Este agosto ha sido un mes negro, o quizá muy negro, para el plátano de Canarias, un periodo que habitualmente, por la combinación de la menor demanda de esta fruta, la mayor oferta de ese alimento fresco y la ausencia de medidas correctoras en las islas, derrumba los precios percibidos por los agricultores locales, el llamado precio en origen. El plátano canario sigue en racha mala, sin levantar cabeza.



























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