera recupera esa relación entre las calles y la memoria de Los Sanroqueños.

 

No deja de ser curioso que un barrio pueda conservar parte de su historia en los nombres de sus calles. Mientras las personas pasan, las agrupaciones cambian y las voces se apagan, una placa continúa allí recordando una folía, un arrorró, una isa o una bandurria. Es una forma de patrimonio que muchas veces pasa desapercibida, pero que cuenta mucho de lo que fue aquel lugar.

 

Los Sanroqueños son, por eso, algo más que el nombre de una agrupación folclórica. Son la historia de quienes enseñaron y de quienes aprendieron, de quienes ensayaron después de salir de la escuela o del trabajo, de quienes llevaron sus instrumentos a una actuación y de quienes encontraron en aquella música una manera de sentirse parte de algo.

 

Con el paso de los años, muchas de aquellas personas habrán tomado caminos diferentes. Algunos continuaron vinculados al folclore, otros quizá dejaron los instrumentos, pero todos forman parte de una misma historia. La historia de un barrio que durante una época tuvo en la música tradicional uno de sus puntos de encuentro.

 

Hoy, cuando hablamos tanto de la necesidad de acercar el folclore a los jóvenes, conviene mirar hacia atrás y recordar experiencias como la de Los Sanroqueños. Ellos demostraron que la tradición no se conserva únicamente guardando canciones o repitiendo repertorios. Se conserva cuando alguien enseña, cuando otro quiere aprender y cuando existe un lugar donde ambos pueden encontrarse.

 

Los Sanroqueños hicieron mucho más que cantar y tocar. Hicieron escuela, crearon vínculos y dejaron una memoria que todavía puede rastrearse en las personas que pasaron por aquella rondalla y hasta en las calles de San Roque.

 

Porque quizá esa sea la verdadera medida de una agrupación folclórica: no cuántas veces subió a un escenario, sino cuánto fue capaz de dejar cuando bajó de él.

 

Los Sanroqueños dejaron un barrio que aprendió a cantar.

 

Bibliografía

 

  • Almeida, J. (1992). “San Roque, sin parques”. Diario de Las Palmas, 2 de julio de 1992. Referencia a la actividad de Los Sanroqueños y a su labor de enseñanza de timple, laúd y bandurria a jóvenes del barrio. Consulta en el Diccionario histórico de la lengua española (RAE-ASALE)

  • El Eco de Canarias (1979). “Los Sanroqueños”. El Eco de Canarias, 27 de mayo de 1979. Información sobre una actuación de la agrupación en la Casa de Colón y parte de su repertorio. Consulta en el Diccionario histórico de la lengua española (RAE-ASALE)

  • BienMeSabe.org (2006). “Telde rinde homenaje a los folcloristas de Gran Canaria”. Referencia a Eustaquio Villalba como director de la A. F. Los Sanroqueños y a otros folcloristas vinculados a la agrupación. BienMeSabe.org

  • Bajo de Vera, Nayra. “El barrio donde las calles cantan: la historia de Los Sanroqueños, la rondalla que unió al Risco de San Roque”. Serie Las voces del callejero. Trabajo dedicado a la historia de la agrupación y a su relación con el barrio de San Roque. Referencia del trabajo de Nayra Bajo de Vera

  • Santana Marrero, Suso (2026). Entrevista publicada en Telde Actualidad, en la que recuerda sus comienzos musicales en San Roque y su posterior paso por Los Sanroqueños. Telde Actualidad

  • Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. Diccionario histórico de la lengua española (DHLE). Documentación hemerográfica utilizada para localizar referencias históricas relacionadas con Los Sanroqueños y el folclore canario.

 

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