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Parece que la vivienda solo ocupa espacio en el debate cuando se habla de las grandes ciudades, como si en los pueblos pequeños el problema no existiera o pudiera esperar. Pero en Gáldar y Guía también cuesta encontrar una casa, también hay familias que no pueden asumir los precios que se piden y también hay jóvenes que se preguntan si podrán seguir viviendo donde nacieron. Que aquí se hable menos del asunto no significa que no esté pasando.
Mientras tanto, las viviendas vacacionales se extienden por nuestras calles y el cartel de VV empieza a formar parte del paisaje cotidiano en distintos puntos del Norte de Gran Canaria. Se nos repite que el turismo trae prosperidad, pero esa prosperidad no se mide contando placas en las fachadas. Habría que preguntarse quién se beneficia, qué actividad económica permanece en el municipio y qué ocurre con las personas que necesitan una vivienda para vivir todo el año. Si cada vez más casas se destinan al alojamiento turístico, quedan menos opciones para quienes buscan un alquiler residencial y los precios se vuelven más difíciles de asumir.
A ese crecimiento se suma el alquiler turístico que, según denuncian muchos vecinos, se ofrece sin cumplir las normas. No basta con mirar hacia otro lado ni con esperar a que el problema se resuelva solo. Hace falta conocer cuántas viviendas se destinan a ese uso, comprobar si cumplen los requisitos y explicar qué medidas se están tomando. Cuando la regulación no se aplica o no se hace visible, la sensación que queda en la calle es que todo vale mientras haya alguien dispuesto a pagar por unos días lo que una familia no puede permitirse pagar por un mes.
En Guía, la universidad privada lleva años funcionando. No es una novedad ni acaba de aparecer en el mapa, pero eso no debería cerrar el debate sobre sus efectos y sobre la planificación del alojamiento. Si una actividad atrae a estudiantes que necesitan vivir en la zona, cabe preguntarse qué oferta residencial existe para ellos y cómo se evita que esa demanda presione todavía más un mercado donde ya cuesta encontrar casa. Y si se plantea ampliar esta actividad o llevarla a otros municipios, como Gáldar, la experiencia acumulada debería servir para anticipar necesidades, no para dejar que cada cual busque alojamiento como pueda.
Los estudiantes no son el problema: también necesitan un lugar digno donde vivir. La responsabilidad está en planificar. No se puede impulsar o sostener una actividad durante años sin explicar qué respuesta se ha dado a sus necesidades residenciales, mientras las familias de la zona compiten por una oferta cada vez más limitada. Crecer sin prever dónde va a vivir la gente no es desarrollo; es trasladar el coste de la falta de planificación a quienes ya tienen más dificultades para encontrar casa.
Y, mientras se habla de nuevas demandas, ahí siguen las viviendas vacías. Cuesta pasear por Gáldar o por Guía sin encontrarse con alguna casa cerrada, a veces durante años, mientras personas y familias buscan dónde vivir. No se trata de señalar a cada propietario ni de fingir que todas esas viviendas pueden ponerse en alquiler de un día para otro. Se trata de que las instituciones conozcan la situación, estudien por qué permanecen fuera del mercado y planteen medidas eficaces para ampliar la oferta residencial, respetando los derechos de quienes son propietarios.
Lo que no puede aceptarse es que se normalice la paradoja: casas vacías, viviendas convertidas en alojamientos de corta estancia y personas del municipio sin una opción asequible para quedarse. Gáldar y Guía no necesitan discursos triunfalistas sobre el turismo ni anuncios de crecimiento que ignoren la vida diaria de sus vecinos. Necesitan datos, planificación y decisiones que pongan la vivienda habitual en el centro.
Porque cuando una calle conserva sus fachadas, pero expulsa poco a poco a quienes la habitan, algo se está perdiendo. Ninguna cifra de visitantes, ninguna placa de vivienda vacacional y ningún proyecto de prestigio podrá ocultar esa realidad: nuestros pueblos tienen que seguir siendo lugares donde se pueda vivir, no solo lugares donde pasar unos días.
Guayarmina Guanarteme
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