PSOE y PP, ¿responsables políticos por la falta de viviendas?
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Si echamos un vistazo, estimado lector, a los veintidós años que nos distancian del 2004 (¿por qué 2004?), recordaremos que PSOE y PP tuvieron exclusivamente en sus manos los gobiernos correspondientes a todas las legislaturas. Unas veces con mayoría absoluta; otras, con pactos compactos salvo este último del señor Sánchez (PSOE) tras la desesperada juyona (Diccionario Básico de Canarismos) de Junts per Catalunya (ayer, CiU), empresarial partido de derechas tirando algo hacia... y superado hoy -encuestas apuntan- por Aliança Catalana, extremaderechaextrema.
Y como para el desarrollo de un artículo periodístico no son recomendables exhaustivas y minuciosas puntualizaciones, recordemos solo algunos entendimientos entre partidos cuando, matemáticamente, los apoyos externos fueron imprescindibles. Soportes o refuerzos, apunto, normales y recomendables en el sistema democrático pues cesarismos y autoritarismos parecen naturales tendencias del “ser humano de las personas”. (A la sorrúa a la sorrúa, calladitos hasta sus entrecejos, algunos tiran para “L’Ètat c’est moi”, ‘El Estado soy yo’.)
Por tanto, el poder absoluto de un único partido no solo puede corromper absolutamente: incluso controla la directa participación de quienes también representan voluntades ciudadanas. Así, por ejemplo, ¿cuántas proposiciones de ley presentadas por la oposición fueron aprobadas en el Senado durante esta legislatura? ¿Y en el Congreso de los Diputados cuando gobernada el PSOE, presidencias del señor González Márquez? Veamos, pues, tres pactos y entendimientos.
Uno. En el comienzo de su declive (1993), el presidente González se ve forzado a pactar con CiU (los diecisiete diputados catalanes son imprescindibles para conformar la mayoría) y amplía con los vascos del PNV. Y aunque un periódico afín mantuvo que todo fue sin contrapartidas, lo cierto es que el presidente catalán, señor Pujol, forzó la cesión del 15% del Impuesto sobre la Renta... (IRPF) a todas las comunidades autónomas. E incluso recibió la oferta de formar parte del Gobierno: fue rechazada.
Dos. El del señor Aznar (PP) también con el señor Pujol (“Pacto del Majestic”, 1996). CiU consigue del primero el apoyo para gobernar en Catalunya y, por tanto, más competencias. ¿A cambio de qué? Pues de algo muy parecido: el señor Aznar será presidente del Gobierno gracias a los diecisiete votos catalanes y los cuatro de CoATIción Canaria. Esta, recordemos, nació en 1993 con la tinerfeña ATI (varios presidentes desde 1993), Asamblea Majorera, ICAN -Izquierda Canaria Nacionalista-… aunque los dos últimos se definían como izquierda a la izquierda. (No obstante, se entendieron muy bien con la burguesía tinerfeña...)
El tercero. Con los mismos catalanes pactó el señor Sánchez (PSOE), votos también imprescindibles (2023) para su acceso a la Presidencia... precozmente interrumpida esta por los mismos catalanes tras la confirmación de que el señor Puigdemont, expresidente en suntuoso exilio para evitar la cárcel, volverá legalmente a España cancelada la orden de arresto a causa de la amnistía (The New York Times). Además, contó el PSOE -ya con inclusión en el Gobierno- con Podemos, Sumar…
O lo que es lo mismo: quien más quien menos tiene experiencia de poder desde los inicios democráticos. Unos (la alternancia bipartidista) lo ejercieron directamente tal como dictaron las urnas; otros se aproximaron, ubicados tras los decorados propios de las teatralizaciones con esa natural timidez que da a veces la concienciación, la duda shakesperiana, la del ser o no ser, la del no saber (interesadamente) si sus bases estaban o no de acuerdo.
Pero lo cierto es que fueron los elegidos para acercarse de cuando en cuando al Olimpo, allí donde moran los dioses. ¿Imprescindible colaboración para salvar a España? ¿Oportunidad única para tutear al señor presidente del Gobierno? ¿Inteligente estrategia para conocer los entresijos de la Política? ¿Caminos, vías, senderos impregnados de aulas y enseñanzas para “más después”? (Es seguro que usted, estimado lector, podrá añadir otros considerandos más iluminados que los míos.)
Por tanto, desde tales distancias se ven con absoluta nitidez los errores pasados, los problemas graves del momento. Y con perspectiva se prevén los inmediatos (siempre que haya lo necesario para alimentar a las células grises) con idea de ir preparando tácticas y técnicas y estudios por especialistas, asesores... para que las previsibles dificultades no se conviertan en tsunamis… como el actual de la vivienda, adquisición o alquiler (quedan fuera, por supuesto, los pequeños propietarios). Gravísimo problema este al que todos todos (desde ayuntamientos al Gobierno e instituciones intermedias) aparentemente dieron la espalda nada más comenzar a apuntar: quizás se consideraron impotentes para la solución o inmediatos remedios; acaso la situación sobrepasaba capacidades; tal vez hubo insensibilidades…
Hoy, en vísperas, el PSOE hace de tal convulsión volcánica una bandera para ofertar su programa. El PP le echa en cara que durante sus ocho años en el Gobierno la reacción fue nula. Otros, prudentemente, ven las fumarolas desde sus comunidades autónomas... pero guardan silencio (siguen guardando silencio) o solo alzan sus voces contra el de arriba. Pero muestran emperretamientos (DBC, Academia Canaria de la Lengua), obstinaciones y cabezonerías, como si la tragedia de millones de españoles fuera una simple representación teatral.
Entonces, ¿el sangrante tema habitacional es, como apunta el PP, un fracaso psocialista de los últimos ocho años o, por artes del Demonio, ya estaba presente casi desde finales del milenio anterior? Recurro a las hemerotecas y descubro un artículo (LA PROVINCIA, 2004) del cual reproduzco un párrafo rigurosamente esclarecedor: “Se prepara supuestamente a la misma juventud que tendrá gravísimos problemas para la adquisición de una vivienda que le permita salir de la casa paterna cuando busque su natural independencia; [...] Se trata, además, de los mismos jóvenes que no quieren darse cuenta de cómo el capital privado se ha introducido hasta la misma médula de instituciones en apariencia sociales [...]”.
Sin embargo, entre aquellos años iniciales del siglo XXI y hoy contrasta un aspecto fundamental: la inmediata concienciación de los jóvenes de hoy sobre su inmediato futuro, carente incluso de autonomía personal. Tantos decenios de aulas, libros y exámenes; tanto sueño de primeras juventudes para empezar a ser como seres libres; tantas ilusiones personales o compartidas para llegar, al fin, al título que oficialmente autoriza el ejercicio de una profesión…, ¿de qué servirán si hasta para montar un despacho los alquileres están disparatados? No, no hay atenuantes que valgan. Los partidos desde los gobiernos no actuaron.
En fin: si en la reproducida cita de 2004 se les llama la atención por su pasividad ante lo que les venía encima, hoy otra generación se echa a la calle, se organiza socialmente, reclama con voces contundentes cargadas de posicionamientos pacíficos el arreglo de una situación arrastrada desde mucho atrás, denunciada públicamente en 2004. Así pues, la crisis de la vivienda no tiene ocho años.
Nicolás Guerra Aguiar































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