Gáldar: nervios en la foto: ¿quién repite en 2027?

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]Todavía queda tiempo para las elecciones municipales de 2027, pero cuando un grupo de gobierno tiene diecinueve concejales la pregunta empieza a resultar inevitable: ¿cuántos repetirán? Porque una cosa es exhibir unidad ante las cámaras y otra bastante diferente saber quién aparecerá en la próxima candidatura. Ahí empiezan los nervios, las ganas repentinas de hacerse notar y esa curiosa capacidad que desarrolla cierta fauna política para encontrarse siempre cerca del centro cuando llega el fotógrafo.
 
Las fotos oficiales pueden ponerse interesantes durante los próximos meses. Habrá que observar esos codazos metafóricos por ganar unos centímetros, porque cuando se aproxima la confección de una lista electoral la visibilidad adquiere propiedades medicinales. Hay concejales discretos durante buena parte del mandato que podrían descubrir súbitamente una vocación extraordinaria por asistir a actos, visitar obras, acompañar comitivas y situarse convenientemente cerca de quien finalmente tendrá mucho que decir sobre el futuro de cada uno. No se trata de pensar mal; seguramente será una epidemia repentina de amor por la actividad municipal.
 
El problema aparece cuando vuelva a utilizarse la palabra mágica: renovación. Renovación de equipos, renovación del proyecto, nuevas ilusiones y nuevos retos, aunque alrededor continúen apareciendo trayectorias que acumulan tantos años vinculadas a cargos y responsabilidades públicas que lo verdaderamente novedoso sería verlas alguna vez fuera de una candidatura. La experiencia es importante y nadie debería despreciarla, pero llega un momento en que resulta complicado presentarse como renovación cuando algunos currículos políticos podrían dividirse ya por décadas.
 
Porque existe una diferencia considerable entre dedicarse temporalmente al servicio público y convertir la política en una carrera profesional prácticamente completa. No hay nada ilegítimo en permanecer muchos años ocupando cargos si las urnas lo permiten, pero entonces quizá convendría ahorrarnos la representación teatral del rejuvenecimiento permanente. Quien lleva veinte años enlazando responsabilidades públicas podrá presumir de experiencia, conocimiento institucional y resistencia, pero venderlo además como aire nuevo requiere una imaginación publicitaria considerable.
 
La próxima candidatura tendrá precisamente ese problema. Si entran caras nuevas, algunas antiguas tendrán que dejar sitio. Y ahí es donde el concepto de renovación pierde toda su poesía. Resulta muy sencillo defenderla cuando el renovado va a ser otro; la cosa cambia cuando alguien descubre que la cara que el partido considera necesario refrescar es precisamente la suya.
 
Habrá entonces mucho agradecimiento por los servicios prestados, reconocimiento al extraordinario trabajo desarrollado y probablemente alguna referencia a nuevas etapas personales. El idioma político posee expresiones elegantísimas para comunicarle a alguien que su silla necesita otro ocupante.
 
Por eso resultará interesante observar quién incrementa su presencia pública conforme se acerque 2027. Quién aparece más, quién acompaña más, quién sonríe más y quién desarrolla una sorprendente habilidad para no quedarse jamás en la segunda fila.
 
Especialmente cuando para algunos la política representa ya una parte muy considerable de su trayectoria profesional. Cuanto más tiempo se ha vivido dentro de las instituciones, más complicado puede resultar imaginar la vida fuera de ellas. El sillón municipal tiene una característica curiosa: al principio se ocupa provisionalmente y, después de suficientes legislaturas, parece empezar a desarrollar raíces.
 
Así que la verdadera diversión política de los próximos meses quizá no esté en la oposición. Estará en comprobar cómo se administra la abundancia dentro de una mayoría gigantesca. Hay muchos aspirantes naturales a continuar y cualquier renovación auténtica exige despedidas. Todos defenderán públicamente la unidad del equipo mientras esperan conocer una cuestión bastante más terrenal: en qué número de la próxima lista considera el jefe que merece aparecer cada uno.
 
Hasta entonces habrá sonrisas, compañerismo y absoluta concentración en trabajar por Gáldar. Y también, seguramente por pura casualidad, una extraordinaria afición colectiva a no perderse una foto.
Porque cuando empiezan a moverse las listas, el peor sitio de una fotografía institucional deja de ser salir con los ojos cerrados.
 
Es no salir.
 
Guayarmina Guanarteme
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