La farsa del relato turístico de Morales

Pedro Hernandez Camacho - Julio Cuenca Sanabria

La sostenibilidad no es un adjetivo que se coloca delante de la palabra turismo. Es un límite político, territorial, ambiental y social que debe poder comprobarse. Gran Canaria necesita honestidad en los análisis. 

 

[Img #24254]Antonio Morales, vuelve a situar el turismo en el territorio de los grandes ESLOGANES. Es su modelo de propaganda: sostenibilidad, identidad, bienestar de la ciudadanía, etc, etc.

 

Después de décadas hablando de lo mismo,  qué sentido tiene seguir repetiendo las mismas cantinelas. Porque sobre este grave asunto, los temas que nos inquietan son otros, las preguntas que nos planteamos, son al mismo tiempo también otras.

 

¿Que turismo cabe realmente en Gran Canaria?

[Img #24253]¿Qué territorio se necesita, qué recursos consume, qué residuos genera, qué infraestructuras exige, quién obtiene sus beneficios y quién soporta sus costes?

 

Ese es el debate que Morales oculta. El turismo no es solamente una actividad económica. Es un metabolismo territorial. Necesita suelo, agua, energía, carreteras, aeropuertos, puertos, redes de saneamiento, depuración, tratamiento de residuos, vivienda y espacio público.

 

Un turista es un ciudadano en movimiento. Por eso no se puede hablar de turismo sin hablar de carreteras, aeropuertos, puertos, transporte. Aena ha planteado para el Aeropuerto de Gran Canaria una inversión de 336,3 millones de euros para el periodo 2027-2031, con actuaciones en terminal, plataforma, pista, pasarelas y aparcamientos. 

 

¿Qué modelo turístico y territorial lo justifican y qué demanda futura están ayudando a consolidar esas nuevas infraestructuras? 

 

Ese es el verdadero debate.

 

El territorio no es el único límite. Durante años hemos discutido sobre suelo turístico, urbanizaciones, hoteles, paisaje o espacios naturales. Pero el problema actual es más profundo. Es obligatorio y hay que hablar del metabolismo completo del turismo. 

 

¿De dónde procede el agua, la energía? ¿Dónde terminan sus residuos? ¿Qué capacidad tiene la red de saneamiento? ¿Qué ocurre cuando las infraestructuras no tienen capacidad suficiente? ¿Qué superficie de carreteras y aparcamientos necesita una población flotante que llega y se desplaza continuamente? ¿Qué coste territorial tiene cada nueva plaza alojativa? 

 

El dato hídrico permite comprenderlo perfectamente. Los estudios recientes señalan que el consumo turístico puede multiplicar varias veces el consumo de un residente, dependiendo del tipo de alojamiento y de los servicios asociados.

 

En Canarias se han documentado consumos de alrededor de 350 litros diarios por visitante frente a unos 142 litros por residente, mientras que en establecimientos de lujo la cifra puede alcanzar unos 577 litros diarios. 

 

Hablar de sostenibilidad sin hablar de la intensidad material y energética es hablar para ocultar una parte del problema.

 

El agua acaba convirtiéndose en aguas residuales. Cada litro de agua utilizado termina formando parte de un ciclo que hay que gestionar. La capacidad de las redes, estaciones depuradoras o sistemas de evacuación son insuficiente, no es una cuestión abstracta de sostenibilidad para convertirse en un problema ambiental y de salud pública.

 

Los episodios recientes de contaminación marina en Gran Canaria lo han demostrado de manera dramática.

 

En noviembre de 2025 el Gobierno de Canarias llegó a activar el PLATECA por contaminación marina con afección inicial a varios municipios del litoral de Gran Canaria y posteriormente concentró la alerta en Telde.

 

El problema no es únicamente Telde. El censo canario actualizado en 2025 registra 403 puntos de vertido directos desde tierra al mar en Canarias, de los cuales el 29 % se localiza en Gran Canaria. Más de la mitad del conjunto carecía de autorización. ¿Puede hablarse de turismo sostenible mientras no sepamos garantizar que el metabolismo urbano y turístico puede ser gestionado sin trasladar sus residuos al litoral?

 

[Img #43967]

 

La vivienda también forma parte del metabolismo turístico.  Hay otra realidad que tampoco puede quedar fuera de los análisis. 

 

Las Palmas de Gran Canaria ha solicitado su declaración como zona de mercado residencial tensionado. El  Ayuntamiento señala que el 77 % de la población de la capital vive en distritos donde existe sobre esfuerzo para acceder a la vivienda y que el precio del alquiler había aumentado un 29,4 % desde 2019.

