Sindicalmente, todo no vale

Pedro González Cánovas

[Img #42153]Según la primera acepción del Diccionario de la Lengua Española de la RAE, «sindicato» significa «Asociación de trabajadores para la defensa y promoción de sus intereses».

 

El origen etimológico de la palabra nos lleva al latín medieval, relacionado con la junta de síndicos. En su origen griego, síndikos era el abogado defensor o defensor de lo común.

 

De todas formas, sin necesidad de conocer lo anterior, todo el mundo sabe que las organizaciones sindicales son las encargadas de velar por los derechos de los trabajadores y luchar por ellos. Lo mismo se puede interpretar de los sindicatos de estudiantes o del propio sindicato de inquilinas.

 

Al representante sindical hay que exigirle compromiso y cumplimiento de sus deberes. Por lo tanto, cuando llega el momento de tomar partido en política partidista o ideológica, no hay coherencia entre la defensa sindical y el apoyo a la patronal, el capitalismo o las políticas de derechas, totalmente contrarias a los intereses de la clase trabajadora.

 

Hoy más que nunca, los intereses de la clase trabajadora tienen que ser defendidos. Hoy, en la derecha española, hay políticos que piden «derogar la ley de violencia de género»; rechazan públicamente «la subida del salario mínimo interprofesional» incluso en las Cortes. Se cuentan hasta ocho veces las que han votado contra «decretos con medidas sobre vivienda», fueron capaces de tumbar la «ley para reducir la jornada laboral de cuarenta a treinta y siete horas y media», han intentado «ilegalizar partidos», mientras ellos son capaces de saltarse hasta la Carta Magna. Afirman, sin sonrojarse, que «con ellos se privatizarían las pensiones» y «harían un IRPF a medida de los ricos». Todos los entrecomillados son titulares.

 

Con este puñado de disparates, el sistema de protección social corre grave peligro y, con él, las conquistas históricas de la clase trabajadora. Ahora tenemos que estar más unidos y activos que nunca: políticamente, no podemos dejar pasar ni una.

 

Sin ninguna duda, hay que empezar a exigir coherencia y responsabilidad dentro de las organizaciones sindicales, donde no caben dudas o traiciones. Donde no se pueden permitir apoyos a esa derecha agresiva que atenta contra nosotros y nuestros derechos. Esa derecha que pretende impulsar al sistema que alimenta a los monstruos de las grandes fortunas, para que cada vez devoren más vidas de personas vulnerables y exploten con crueldad a quienes ahora nos escudamos en unos pocos derechos que han costado sangre, sudor y lágrimas.

 

En este punto, con el riesgo social que supone la política terrorista de la derecha española —sin parangón en Europa— los sindicatos tienen la obligación de intervenir directamente en política y realizar sus funciones de protección sin aflojar un ápice.

 

Es el momento de juzgar, muy en serio, quiénes actúan como verdaderos sindicatos y quiénes utilizan esa denominación para esconder pandillas de traidores a los intereses de clase. En esto sí que no hay términos medios; quien admite en sus filas conductas antisindicales es cómplice y no merece denominarse sindicato.

 

Todo no vale.

 

Pedro M. González Cánovas

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