El mesías bajo los focos. Primero Canarias (PRICA)

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]La política grancanaria no necesita otro salvador que se presente como imprescindible para todo. Ahora se perfila una nueva aventura electoral para quien ya ocupa la Alcaldía de Gáldar y la Vicepresidencia del Cabildo. Si finalmente encabeza la candidatura al Congreso, que responda con claridad: ¿va a dimitir de sus cargos electos para dedicarse de verdad a ese nuevo proyecto? Si quiere mirar a Madrid, que deje paso en Gáldar y en el Cabildo. Lo que no puede pretender es conservarlo todo mientras abre otro frente y presenta cada salto como una misión histórica.
 
Gobernar exige tiempo, presencia y responsabilidad; no se puede tratar una alcaldía y una vicepresidencia como butacas reservadas mientras se prueba suerte en el siguiente escenario. La ciudadanía merece saber quién atenderá las instituciones y quién dará la cara por las decisiones tomadas. Si hay energía para una nueva candidatura, también debe haber honestidad para reconocer que los cargos actuales no son piezas de una colección personal.
 
La escena recuerda al muerto en el entierro y la novia en la boda: estar en todas partes, ocupar siempre el centro y lograr que cada acto parezca girar alrededor de la misma figura. Alcaldía, Cabildo, Congreso; un cargo detrás de otro, como si el poder fuese un álbum que todavía necesita completar la página del Congreso. El equipo queda para sostener el decorado, aplaudir en el momento oportuno y esperar a que el protagonista decida si le concede un primer plano.
 
Y ya que hablamos de primeros planos, en Gáldar la política parece rodarse con focos, alfombra roja y pase de estrellas, como en el festival de cine de un pueblo sin cines. ¿Veremos al pretendiente alcalde en el trono antes de tiempo? ¿Se prepara otra temporada de asistencia a los Goya, de cámaras, titulares y fotografías para que todo parezca una película de éxito, aunque el guion siga siendo siempre el mismo: una estrella en el centro y el resto haciendo de figurantes? A este paso, cualquier vecino que quiera preguntar por su calle tendrá que esperar a que termine el photocall.
 
Y resulta todavía más llamativo escuchar lecciones de renovación a quien abandonó Nueva Canarias reclamando, precisamente, renovación y unidad, después de llevar más de tres décadas en política. La renovación, al parecer, era urgente cuando se trataba de cambiar la dirección de su antiguo partido, pero deja de serlo cuando quien lleva tantos años en primera fila es uno mismo. Mucha renovación para los demás; para el mesías, alfombra roja y otro primer plano. Cambia el partido, cambia el nombre del proyecto, pero el protagonista sigue en el centro del cartel.
 
Pablo Iglesias llegó a poner su rostro en la papeleta de Podemos en las europeas de 2014, como si el líder y la marca tuvieran que ser una sola cosa. Albert Rivera, a quien pareció cegarlo el deseo de poder, quiso colocar a Ciudadanos en el centro de todas las operaciones y terminó viendo cómo el partido pasaba de 57 diputados a diez; después dimitió. Sus trayectorias fueron distintas, pero dejaron una advertencia: cuando un partido se convierte en el vehículo de una sola persona, el equipo se encoge y el proyecto queda expuesto a las ambiciones y errores de su líder.
 
¿Pretende ser el Casimiro Curbelo de La Gomera en Gran Canaria?
 
Por eso, si de verdad quiere emprender otros proyectos, que dimita. Que no convierta los cargos públicos en una red de seguridad desde la que tantear cada nueva oportunidad. Que permita que otras personas asuman responsabilidades y demuestren lo que valen. Y si considera que nadie puede sustituirle, el problema ya no es la falta de candidatos: es la falta de confianza en su propio equipo.
 
También convendría explicar qué proyecto se ofrece al electorado, quién toma las decisiones y quién responderá por Gáldar y por el Cabildo durante la campaña. No basta con decir que hay un equipo cuando todas las candidaturas, todos los focos y todos los primeros planos conducen a la misma persona. La unidad no consiste en que los demás se alineen detrás de quien siempre ocupa el primer puesto, y la renovación no consiste en cambiar de papeleta para seguir viendo el mismo rostro.
 
«No es cuestión de ombligos, es cuestión de equipos». De acuerdo. Pero los equipos se demuestran compartiendo poder, responsabilidades y visibilidad, no reservando para una sola persona el papel protagonista. Gáldar no es un plató, el Cabildo no es una sala de espera y los cargos públicos no son camerinos para cambiarse de vestuario antes de la siguiente aparición.
 
Cuando el mismo protagonista quiere ser alcalde, vicepresidente, candidato, la pregunta no es quién le pone los focos, sino cuándo va a dejar de ocupar el escenario.
 
La Alcaldía de Gáldar merece dedicación exclusiva y respeto.
 
Guayarmina Guanarteme
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