La huella de Sebastián Monzón permanece viva en la memoria de Gáldar

Moisés Rodríguez Gutiérrez

[Img #40837]Hay nombres que uno escucha durante años sin llegar a conocer realmente a la persona que hay detrás. Eso me pasó con Sebastián Monzón Suárez, aunque dentro de Los Cebolleros siempre escuché hablar de él como Chano Monzón. Cuando entré en la agrupación conocía aquel nombre, sabía que había estado relacionado con algunas de aquellas historias y efemérides de los años 80, pero poco más. Sabía quién era de oídas, por lo que otros contaban, pero no conocía realmente al hombre que había detrás de aquel nombre ni, mucho menos, la dimensión de todo lo que había hecho.

 

Con los años he ido descubriendo su trayectoria y hay algo que me sigue llamando especialmente la atención: cómo una sola persona pudo encontrar tiempo para hacer tantas cosas y, sobre todo, cómo tuvo la generosidad de dejar tanto para quienes hemos venido después. Sebastián no se limitó a vivir en Gáldar, quiso conocerla, entenderla y contarla. Cuanto más me acerco a su obra, más claro tengo que aquel nombre que durante tanto tiempo escuché era solamente una pequeña parte de una vida enorme.

 

Ayer que el Pleno del Ayuntamiento de Gáldar aprobó por unanimidad que la nueva vía de acceso al IES Agáldar lleve su nombre, creo que es un buen momento para detenernos en quién fue Sebastián Monzón Suárez, porque reducirlo a un maestro, a un archivero, a un investigador o a un hombre vinculado a nuestras tradiciones sería quedarse muy corto.

 

Sebastián nació en Gáldar el 7 de diciembre de 1929 y la enseñanza ocupó buena parte de su vida. Comenzó sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de La Laguna, aunque problemas de salud le hicieron regresar a Gran Canaria, donde continuó su formación como maestro. Ejerció en distintos centros y lugares, entre ellos Barrial de Gáldar, Santiago del Teide, El Bosque en Cádiz, el Colegio Cardenal Cisneros de Gáldar, El Valle de Agaete y el CEIP José Sánchez y Sánchez, donde terminó su trayectoria profesional. Por sus años dedicados a la enseñanza recibió la Medalla de Alfonso X el Sabio.

 

Pero si hubo algo que marcó especialmente su relación con Gáldar fue su necesidad de conocerla a fondo. Sebastián se acercó durante años a los archivos municipal y parroquial, consultó documentos, buscó nombres, fechas y acontecimientos y fue reconstruyendo historias que en muchos casos corrían el riesgo de desaparecer. En 1988 fue nombrado Archivero Municipal de Gáldar, una responsabilidad desde la que continuó desarrollando una tarea que, en realidad, ya formaba parte de su manera de entender la vida.

 

Investigó sobre el Ayuntamiento de Gáldar, Esteban Ruiz de Quesada, los curas de Santiago Apóstol, la iglesia de Santiago y su órgano, la Plaza de Santiago, la epidemia de cólera de 1851, el Casino de Gáldar, San Isidro y sus orígenes, la colocación de la primera piedra de la actual iglesia de Santiago, la restauración del órgano, la devoción jacobea, las fiestas de Santiago, la educación, la música y numerosos personajes y acontecimientos de nuestra historia. Son muchísimos asuntos y, sin embargo, detrás de todos ellos había una misma preocupación: que aquello que había formado parte de la vida de Gáldar no terminara perdiéndose.

 

Uno de los mejores ejemplos de esa manera de trabajar fue Gáldar a través de la fotografía, un proyecto presentado en 1999 en el que reunió fotografías antiguas conservadas durante años por familias galdenses. Aquellas imágenes podían parecer simplemente recuerdos familiares, pero Sebastián supo ver que detrás de cada una había mucho más: personas, lugares, formas de vestir, trabajos, costumbres, celebraciones y maneras de vivir. Consiguió sacar esas fotografías de los álbumes y de los cajones de las casas para convertirlas en memoria compartida.

 

Sebastián fue reuniendo así pequeños pedazos de Gáldar y poniéndolos al alcance de los demás. Fotografías, documentos, historias, nombres, recuerdos y acontecimientos que, de no haber existido personas como él, posiblemente hoy conoceríamos mucho menos. Esa es una parte importante de su legado, haber entendido que la historia de una ciudad no está solamente en los grandes acontecimientos, sino también en la vida cotidiana de quienes la fueron construyendo.

 

Él mismo dejó una frase que resume perfectamente su relación con esta ciudad: «No tengo más mérito que haber nacido en Gáldar y quererla como la he querido». Una frase sencilla, pero detrás de ella hay toda una vida. Porque Sebastián no se quedó en decir que quería a Gáldar, dedicó buena parte de su vida a buscarla en sus documentos, en sus fotografías, en sus calles, en sus fiestas, en sus personajes y en los recuerdos de quienes habían vivido antes que nosotros.

 

También hubo espacio para la poesía. En 1981 obtuvo el segundo premio de los Juegos Florales de Guía de Gran Canaria y un año después publicó El otro mar. En 2002 llegaría Poemas para una tarde de otoño. El maestro, el investigador y el archivero convivían así con el poeta, otra faceta que ayuda a entender que Sebastián nunca miró Gáldar desde un único lugar.

 

La radio fue otra de sus formas de acercarse a los vecinos. Colaboró con Radio Gáldar y participó en espacios como El Callejero y El desván de los recuerdos, llevando a las ondas historias, personajes, calles y recuerdos de nuestra ciudad. La historia dejaba de parecer algo lejano o reservado a los libros porque Sebastián hablaba de personas y lugares que los vecinos habían visto, vivido o escuchado contar en sus propias casas.

