Ventana folclórica, hoy con "Los del Gofio: cuando una receta se convierte en memoria" (vídeo)

La tradición de la pella de gofio se reinventa en Lanzarote a través de la memoria colectiva y el aprendizaje intergeneracional, convirtiéndose en un símbolo vivo del patrimonio gastronómico canario.

Moisés Rodríguez Gutiérrez Jueves, 08 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:
Los del GofioLos del Gofio

En Lanzarote hay nombres que terminan formando parte de la memoria colectiva. Uno de ellos es Los del Gofio Arráez & Morales, una historia que comenzó en 1987 alrededor de una mesa, un saco de gofio y una manera muy nuestra de entender la gastronomía: coger lo que ofrece la tierra, mezclarlo con conocimiento y convertirlo en alimento.

 

Todo comenzó con la primera Muestra de Artesanía de Mancha Blanca, celebrada en 1987 en el marco de las fiestas de Nuestra Señora de Los Dolores. Allí, un grupo de personas decidió preparar y ofrecer al público una elaboración que entonces no necesitaba presentación para muchas familias canarias: una buena pella de gofio.

 

Entre quienes impulsaron aquella iniciativa estaba Marcial Arráez, vinculado a la hostelería y propietario del restaurante La Perla del Atlántico, en Órzola. Sus viajes por Canarias le habían permitido comprobar algo que acabaría siendo fundamental en la historia de Los del Gofio: el gofio se amasaba de muchas maneras. No había una única receta. Cada isla, cada comarca y, en muchas ocasiones, cada familia tenía su propia forma de hacerlo.

 

En unos lugares aparecía el queso; en otros, el aceite, la leche, el plátano, el aguacate o la miel. La receta dependía de lo que había en cada territorio y de lo que se había aprendido de padres y abuelos. Aquellas diferencias no se entendieron como un problema, sino como una riqueza que podía reunirse en una misma elaboración.

 

Así fue tomando forma la que terminaría conociéndose como Pella de Los Dolores, vinculada a Mancha Blanca y a las fiestas de la patrona de Lanzarote. El público comenzó también a identificarlos de una manera tan sencilla como definitiva: eran los del gofio. El nombre acabó quedándose y,

 

La Pella de Los Dolores tiene algo que la hace especialmente interesante. No pretende ser una receta única o inamovible del gofio canario. Al contrario, nace precisamente de reunir diferentes maneras de prepararlo y de incorporar productos que forman parte de la gastronomía de las islas.

 

La elaboración parte de aproximadamente un kilo de gofio de millo poco tostado. A esa base se añaden queso tierno de cabra, almendras, pasas, coco rallado, plátano maduro, aguacate y azúcar. Todo comienza a mezclarse y a trabajarse con las manos.

 

Después llegan los ingredientes que aportan humedad y sabor: miel, aceite de oliva, ron miel, licor de plátano y leche, esta última incorporada poco a poco hasta conseguir la textura adecuada.

 

Las cantidades pueden estar escritas, pero el verdadero conocimiento está en el amasado. Quien ha preparado gofio sabe que no basta con seguir una lista. Hay que tocar la masa, comprobar su consistencia y reconocer cuándo está en su punto.

 

Los integrantes de Los del Gofio han explicado precisamente que una de las señales para saber que la pella está lista es que las manos quedan limpias, sin que la masa se quede pegada. Parece un detalle pequeño, pero ahí está buena parte de la sabiduría de la cocina tradicional: aprender haciendo.

 

Por eso una demostración de Los del Gofio es mucho más que preparar algo para que el público lo pruebe. Mientras las manos trabajan, aparecen las explicaciones. Se habla de los ingredientes, de cómo se alimentaban nuestros mayores, de las diferentes formas de amasar y de la importancia que tuvo el gofio en la alimentación de Canarias.

 

El resultado es una receta que también funciona como una pequeña historia gastronómica de las islas. El millo, el queso, las almendras, las pasas, el coco, el plátano, el aguacate, la miel, la leche y el aceite se encuentran en una misma pella. No es casualidad. Detrás de cada ingrediente hay una parte de nuestra despensa tradicional.

 

Durante mucho tiempo el gofio estuvo asociado fundamentalmente a la alimentación cotidiana y, en determinados momentos, a las dificultades económicas que tuvieron que afrontar muchas familias. Para algunas generaciones fue simplemente lo que había para comer. Para otras, es hoy un producto recuperado y reivindicado dentro de la gastronomía canaria.

 

 

Los del Gofio han contribuido a mostrar esa otra dimensión: el gofio también es patrimonio.

 

Su presencia durante décadas en ferias, encuentros y actividades relacionadas con la cultura tradicional ha permitido que muchas personas no solamente prueben una pella, sino que conozcan cómo se prepara y por qué forma parte de nuestra historia.

 

Especial importancia tiene esa labor cuando se dirige a los más jóvenes. Porque una tradición que únicamente conocen quienes la vivieron corre el riesgo de quedarse en el recuerdo. En cambio, cuando un niño ve cómo se prepara el gofio, mete las manos en la masa, pregunta y finalmente lo prueba, la tradición deja de ser algo que le contaron sus mayores y empieza a convertirse también en parte de su propia experiencia.

 

Ahí está quizá una de las claves de Los del Gofio. No han conservado el gofio encerrándolo en una receta antigua. Lo han mantenido vivo poniéndolo delante de la gente.

 

La trayectoria ha sido reconocida también en 2026, con uno de los II Premios de Artesanía de Lanzarote, en reconocimiento a su vinculación con la Feria de Artesanía y a su labor de divulgación del gofio. Un reconocimiento que llega después de muchos años de trabajo y que pone el foco sobre una actividad que comenzó en aquella Muestra de Mancha Blanca de 1987.

 

Han cambiado muchas cosas desde entonces. Han cambiado las ferias, las formas de cocinar, los gustos y hasta la manera de acercarnos a la gastronomía tradicional. Lo que permanece es aquella acción sencilla con la que empezó todo: amasar gofio y compartirlo.

 

Porque Los del Gofio no son solamente cuatro personas que preparan una pella. Son parte de una historia que habla de Lanzarote, de Canarias y de una forma de conservar la cultura que no necesita vitrinas.

 

Una tradición permanece cuando alguien la practica. Cuando alguien la explica. Cuando alguien la aprende. Cuando alguien vuelve a hacerla.

 

Por eso la Pella de Los Dolores es mucho más que una receta. Es el resultado de décadas de experiencia, de viajes, de encuentros y de distintas maneras de entender el gofio reunidas en una misma masa.

 

Y quizá ahí esté la verdadera historia de Los del Gofio: han pasado casi cuarenta años amasando gofio, pero lo que realmente han estado amasando durante todo este tiempo es memoria.
 

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