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Después de escuchar a Rufián admitir abiertamente que han fracasado y que estuvo a punto de abandonar, casi que el artículo se comenta solo. Pero como todavía hay muchos que no terminan de verlo, vamos a poner las cosas en su sitio.
Primera premisa: la campaña se va a jugar con dos discursos enfrentados, de un lado los que están por echar al que llaman perro -de apellido Sánchez- como sea, y de otro lado los que se focalizan en frenar a Vox, también como sea. Este "como sea" nos anuncia una campaña polarizada, en la que de política se va a hablar muy poco, lamentablemente. Y como hay que colocarse en uno de los dos bandos, yo me sitúo en el segundo. Sólo por descartes, créanme, no es que me caiga especialmente bien el señor presidente. Era elegir entre Sánchez o la barbarie, así que no era tan difícil.
Segunda premisa: la política no es como el fútbol, aunque cada vez se parezca más. En el fútbol la gente es de un equipo, vaya bien o vaya mal, por mucho tiempo que pase. En política -más allá de PSOE y PP, dos partidos históricos- la gente se mueve por modas o tendencias, pueden ser de un partido y al poco tiempo, si no responden, ya no hay nadie con ese partido. Lo hemos visto recientemente con Ciudadanos, antes con UPyD, el CDS y otros. ¿Por qué tanta gente vota hoy a Vox? ¿Se han vuelto todos franquistas de repente? Está claro que no. La mayoría lo hacen porque está de moda, porque son la oposición más dura, como antes estuvo de moda votar a Podemos, porque hablaba de tomar el cielo por asalto. Pero las modas pasan, como los slogans, y hoy la moda a la izquierda del PSOE es votar a partidos soberanistas, regionalistas o independentistas. El problema deviene cuando hay partidos que se resisten a entender que su tiempo ya pasó. Y esto, justo esto es lo que estamos sufriendo hoy en las izquierdas.
Porque, díganme ustedes, si el objetivo es frenar a Vox: ¿qué lógica tiene dividir las pocas fuerzas que hay a la izquierda del PSOE, cuando además en el otro bando solo hay dos opciones de voto, derecha extrema (PP) y extrema derecha (Vox), y las dos tienen apoyo de sobra para no tirar ningún voto a la basura?
Y lo peor no es que las izquierdas alternativas se equivoquen. Los partidos políticos están en su derecho de mantener su grupo chachi y presentarse donde quieran aunque no los vote casi nadie, como les pasa a muchos partidos testimoniales -no quiero dar nombres para que no se me enfaden-. El problema es que haya mucha gente que se los crea y los vote, y miles de votos acaben en la basura o aún peor, como en este caso, haciendo más fácil la llegada de la extrema derecha al poder. Así las cosas, lo que sigue de este artículo es un intento por evitar que pase justamente eso.
Para verlo bien lo primero que debemos entender es que según la ley electoral española, los partidos minoritarios necesitan sacar un porcentaje de votos muy superior a la barrera legal del 3% para obtener un escaño en muchas provincias (entre el 8% y el 12%). Esta dificultad no suele afectar a partidos como PSOE, PP y Vox, que se prevé que alcancen sobradamente esos porcentajes en la mayoría de circunscripciones, si no en todas.
Entendido esto, tenemos al Frente Amplio y a Podemos -dos opciones de voto que ya no están de moda- compitiendo entre ellas en muchas comunidades, y compitiendo también con otros partidos de izquierdas de ámbito territorial con una implantación y un respaldo electoral muy superior. En Cataluña, País Vasco y Galicia, por ejemplo, existen fuerzas de izquierdas muy consolidadas, con una base electoral reconocible y una capacidad demostrada para obtener representación en el Congreso. En la Comunidad Valenciana está Compromís, en Andalucía Adelante Andalucía, en Aragón la Chunta Aragonesista, y en Baleares parece que también hay partido local fuerte. ¿Qué sentido tiene irrumpir en esos territorios con una o dos candidaturas más para competir por el mismo espectro de votantes? Consecuencias del disparate: salvo en la Comunidad Valenciana donde parece que sí hay unidad completa, en el resto de España muchos miles de votos de izquierdas irán a la basura sin representación, lo que hará mucho más fácil la llegada de Vox al Gobierno.
Con esto creo que queda explicado y se entiende, porque no es buena cosa votar a Podemos o al Frente Amplio, si lo que pretendemos es frenar la llegada de Vox al gobierno. Salvo en Madrid y en Barcelona, donde no hay riesgo de que vayan votos a la basura, en el resto de provincias y circunscripciones las posibilidades de que el Frente Amplio y Podemos alcancen escaños son mínimas. ¿Para qué arriesgarse tanto cuando hay una opción más segura votando al PSOE? Es el tan repetido voto útil, por el que me atrevo a aventurar que el PSOE será otra vez la fuerza más votada en España. Y ojo que esto lo dice alguien que no ha votado nunca al PSOE.
Pero ustedes saben que escribo desde Canarias, y ahora toca hablar de lo que pasa aquí. Y es que en Canarias la confusión es aún mayor, y el descalabro va a ser importante. La confusión es mayor porque muchos medios canarios y sobre todo peninsulares de izquierdas, se han apresurado a vender el Frente Amplio Canario como el mejor de España, porque integra también a Podemos, algo que sólo ha ocurrido en el Archipiélago y en la Comunidad Valenciana. Pero no, no se dejen engañar por este entusiasmo impostado. Lo de Canarias no es más que propaganda desesperada de última hora. Esta supuesta gran unidad canaria la conforman solo cuatro partidos, cuatro partidos muy venidos a menos, con tres de ellos con sede en Madrid, para mayor escarnio. Me adelanto ya a los que pretendan ver en esta alusión peninsular algún tipo de xenofobia, pues ya se lo he leído a un líder tinerfeño de Izquierda Unida atacando a Drago. No se trata de xenofobia, se trata de que los diputados canarios que han pasado por el Congreso representando a partidos peninsulares últimamente -incluido Alberto Rodríguez-, no han hecho más que levantar la mano cuando su líder central se lo ordenaba, olvidando por completo los intereses y las luchas del pueblo canario. Esto es así y mucha gente en Canarias lo sabe, eso les va a restar.