 

También escribió durante años en Infonortedigital. Sus investigaciones y artículos forman parte de la historia de este medio y eso hace que este reportaje tenga para mí un significado especial. Sebastián escribió en estas páginas sobre la tierra que tanto estudió y quiso y hoy estas mismas páginas vuelven a escribir sobre él.

 

La conexión es todavía más cercana porque su hija, María Josefa Monzón García, forma parte de Infonortedigital desde sus comienzos y continúa vinculada a la redacción del medio. Sebastián escribió durante años aquí y hoy es su hija quien sigue contando Gáldar desde estas páginas. Son dos maneras distintas de acercarse a una misma tierra, desde la investigación y la memoria en el caso de Sebastián y desde el periodismo y la actualidad en el de María Josefa. En 2023, además, fue pregonera de las Fiestas Mayores de Santiago, reforzando todavía más ese vínculo familiar con la vida de Gáldar.

 

En mi caso hay también una pequeña parte de su trayectoria que me resulta especialmente cercana. Cuando entré en Los Cebolleros escuchaba aquel nombre, Chano Monzón, pero no sabía realmente todo lo que había detrás. Entre sus trabajos vinculados a nuestras tradiciones está Los Lavaderos, una composición que llevó a la música una escena cotidiana de las mujeres que acudían a aquellos antiguos espacios para lavar y compartir también parte de su vida. La obra formó parte del repertorio de Los Cebolleros y fue interpretada por la agrupación en Tenderete, en TVE Canarias, en 1987.

 

Cuando la escuchaba dentro de Los Cebolleros era una parte más de nuestro repertorio y aquel nombre estaba ligado a una época que otros me habían contado. Hoy, después de conocer mejor su trayectoria, entiendo que Los Lavaderos era solamente una pequeña muestra de todo lo que Sebastián fue dejando detrás de sí.

 

Porque eso es lo que más sorprende cuando uno se acerca a su vida: la cantidad de caminos que recorrió sin alejarse nunca de la misma idea. Enseñó, investigó, trabajó en archivos, escribió, recuperó fotografías, colaboró en la radio, hizo poesía y dejó constancia de personajes, lugares y acontecimientos que forman parte de nuestra memoria colectiva.

 

Sebastián recibió en 2001 el nombramiento de Hijo Predilecto de Gáldar y en 2018 fue reconocido como Memorialista de Gran Canaria por su defensa del patrimonio, su investigación histórica y su labor de divulgación. Aquel acto celebrado en el Teatro Consistorial tuvo además un significado especial, ya que fue su última intervención pública.

 

Falleció en Agaete el 16 de agosto de 2019, a los 89 años. Gáldar decretó entonces tres días de luto oficial y despidió al profesor, poeta, archivero municipal, investigador, escritor y divulgador que durante tantos años había trabajado para que nuestra ciudad no perdiera parte de aquello que la hacía ser como es.

 

Desde su muerte, Sebastián sigue apareciendo cuando uno se acerca a la historia reciente de Gáldar. Está en las fotografías que recuperó, en los documentos que estudió, en sus investigaciones, en sus artículos, en la radio, en sus poemas y en aquellas canciones que todavía seguimos recordando. Está también en quienes aprendieron de él y en quienes hoy podemos conocer un poco mejor nuestro pasado gracias a todo lo que se preocupó por dejar escrito.

 

Por eso me parece especialmente acertado que su nombre vaya a estar en una avenida junto al IES Agáldar. Sebastián fue maestro durante buena parte de su vida y dedicó muchos años a enseñar, pero de alguna manera siguió haciéndolo cuando dejó las aulas. Enseñaba cuando explicaba una fotografía, cuando hablaba de una calle, cuando encontraba un documento, cuando recuperaba el nombre de una persona o cuando contaba una historia que estaba a punto de desaparecer de la memoria de los mayores.

 

Su mejor reconocimiento, más allá de los títulos y homenajes, está precisamente ahí: en que todavía podemos acudir a su trabajo para conocer mejor Gáldar. En que sus fotografías siguen hablando, sus investigaciones siguen sirviendo, sus escritos siguen siendo consultados y sus recuerdos siguen formando parte de nuestra memoria.

 

Por eso aquel nombre que durante años escuché dentro de Los Cebolleros sin conocer realmente quién era tiene hoy para mí otra dimensión. Hoy sé que detrás de Chano Monzón estaba Sebastián Monzón Suárez, un maestro, un poeta, un investigador, un archivero, un escritor, un hombre de radio y, sobre todo, una persona que dedicó buena parte de su vida a que Gáldar no olvidara quién había sido.

 

Él decía que no tenía más mérito que haber nacido en Gáldar y quererla como la había querido. Yo creo que precisamente ahí está su mayor mérito, porque querer una tierra también puede significar dedicarle tiempo, buscar sus historias, escuchar a sus mayores, rescatar sus fotografías, estudiar sus documentos y dejar todo eso para quienes vienen detrás.

 

Sebastián hizo todo eso durante décadas. En las próximas fechas tendrá una avenida con su nombre, pero su mejor homenaje será mucho más sencillo: que su trabajo siga vivo y que cuando alguien quiera conocer un poco más de Gáldar vuelva a encontrarse con su nombre.

 

Aquel nombre que durante años escuché de pasada hoy significa mucho más, ahora sé quién era Sebastián Monzón y cuántos regalos nos dejó. Una vida entera dedicada a contar Gáldar para que los demás pudiéramos seguir conociéndola y recordándola.

 

Moisés Rodríguez Gutiérrez

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