Que cada palo aguante su vela. Y todos, el velamen

Nicolás Guerra Aguiar

 

 

Los peligrosos “tiempos de abajo” (expresión marinera galdense) por los que pasa nuestra sociedad y enrarecimientos, contaminaciones o deterioros de algunos sectores políticos están superando los frágiles límites de la pacífica convivencia. Convivencia democrática y social afectada incluso desde su esencia por elementos humanos que gracias al voto ciudadano ocupan escaños, bancos o sillas en instituciones decisorias.

 

Valgan dos cercanísimos ejemplos: uno, la angustiosa búsqueda de vivienda en alquiler. Paralelamente incluyo concretos desahucios: los agresivos contra personas sin capacidad económica o física, por ejemplo. Porque otros propietarios simplemente alquilan su herencia para obtener un justo beneficio, nunca se enriquecerán: no forman parte de empresas explotadoras. Incluso renuncian a cobros superiores: su ética social se lo impide (manejo nombres).

 

Pero frente a los atropellos parece que hay esperanzas... fuera de instituciones oficiales con presencia de Junts, Vox o PP: votaron NO (2 de octubre) incluso al primer Decreto sobre alquileres y viviendas. Ejercieron su legítimo derecho, pero tal decisión fue -conciencia humana- racionalmente inalcanzable para mí. No obstante, mirando hacia la calle, vistos los acontecimientos actuales, la esperanza nos mantiene: al fin la concienciación y el compromiso empiezan a despertar y desestabilizan a políticos incapaces de argumentar con coherencia y rigor. Puede haber futuro, sí, gracias a miles de anónimos residentes, periodistas y varios medios de comunicación absolutamente comprometidos, trasmisores de las concentraciones: fueron lo opuesto al sepulcral silencio de otros.

 

Lo cual, claro, puede llevarnos a inmediatos planteamientos: ¿se habían enterado el Gobierno central (las llamadas izquierda e izquierda a la izquierda) y los otros gobiernos sobre el “Caso Maricarmen” a través de informativos y las decenas de miles de españoles que estuvieron con ella, ayer anónima perjudicada y hoy referente social? ¿Les sonaba su nombre como víctima o, acaso, lo conocieron tras las primeras imágenes, audiciones y textos escritos en torno al desalojo?

 

¿Sabían el Gobierno de izquierdas e izquierdas a la izquierda y la oposición si antes que ella hubo otras Maricarmen, o Pedros, o niños que con sus padres encontraron la calle como único albergue tras ser expulsados de sus habitáculos? (Solo en 2014 -gobierna el señor Rajoy- se produjeron 68 091 “desalojos”. Son datos del Consejo General del Poder Judicial – rtve.es, diciembre/2020.) Porque la terrible crisis actual no surgió ayer por un metafórico reboso de la mar que inundó viviendas y barrios completos. ¿Por qué tanto uno como los otros hicieron la vista gorda frente a incontroladas ventas a fondos buitre, a decenas de miles de extranjeros no residentes?

 

El otro caso se relaciona con vulgaridades, agresividades verbales, aparentes desajustes mentales, insultos y desprecios al contrincante e, incluso, a básicas normas dentro de las cámaras de representación popular. Así, cientos de medios informativos destacan cómo un diputado “manda a tomar por culo” al presidente del Parlamento de Asturias, quien le había negado el uso de la palabra “Después de que fuera llamado al orden varias veces por interrumpir a una diputada” (La Voz de Asturias).

 

Y ante situaciones como la expuesta (añado el envase y la irradiación de gas pimienta en el Congreso de los Diputados) me desorienta el sepulcral silencio del PP que conocí: de derechas, sí, pero mayoritariamente respetuoso, liberal, europeo. Hoy, sin embargo, intervienen señorías varias que vociferan y a veces se desgañitan como si, por lazos del Demonio, hubieran perdido el elemental control exigible a su condición.