También les va a restar que el supuesto gran partido y único canario sea Nueva Canarias. Para empezar porque su influencia se concentra sobre todo en la provincia de Las Palmas, a lo que hay que añadir un perfil muy poco de izquierda combativa -si tenemos en cuenta que salió de una escisión de Coalición Canaria-, o el hecho de que se les hayan ido un montón de militantes con Teodoro Sosa y Primero Canarias. Huelga decir que el Movimiento Sumar en Canarias no existe como entidad activa, más allá de un par de personas, o que el Podemos de Noemí Santana es francamente decepcionante. Por no mentar que tanto Podemos como Nueva Canarias formaron parte hasta anteayer del Gobierno de las Flores, y no solucionaron nada en Canarias, ni tan siquiera por la vivienda, cuando tuvieron hasta una acampada protesta plantada frente a Presidencia por más de 400 días.
Lo que vengo a decir con estos argumentos, es que no esperen los entusiastas votantes confundidos de las izquierdas alternativas que este frente nada amplio vaya a conseguir gran cosa, ni mucho menos algún escaño. Pero es que aún hay más.
Quedan fuera de esta "gran unidad" los de Drago Canarias, que aspiran a recoger una parte sustancial del mismo electorado y a favor tienen la cancha que la Televisión Pública y otros medios le están dando, que sí pueden presentarse como auténticamente canarios, y que presentan cierto trabajo de base hecho. Nada de esto les va a servir para alcanzar el escaño tampoco a Drago, aclaro, pero se van a restar y anular mutuamente.
Y ojo que aún quedan más restas. Porque no podemos dejar de contar al tándem que han formado Coalición Canaria y Primero Canarias. Aunque Coalición Canaria no es lo que se dice de izquierdas, van a intentar seducir también a sectores progresistas y soberanistas canarios con guiños sociales y de autogobierno, una supuesta línea roja a Vox y el perfil de partido más a la izquierda que presenta Primero Canarias.
Mención aparte merece la última vergonzosa jugada de este Frente Amplio Isleño. Porque no contentos con presentarse bajo una denominación que pretende transmitir una amplitud política y social que no existe, recurren al nombre de Unidad del Pueblo Canario. ¿En serio? ¿Unidad de quién? ¿Del pueblo canario? ¿Con qué implantación real en las islas, con qué trayectoria de lucha y con qué capacidad para representar a una sociedad tan plural como la nuestra? ¿Puede llamarse Unidad del Pueblo Canario una candidatura articulada por tres organizaciones con sede en Madrid y una cuarta, Nueva Canarias, bastante venida a menos, con implantación únicamente en la provincia de Las Palmas? No sé a ustedes, pero esto a mí me parece una gran falta de respeto al pueblo canario.
Así las cosas, lo que se quiere presentar como la gran unidad de las izquierdas por Canarias, en realidad son tres candidaturas que pretenden presentarse como la mejor garantía para que Canarias tenga voz propia en el Congreso. Pero, ¿alguien se lo cree?
Si algunos aún siguen sin verlo, con todo lo que llevo expuesto, terminarán de entenderlo si le echan un vistazo a los datos de las elecciones generales pasadas y hacen una proyección lógica. En las Elecciones Generales de 2023, en Santa Cruz de Tenerife no les valió a la coalición que formaron Sumar, Drago y Podemos con más de 53.330 votos para rascar un escaño, cuando además contaban con la renuncia de última hora de Vox, que no se presentó. En Las Palmas Nueva Canarias tampoco alcanzó su escaño con 42.422 votos, y Coalición Canaria se quedó igualmente fuera con 33.327 votos. ¿Alguien cree que este Frente Amplio Canario va a rascar algún escaño con Drago compitiéndoles el voto, con el poco bagaje que presentan, siendo tres de ellos partidos peninsulares, sumado al auge de Vox y a la buena jugada de Coalición Canaria?
Y así volvemos al principio del artículo. A mí tampoco me entusiasma Sánchez, ni tengo especial interés en hacerle la campaña al PSOE, al que algunos le llevamos aquí en Canarias una lucha importante desde hace tiempo por cierto, contra Fraga y compañía. Pero esto no va de entusiasmos, simpatías, fidelidades o luchas locales. Se trata de entender lo que nos jugamos en Madrid y actuar en consecuencia. Si queremos frenar a Vox, tendremos que dejar a un lado nuestras preferencias y votar con la nariz tapada, aunque sea al PSOE. Porque, por mucho que les pese a mis "amigos" de las izquierdas alternativas, una izquierda combativa real no se construye con pactos de élites, con egos, con cálculos, con sucursalismos peninsulares o con traiciones y renuncios a las luchas sociales y a la auténtica y necesaria lucha de clases.
Y bueno, si han leído hasta aquí ahora ya lo saben. Si el 29 de noviembre por la noche Canarias no presenta más que congresistas de derecha y extrema derecha, con algún diputado del PSOE suelto por ahí, no digan que no les avisé.
Eloy Cuadra, escritor y activista social.
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