 

Mientras tanto, las viviendas vacacionales continúan formando parte de una oferta extraordinariamente importante. En agosto de 2026 había en Canarias 40.837 viviendas vacacionales disponibles, con 161 170 plazas. Gran Canaria concentra el 21 % de esas viviendas. No es razonable analizar la emergencia habitacional sin estudiar  el uso residencial y el uso turístico de la vivienda. 

 

Una palabra que durante demasiado tiempo se ha evitado: Gentrificación. Cuando determinados barrios comienzan a transformarse para atender prioritariamente a visitantes y rentas asociadas al turismo, el problema deja de ser turístico y se convierte en una cuestión de derecho a la ciudad. ¿Qué ciudad queremos conservar para quienes viven en ella ?

 

¿Y las 129.000 nuevas plazas del PIOT de GranCanaria? El nuevo Plan Insular de Ordenación aprobado en 2022  con más de 129.000 turísticas. 

 

¿Cuál es la capacidad turística que realmente permite hoy el planeamiento insular? ¿Cuántas plazas están materializadas? ¿Cuántas tienen derechos urbanísticos consolidados? ¿Cuántas podrían desarrollarse? ¿Dónde? ¿Con qué consumo de agua, energía, suelo, movilidad y servicios públicos? 

Eso es planificación.

 

No basta con afirmar que queremos un turismo sostenible. Hay que poner encima de la mesa el balance material del modelo.

 

El debate que falta es el del decrecimiento.

 

Decrecimiento no significa necesariamente cerrar hoteles ni abandonar el turismo. Significa aceptar que más no siempre significa mejor. En realidad es si la isla puede seguir aumentando visitantes, camas, carreteras, vuelos, consumo de agua, energía, residuos y superficie urbanizada indefinidamente.

 

Significa pasar de medir únicamente turistas, pernoctaciones, facturación o empleo, a medir también: consumo de agua por visitante, consumo energético, generación de residuos, producción de aguas residuales, ocupación de suelo, movilidad inducida, presión sobre la vivienda, emisiones, saturación de espacios naturales, coste de las infraestructuras, distribución territorial de los beneficios, condiciones laborales y calidad de vida de la población residente.

 

Ese es el cuadro de mando de la sostenibilidad. 

 

[Img #43968]

 

¿Quién decide? 

 

Una última cuestión importante. ¿Quién decide el modelo turístico? Desde luego no puede seguir siendo el resultado de la interacción entre promotores, propietarios de suelo, grandes operadores, administraciones.

 

La ciudadanía no puede aparecer solamente cuando el proyecto ya está decidido. Los trabajadores y trabajadoras del turismo tienen que participar. Los vecinos y vecinas de los barrios afectados tienen que participar. Los municipios tienen que participar. Las organizaciones sociales, sindicales, ambientales y académicas tienen que participar. 

 

La participación no puede consistir en informar sobre decisiones previamente adoptadas por el dúo  política y dinero. Debe existir codecisión, evaluación y rendición de cuentas.

 

La sostenibilidad no es un adjetivo que se coloca delante de la palabra turismo. Es un límite político, territorial, ambiental y social que debe poder comprobarse. Gran Canaria necesita honestidad en los análisis. 

 

¿Está mejorando realmente la vida de quienes viven en los territorios más turistizados?

 

¿Puede la ciudadanía  pagar su vivienda? ¿Pueden utilizar sus playas y espacios públicos? ¿Tienen agua suficiente? ¿Respiran un territorio menos congestionado? ¿Disponen de servicios públicos adecuados? ¿Participan en las decisiones? ¿Se distribuyen justamente los beneficios? ¿Se está diversificando la economía para reducir la dependencia turística? ¿Se está reduciendo la presión sobre el territorio?

 

Si no respondemos a estas preguntas, seguiremos utilizando palabras del siglo XXI, embadurnadas con "sostenibilidad y ecoisla” para describir un modelo nacido en buena medida en el siglo XX. 

 

No se necesita otro eslogan sobre turismo sostenible. Necesitamos conocer su metabolismo turístico. 

 

Necesitamos abordar, sin miedo y sin tabúes, el debate sobre los límites y el decrecimiento allí donde el crecimiento turístico ya deteriora la vivienda, el territorio, los recursos naturales o la calidad de vida.

 

En algún lugar de las tierras altas de Gran Canaria. Patrimonio de La Humanidad

 

Pedro Hernandez Camacho.

Julio Cuenca Sanabria

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