 

De ahí, estimado lector, la expresión “Que cada palo…”, inicio de la primera parte del titular. Significa, metafórica y simbólicamente, que cada persona es responsable directa de hechos, palabras o actuaciones relacionados con su proceder ante concretos acontecimientos, manden “a tomar por culo” o introduzcan el prohibido componente químico en el Congreso, lugar donde deben imponerse palabras serenas, educadas, inteligentes. (Por cierto: la señora diPPutada tiene abierto expediente sancionador.)

 

Pero paralelamente a la unipersonalidad los partidos normalitos, juiciosos, dialogantes quizás podrían plantearse inflexibles golpes de timón ante ciertos desarretos. ¿Convendrían recriminaciones a sus señorías cuando estas discurren al margen de razones, argumentos, cortesías? ¿La degeneración lingüística y personal debe ser erradicada?

 

La segunda estructura (“Y todos, el velamen”), tal como indica el adjetivo indefinido “todos” (¿indefinido, impreciso, inconcreto?), comprende a los componentes de nuestra sociedad sin considerar profesiones, gustos, trabajos, ideologías... aunque muchos miles se considerarán ajenos e indiferentes ante tal generalización. Y echarán mano a otra expresión muy definidora: “Juntos, pero no revueltos”. Son los llamados a la inmortalidad, pues hasta feo quedaría que murieran físicamente como los ocho mil millones de ciudadanos restantes.

 

El adjetivo, además, señala como colectivo a las instituciones oficiales: ayuntamientos, comunidades autónomas, parlamentos, ministerios, Gobierno de España y Congreso de los Diputados a quienes también les afectan estos desequilibrios e impudores. Y aunque nadie recrimina nada de nada a la Jefatura del Estado esta, también, es organismo oficial, el primero: así está escrito.

 

Sin embargo, constitucionalmente “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Incluso si se trata de miles de desalojos cuyos afectados son, mayoritariamente (matizo: no absolutamente) personas con escasas posibilidades. Tal exclusivo privilegio, por ejemplo, impidió que se investigara judicialmente al señor Borbón y Borbón. ¿De cuántos cientos de millones hablamos, hipotéticamente? ¿Hubo por medio joyas de regalo... a lo largo de cuatro décadas?

 

(Planteo: ¿Y por qué el Congreso de los Diputados no es la primera institución nacional? A fin de cuentas se constituye democráticamente; de él surgen los presidentes del Gobierno; ejerce como poder legislativo -’hace o establece leyes’-... No obstante, según noticias.juridicas.com, “El Supremo paraliza el voto para nacionalizados por la ‘ley de nietos’ ya aprobada por el Congreso”.)

 

Pues sí, estimado lector. Todos los partidos políticos españoles (nacionales, autonómicos, locales) sabían y saben de ese gran foco volcánico a punto de reventar que es la problemática habitacional. Sin embargo, pocos días atrás Sumemos planteó en el Congreso la tramitación de una ley: sugería un articulado con temas de vivienda, alquileres… Pero fue rechazado por el Partido Popular, Vox y Junts. Y se abstuvieron PSOE y PNV.

 

Pocos después, aceleradamente, el Consejo de Ministros (martes 29) aprueba “un paquete de medidas”. ¿Fortuitas prevísperas o descargas eléctricas ante las coacciones callejeras y compromisos periodísticos? Aunque muy muy tardía, su reacción ya era algo frente a la nada. (Por cierto. El mismo martes titula ABC: “El PP se opone a los decretos de Sánchez en Vivienda”… aunque nadie, ni el señor Feijóo, los había leído.)

 

En fin: a pesar del NO, la reacción renace, es el comienzo. Pero no crean el Gobierno -y los gobiernos- lo contrario: la juventud, directa y masivamente afectada, empieza a descubrir el mundo real. ¿Le servirá hacer suyo el proverbio del refranero canario “Si quieres lapas negras, mójate el culo”?

 

Nicolás Guerra Aguiar

Miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua

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