El farmacéutico es la solución

María Loreto Gómez Guedes

[Img #9154]La farmacia en general, pero la comunitaria en particular, está llamada a desempeñar un papel cada vez más importante en uno de los grandes retos de nuestro sistema sanitario: pasar de una atención centrada fundamentalmente en tratar la enfermedad a otra en la que la prevención, la detección precoz y el cuidado de la salud ocupen un lugar prioritario. 

 

Esto es un hecho, como un hecho también es que cada comunidad autónoma (en España) y cada país (a nivel mundial) está adoptando medidas y aplicando criterios destinados a lograrlo a diferentes velocidades. 

 

Hay quien quiere ver esto como una sustitución de profesionales, de la asunción de competencias que corresponden a otros ámbitos asistenciales. Nada más lejos. Hablamos de aprovechar mejor los recursos que ya tenemos, y pocos son tan accesibles y cercanos a la ciudadanía como las oficinas de farmacia. 

 

Cada día, miles de personas entran en una farmacia sin necesidad de cita previa: personas sanas, pacientes crónicos, mayores, jóvenes, familias… 

 

Esta diversidad de población convierte a la farmacia en un punto privilegiado para promover hábitos saludables, prevenir enfermedades, detectar factores de riesgo y facilitar, cuando sea necesario, la derivación al profesional o servicio correspondiente. 

 

La farmacia puede y debe hacer más por la salud antes de que aparezca la enfermedad y, por supuesto, una vez esté diagnosticada. Solo el seguimiento de la medicación, comprobar la adherencia al tratamiento, es un factor determinante que se puede realizar desde la farmacia. 

 

Otros países llevan años avanzando en esta dirección. En Reino Unido, las farmacias comunitarias participan en programas de vacunación y en servicios asistenciales para determinados problemas de salud, mientras que el modelo Pharmacy First permite abordar determinadas patologías frecuentes mediante protocolos establecidos dentro del sistema sanitario. En 2026, además, el Sistema Nacional de Salud británico (NHS) ha continuado reforzando la integración de las farmacias en sus programas. 

 

Australia también ha desarrollado experiencias de cribado desde la farmacia comunitaria dirigidas a identificar personas con factores de riesgo cardiovascular o con posibles enfermedades crónicas no diagnosticadas. El objetivo de estos programas no es convertir al farmacéutico en médico, sino aprovechar su proximidad para detectar riesgos y facilitar la derivación y el acceso al diagnóstico y tratamiento. 

 

No son experiencias aisladas. La Federación Internacional Farmacéutica recoge en 2026 modelos de vacunación desde las farmacias implantados en países como Australia, Canadá, Francia, Irlanda, Italia, Portugal y Reino Unido. La tendencia internacional apunta hacia una farmacia cada vez más integrada en la prevención y en la atención primaria. 

 

En España también es posible. 

 

La farmacia comunitaria ha demostrado durante las últimas décadas que puede asumir nuevas responsabilidades cuando existe un marco definido, formación adecuada, protocolos y coordinación con el sistema sanitario. 

 

Ahora tenemos una oportunidad especialmente importante. El propio Ministerio de Sanidad está trabajando en un nuevo consenso sobre atención farmacéutica comunitaria para actualizar el marco existente y recoger la evolución de la profesión y las experiencias que ya se están desarrollando en las farmacias. 

 

Es una oportunidad que no deberíamos desaprovechar. 

 

Podemos avanzar, por ejemplo, en programas de detección de hipertensión, valoración del riesgo cardiovascular, prevención y detección precoz de diabetes, cesación tabáquica, salud respiratoria, adherencia a los tratamientos o prevención de problemas relacionados con los medicamentos. 

 

Las farmacias catalanas podrán, en breve, elaborar fórmulas magistrales para afrontar el desabastecimiento de los medicamentos hormonales femeninos. ¿Por qué las mujeres canarias no tienen esta posibilidad? 

 

La farmacia puede contribuir a identificar personas que tienen pendiente una vacuna, informar sobre su importancia, resolver dudas y, allí donde la normativa y la organización sanitaria lo permitan, participar directamente en su administración. 

 

Gastamos dinero y esfuerzos en campañas de prevención, pero somos incapaces de facilitar la prevención, de sacarla de los eslóganes para hacerla realidad factible. 

 

Insisto: hacer prevención desde la farmacia no significa diagnosticar enfermedades sin más. 

 

Un cribado sanitario eficaz exige mucho más que realizar una prueba. El propio Ministerio de Sanidad señala que los programas de cribado deben formar parte de un proceso integral que incluya detección, confirmación diagnóstica, derivación y tratamiento cuando corresponda. 

 

Si funciona en otros países y otras comunidades, ¿por qué no puede ser también ese nuestro modelo? 

 

Un farmacéutico puede detectar una presión arterial elevada, identificar factores de riesgo de una enfermedad o advertir señales que aconsejen una valoración médica. Pero el valor de esa intervención aumenta cuando existe un circuito asistencial definido que permita que esa persona llegue al profesional adecuado. 

 

La farmacia debe ser una puerta de entrada a la prevención y un punto de conexión con el sistema sanitario, no una estructura aislada condenada a ver y a no actuar. 

 

Necesitamos protocolos comunes, formación específica, sistemas de información interoperables, evaluación de resultados y una adecuada coordinación entre farmacia comunitaria, atención primaria, salud pública y el resto de niveles asistenciales. 

 

Y, claro está, también reconocer y financiar los servicios profesionales que se incorporen a este modelo. 

 

Como no es un debate nuevo son muchas las veces que nos encontramos con quienes ven el esfuerzo y coste que puede suponer, pero incapaces de vislumbrar el ahorro en tratamientos, en desplazamientos, en descongestión del sistema, en la facilidad de llegar antes al diagnóstico... En definitiva, en el sostenimiento del sistema. 

 

El futuro de la farmacia no puede medirse por el número de medicamentos dispensados, su valor sanitario debe medirse por las enfermedades que ayuda a prevenir, por los factores de riesgo que contribuye a detectar, por las vacunas que facilita, por los problemas relacionados con los medicamentos que evita y por la calidad de vida que ayuda a mantener. 

 

La farmacia ya acompaña al paciente durante todo el proceso de su enfermedad. El siguiente paso es acompañarlo también antes de que enferme o evitar el desarrollo de la enfermedad cuando es posible. 

 

En una sociedad cada vez más envejecida y con una creciente prevalencia de enfermedades crónicas, necesitamos utilizar todos los recursos disponibles para hacer sostenible nuestro sistema sanitario. 

 

La farmacia aporta una red cercana, profesionales cualificados y una relación de confianza construida durante generaciones. 

 

Ahora necesitamos, como sociedad, que esa capacidad tenga un reconocimiento pleno dentro de las estrategias de salud pública y atención primaria. 

 

El debate ya no debería ser si la farmacia puede participar más en la prevención, debería estar centrado en cómo organizarlo, con qué garantías y a qué velocidad queremos hacerlo. 

 

Loreto Gómez, presidenta del COFLP

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