Gáldar y el rabo de gato: cuando desbrozar puede multiplicar el problema

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]Estos días cualquiera que haya pasado por distintos puntos de Gáldar habrá podido comprobar los trabajos de desbroce realizados en zonas como el barranco de Gáldar, Huertas del Rey, el entorno del puente de los Tres Ojos o el acceso al nuevo instituto. Desbrozadora en mano, se limpian márgenes y terrenos y, a simple vista, todo puede quedar estupendo: hierba cortada, terreno despejado y sensación de trabajo realizado.
 
El problema aparece cuando en esos lugares hay rabo de gato.
 
Porque el rabo de gato no es una hierba cualquiera ni puede tratarse como una más. Canarias dispone desde 2014 de unas directrices técnicas específicas para su manejo, control y eliminación. Y no están escondidas en el cajón de ningún despacho: fueron aprobadas mediante una Orden del Gobierno de Canarias y publicadas en el Boletín Oficial de Canarias.
 
Las instrucciones son tan claras que dejan poco margen para interpretaciones creativas: para eliminar o controlar el rabo de gato no se utilizará maquinaria o herramientas mecánicas como desbrozadoras o sopladores.
 
La explicación resulta bastante sencilla. Esta especie invasora posee una enorme capacidad de dispersión y precisamente uno de los objetivos fundamentales de su tratamiento es evitar que sus semillas se propaguen. Las directrices establecen la retirada cuidadosa de las inflorescencias, el arranque de la planta, una correcta gestión de los restos y, algo que parece especialmente difícil de comprender cuando la gestión municipal se mide por lo que luce durante una mañana, un seguimiento continuado de las zonas tratadas.
 
Por eso, después de contemplar estos días las desbrozadoras trabajando por el barranco de Gáldar, Huertas del Rey, el puente de los Tres Ojos y el acceso al nuevo instituto, convendría que el Ayuntamiento aclarase algo muy sencillo: ¿se ha desbrozado rabo de gato en esas actuaciones?
 
Si la respuesta es no, estupendo. Bastará con explicar qué medidas se están adoptando para identificarlo y evitar que la maquinaria actúe sobre él.
 
Pero si la respuesta es sí, entonces la cuestión cambia bastante, porque estaríamos ante una práctica expresamente desaconsejada por unas directrices técnicas que Canarias aprobó hace doce años precisamente para impedir que las actuaciones de limpieza contribuyan a extender la especie invasora.
 
Y tampoco basta con cortar y marcharse. Las propias directrices advierten de que las actuaciones puntuales no son suficientes y señalan que las más efectivas son las realizadas periódicamente y de forma continuada durante dos o tres años.
 
Así que aquí no estamos discutiendo si un margen queda más bonito después de pasarle la máquina. Estamos preguntando por algo bastante más serio: qué protocolo sigue el Ayuntamiento de Gáldar cuando sus cuadrillas encuentran rabo de gato, quién supervisa esos trabajos y qué formación tienen las personas encargadas de realizarlos.
 
Porque limpiar es necesario. Desbrozar también lo es en multitud de espacios. Pero gobernar consiste precisamente en saber que no todo se puede cortar de la misma manera.
 
Con el rabo de gato, pasar la desbrozadora puede proporcionar una fotografía estupenda del terreno limpio. Lo que ya no resulta tan fotogénico es descubrir después que aquello que parecía una limpieza pudo contribuir a dispersar el problema. En Gáldar somos muy aficionados a barrer para que todo parezca limpio.
Solo faltaría que ahora también barriéramos las semillas para repartirlas mejor.
 
Guayarmina Guanarteme
 
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